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Después de haber alcanzado máximos históricos a comienzos de año, el oro atravesó una fuerte corrección y volvió a ubicarse en el radar de los inversores. La caída del precio llevó a muchos a evaluar si se abrió una oportunidad de compra o si todavía conviene esperar antes de sumar el metal a la cartera.
El metal llegó a los u$s 5.597 el 29 de enero y actualmente cotiza cerca de los u$s 4.350, una caída superior al 20% en seis meses. A pesar de la baja, todavía acumula una suba de alrededor del 28% frente a su cotización de hace un año.
En este contexto, el oro puede volver a resultar atractivo para quienes buscan diversificar sus carteras, aunque no necesariamente para todos los perfiles. En diálogo con El Cronista, el asesor financiero Nahuel Bernués explicó cuáles son sus principales ventajas y riesgos, qué perfiles podrían incorporarlo y qué porcentaje de una cartera podría destinarse al metal.
Quiénes podrían invertir en oro
A diferencia de otros activos, el oro no está pensado principalmente para generar una renta periódica. Su función dentro de una cartera es aportar diversificación y reducir la dependencia de otros instrumentos.
Bernués considera que tiene sentido para inversores que ya resolvieron cuestiones financieras básicas, como contar con un fondo de emergencia y una estructura de cartera diversificada, y que buscan incorporar un activo cuyo comportamiento sea diferente al del resto.

Por eso, el especialista plantea que el horizonte de inversión también es importante. Para aprovechar su función dentro de una cartera, recomienda pensar en plazos de tres años o más, ya que el precio puede registrar movimientos importantes en períodos cortos.
“En el caso argentino hay un argumento extra: una cartera local ya carga mucho riesgo idiosincrático, y el oro no correlaciona con nada de lo que pasa acá”, señaló.
Por otro lado, el oro no es necesariamente adecuado para quienes necesitan que sus inversiones generen ingresos periódicos, ya que no paga cupón ni dividendo. “La única forma de monetizarlo es vendiéndolo”, explicó Bernués.
Tampoco resulta ideal para quienes tienen un horizonte de inversión corto o para quien confunde “activo refugio” con “activo estable”.
Cuánto oro conviene tener en una cartera
Para un inversor de perfil moderado, Bernués considera razonable destinar entre 5% y 10% de la cartera al oro. El objetivo es que tenga un peso suficiente para que una eventual suba del metal tenga un efecto visible sobre el resultado total, pero sin transformar la inversión en una apuesta concentrada.
“Por debajo de 3% no mueve la aguja: si el oro sube 20% y tenés 2%, el impacto en la cartera es 0,4%, no cambia nada”, explicó.

En el otro extremo, superar el 15% de la cartera implica dejar de utilizar el oro como herramienta de diversificación para asumir una apuesta mucho más fuerte sobre la evolución del metal. “Por encima de 15% ya dejaste de diversificar y pasaste a hacer una apuesta direccional al metal, que es otra decisión”, señaló.
Sin embargo, el especialista aclara que el porcentaje adecuado depende de la composición de cada cartera y del perfil del inversor. En primer lugar, es importante tener en cuenta cuánto del patrimonio ya está dolarizado y colocado en activos defensivos. No cumple la misma función sumar oro a una cartera concentrada en acciones que incorporarlo a una que ya tiene bonos soberanos en dólares u obligaciones negociables.
También influye el horizonte de inversión: cuanto más largo sea, mayor puede ser la tolerancia a la volatilidad que caracteriza al metal. Por último, hay un factor personal que el inversor debería considerar: cuánto le incomoda mantener una parte de su dinero en un activo que no genera intereses ni dividendos mientras espera una suba de su precio.
Las ventajas y desventajas de invertir en oro
La principal ventaja del oro, según Bernués, es su baja correlación con otros activos. “El oro no tiene riesgo de crédito ni contraparte: no depende de que una empresa gane plata ni de que un Estado pague”, sostuvo.
A esto se suma el comportamiento de los bancos centrales. Según el especialista, desde 2022 compran en promedio unas 1.000 toneladas de oro por año y durante el primer trimestre de 2026 sumaron 244 toneladas netas, de acuerdo con datos del World Gold Council.
Esta demanda oficial le aporta un sostén estructural al precio, ya que responde a decisiones de reservas y no necesariamente a movimientos de corto plazo del mercado.

Sin embargo, el oro también tiene una desventaja importante: no genera renta y suele perder atractivo cuando las tasas reales son elevadas. Cuando las tasas reales son altas, aumenta el costo de oportunidad de mantener un activo que no paga intereses. Por el contrario, el oro suele verse favorecido cuando las tasas reales bajan.
“El oro brilla cuando esa tasa real baja: cuando la Fed recorta más rápido de lo que cede la inflación, o cuando la inflación sorprende y el banco central se queda atrás”, explicó Bernués.
El contexto actual, según su análisis, todavía no es el más favorable para el metal. Por eso, considera que la demanda de los bancos centrales es uno de los principales factores que sostiene su precio.
¿Conviene comprar oro ahora o esperar?
“Me inclino a decir que hoy es un punto de entrada mucho más razonable que hace seis meses, con una aclaración importante: entrando de a poco, no de una”, sostuvo Bernués.
La diferencia está en el precio al que se ingresa. Comprar oro en enero, cuando cotizaba cerca de u$s 5.600 y las proyecciones apuntaban a los u$s 6.000, implicaba entrar después de una fuerte suba y en un contexto de euforia. “Comprar hoy, después de que se limpió buena parte de esa posición especulativa, es otra cosa”, explicó.
De todos modos, el inversor que decida entrar debería seguir tres variables: la política de tasas de la Reserva Federal de Estados Unidos, la evolución de las tasas reales y del dólar y la demanda oficial de bancos centrales.
Cómo invertir en oro desde Argentina
Los inversores argentinos cuentan con distintas alternativas para tener exposición al oro, aunque no todas replican de la misma manera el comportamiento del metal.
Una de las opciones más directas desde el mercado local es el Cedear del ETF GLD, que cotiza en BYMA tanto en pesos como en dólares. Según Bernués, el instrumento tiene un ratio de conversión de 50 a 1, es decir, 50 CEDEARs equivalen a una unidad del ETF.
Para quienes tienen una cuenta en el exterior, también existe la posibilidad de invertir directamente en ETFs como GLD o IAU.

Otra alternativa es comprar oro físico. En este caso, el inversor obtiene la tenencia directa del metal, aunque debe contemplar costos adicionales como la custodia, la diferencia entre el precio de compra y venta y una menor liquidez.
Por último, están los Cedears de empresas mineras, como el ETF GDX o compañías como Barrick y Harmony Gold. Sin embargo, Bernués advierte que estos instrumentos no son equivalentes a comprar oro.
Las mineras son acciones de empresas y, por lo tanto, están expuestas a factores adicionales como la gestión, los costos de producción y el riesgo de los países donde operan. “Para quien busca la función de cobertura del oro, es el vehículo menos adecuado. Para quien busca exposición agresiva al ciclo del metal, puede tener sentido, pero es otra decisión y otro perfil”, concluyó.
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