

Tomada en soledad, la última fotografía del humor social en la Argentina es la más adversa desde que arrancó a tomarse el pulso mensual a la opinión pública: la sociedad percibe, mes a mes, que las cosas están cada vez peor.
Pero ninguna encuesta se lee bien como una imagen suelta: hace falta ver la película completa —la serie de los últimos doce meses y la perspectiva futura— para entender hacia dónde se mueve esa fotografía.
Y ahí aparece un dato que conviene no pasar por alto: mientras el humor social empeora, la aprobación del Gobierno dejó de caer, la desaprobación empezó a ceder y hasta la disposición a tolerar el ajuste volvió a crecer.
Esa tensión entre la postal del momento y la tendencia de fondo atraviesa el último relevamiento QMonitor de la consultora QSocial Big Data, un sondeo que se realizó en forma online entre el 7 y el 26 de agosto sobre 1645 casos efectivos, entre personas mayores de 18 años en condiciones de votar.
Dentro de ese universo de preguntas, QSocial agrupa un capítulo completo de indicadores de clima social, que mide cómo evalúan los argentinos la marcha del país en el presente, en la comparación con el inicio de la gestión libertaria y en la proyección hacia el futuro.
El primero de esos indicadores pregunta directamente cómo se evalúa la situación actual del país, con las opciones Bien, Regular o Mal.
La serie arranca en agosto de 2025, cuando el 38% calificaba la situación como mala. Un año después, en agosto de 2026, ese porcentaje trepó al 55%: seis puntos más que en julio y el registro más alto desde que arrancó la medición.
En el otro extremo, apenas el 13% definió la situación del país como buena, también un piso histórico para la serie.
El deterioro se repite, con una curva casi calcada, en la pregunta que compara el presente con el inicio del gobierno. El 59% de los consultados en agosto considera que el país está peor que cuando asumió Milei, otro máximo de la serie, mientras que apenas el 31% cree que mejoró. Doce meses atrás esa brecha era bastante más angosta: 46% y 42%, respectivamente.
La mirada hacia adelante es la que empieza a insinuar la película por detrás de la foto: el 45% del universo consultado espera que el país esté peor dentro de un año, contra un 28% que confía en una mejora. Ese último número —el de quienes esperan que las cosas mejoren— es el que se despega levemente de la tendencia negativa: venía de 24% en julio, la lectura más baja de toda la serie.
El diagnóstico de QSocial no aparece aislado. Otros tres relevamientos difundidos en las últimas semanas —de Reale Dalla Torre (RDT), el Equipo MIDE e Isasi/Burdman— coincidieron en describir un humor social tensionado más por la falta de plata que por la suba de precios: la frase “no alcanza el dinero” lidera desde hace seis meses el ranking de preocupaciones de RDT, mientras que en MIDE y en Isasi/Burdman los bajos salarios y la desocupación superan ampliamente a la inflación entre los problemas mencionados.
Ese cuadro amplía, desde otro ángulo, el mismo malestar que QMonitor capta en su capítulo de clima social.
El contraste aparece, precisamente, cuando el eje pasa de lo nacional a lo personal.
Pese al panorama adverso a nivel país, el propio informe de QSocial identifica algunas señales ambivalentes en la esfera individual.
La evaluación negativa de la economía personal, por ejemplo, bajó de 45% a 38% entre julio y agosto, mientras que la positiva mejoró de 11% a 14%. En la misma dirección, el porcentaje de encuestados que conoce a algún familiar cercano —padre, hijo o hermano— que perdió el trabajo en los últimos tres meses cayó de 70% en junio a 61% en agosto.
Para el director de Opinión Pública de QSocial, Lucas Klobovs, esa disparidad no resulta contradictoria: la atribuye a la propia heterogeneidad de la economía argentina, en la que “el crecimiento se concentra en pocos sectores” y convive el auge del consumo online con la caída del consumo tradicional, algo que la encuesta terminaría reflejando en esa mezcla de mejoras puntuales en el plano personal junto con datos negativos a nivel agregado.
Esa película más favorable para el Gobierno tiene números concretos.
En agosto, el QSocial indica que la aprobación de Milei se ubicó en 35% (un punto más que 30 días atrás) y la desaprobación cedió 5 puntos en dos meses hasta 59%; la tolerancia social al ajuste —la disposición a aceptar sacrificios presentes a cambio de un beneficio futuro— pasó de 31% en junio a 35% en agosto.
El mismo movimiento se refleja en el plano electoral: de acuerdo al trabajo de QSocial la preferencia por la reelección de Milei subió de 30% a 34% en el último mes, su imagen positiva recuperó tres puntos hasta 30% —a la par de Patricia Bullrich—, y el rechazo a un eventual regreso del peronismo, aunque sigue siendo mayoritario, bajó de 46% a 38%.
Son, otra vez, brotes verdes que crecen sobre una fotografía social todavía mayoritariamente adversa: como surge de un relevamiento reciente de QSocial sobre el electorado que respaldó a Milei en 2023, buena parte de quienes empiezan a mostrar señales de acercamiento al Gobierno lo hacen sin dejar de creer que el ajuste no valió la pena.













