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En su informe Investment Directions – Autumn 2026, BlackRock plantea que la exposición vinculada con la inteligencia artificial ocupa una proporción cada vez mayor de los portafolios y advierte que el desafío ya no consiste simplemente en decidir si invertir o no en tecnología.

Sostiene que la clave pasa por determinar cuánto riesgo relacionado con la IA existe realmente dentro de una cartera y encontrar oportunidades que “permitan participar del fenómeno sin depender exclusivamente de las compañías que lideraron el rally tecnológico”.

La estrategia que propone BlackRock se divide en tres áreas: invertir “en la IA, alrededor de la IA y más allá de la IA”. Es decir, mantener exposición directa a los beneficiarios del desarrollo tecnológico, buscar los negocios necesarios para sostener esa expansión y, al mismo tiempo, incorporar activos cuyos retornos dependan de otros motores.

El riesgo que BlackRock encuentra en las carteras

El primer problema es la concentración. La fuerte suba de las empresas relacionadas con inteligencia artificial hizo que su peso creciera automáticamente dentro de distintos índices.

De esta manera, un inversor puede haber aumentado considerablemente su exposición al fenómeno sin haber tomado explícitamente esa decisión.

BlackRock señala que, desde 2023, el peso de las compañías vinculadas con IA y tecnología aumentó significativamente en los principales índices estadounidenses y más que se duplicó en los índices de acciones emergentes.

El fenómeno incluso se extiende fuera de la renta variable: aproximadamente 14% del crédito corporativo europeo con grado de inversión corresponde a emisores estadounidenses y cerca de la mitad de esa exposición está concentrada en nombres relacionados con IA.

Por eso, la administradora sostiene que la exposición debe analizarse a nivel de toda la cartera y no solamente mirando cuánto dinero está colocado explícitamente en fondos tecnológicos.

Eso no significa que BlackRock haya abandonado su visión favorable sobre el sector. Por el contrario, mantiene convicción en el núcleo de la temática de IA y considera que la corrección registrada durante el verano boreal no respondió a un deterioro de los fundamentos.

Un dato ilustra la magnitud del crecimiento: las compañías de semiconductores que integran el S&P 500 tenían previsto registrar un aumento interanual de ganancias de 151% durante el segundo trimestre, frente al 126% que esperaba el mercado a mediados de junio. Al mismo tiempo, los productos cotizados vinculados con tecnología habían recibido u$s 163.800 millones a nivel global en lo que iba del año.

El desafío, entonces, no sería necesariamente reducir la exposición a la IA, sino evitar que una misma apuesta termine dominando distintas partes de la cartera.

La gran oportunidad está “alrededor” de la inteligencia artificial

Una de las principales conclusiones del informe es que buena parte de las oportunidades generadas por la IA podrían aparecer fuera de las empresas tecnológicas tradicionales.

Los centros de datos requieren enormes cantidades de electricidad, redes de transmisión, equipamiento, materias primas e infraestructura. BlackRock considera que ese proceso puede beneficiar especialmente a infraestructura, energía y commodities.

La tendencia ya comienza a aparecer en los flujos de inversión. Según el informe, el primer y segundo trimestre registraron los mayores ingresos históricos hacia productos cotizados vinculados con infraestructura.

Europa ocupa un lugar destacado en esta tesis. La región necesita invertir simultáneamente para modernizar su infraestructura, electrificar la economía, mejorar su competitividad y reforzar la seguridad energética.

BlackRock estima que el consumo eléctrico europeo podría aumentar alrededor de 60% entre 2023 y 2030, mientras que las redes necesitarían aproximadamente €584.000 millones de inversión. Para la gestora, ese gasto crea oportunidades entre las compañías industriales y de infraestructura que participan de la expansión y modernización del sistema eléctrico.

Energía: el cuello de botella del boom de la IA

La electricidad aparece como uno de los puntos centrales de la recomendación de BlackRock. Construir centros de datos no es suficiente: es necesario garantizar energía suficiente y estable para operarlos.

La administradora considera que la creciente demanda de los centros de datos intensivos en energía contribuye a una necesidad estructuralmente mayor de generación eléctrica. Esa perspectiva ya produjo cambios en el posicionamiento de las carteras analizadas por la firma y coincidió con un fuerte incremento de los flujos hacia activos energéticos.

Dentro de ese escenario aparece también la energía nuclear. BlackRock destaca su capacidad para proporcionar generación de base confiable y con bajas emisiones de carbono, en momentos en que aumenta la necesidad de contar con electricidad disponible de manera constante.

La gestora señala además el crecimiento de ganancias y de las carteras de pedidos dentro del sector, junto con un mayor respaldo político y una expansión de los proyectos en desarrollo. Por eso, el negocio nuclear y el uranio aparecen entre las exposiciones que BlackRock considera vinculadas indirectamente con la expansión de la IA.

Los commodities también entran en la ecuación

El desarrollo de infraestructura eléctrica y tecnológica también incrementa la importancia de determinadas materias primas. Pero BlackRock agrega otra razón para incorporarlas: su capacidad de diversificación.

Durante los últimos cinco años analizados por la firma, los commodities diversificados registraron correlaciones inferiores a 0,3 tanto con el oro como con las acciones globales. En particular, su correlación con la renta fija global fue de apenas 0,08.

La lectura de BlackRock es que los commodities pueden complementar al oro dentro de una cartera, aunque no necesariamente reemplazarlo. También pueden ofrecer exposición a tendencias relacionadas con la infraestructura de IA, la energía y las tensiones geopolíticas.

Más allá de la IA: salud, Japón e India

El tercer componente de la estrategia consiste precisamente en buscar oportunidades cuyos retornos no dependan exclusivamente de que continúe el boom tecnológico.

Uno de los sectores destacados es salud. En este caso, existe una doble característica: puede funcionar como diversificador frente a las tecnológicas y, al mismo tiempo, beneficiarse de la propia inteligencia artificial.

BlackRock considera que la IA puede mejorar la productividad de la investigación y desarrollo farmacéutico mediante aplicaciones en el descubrimiento y desarrollo de medicamentos. En Europa, además, 83% de las compañías de salud superaron las expectativas de ganancias durante el segundo trimestre. La administradora reconoce que la incertidumbre regulatoria estadounidense puede generar volatilidad en el corto plazo, especialmente entre las farmacéuticas, pero sostiene que no necesariamente altera las tendencias estructurales de innovación del sector.

Otra oportunidad aparece en Japón. BlackRock destaca las reformas corporativas destinadas a mejorar la eficiencia del capital y aumentar el retorno para los accionistas. El mercado japonés acumuló alrededor de 30% de retorno durante el último año analizado en el reporte y las ganancias empresariales fueron el principal motor de ese desempeño.

Además, las valuaciones de las grandes compañías japonesas se abarataron aproximadamente 7% en lo que iba de 2026. Para BlackRock, sectores como el financiero pueden beneficiarse de la normalización de las tasas, la reflación y una recuperación del consumo.

Cómo cambia una cartera con el boom de la inteligencia artificial

La conclusión de BlackRock no es abandonar las tecnológicas ni anticipar el final del rally de la inteligencia artificial. La gestora mantiene su convicción sobre la tendencia, pero considera que su magnitud obliga a cambiar la forma de construir las carteras.

La IA ya no impacta solamente sobre las empresas que desarrollan chips, modelos o software. Está impulsando inversiones en redes eléctricas, generación de energía, infraestructura, commodities y centros de datos, mientras modifica simultáneamente el peso de determinadas compañías dentro de los índices.

Por eso, el riesgo para los inversores es doble. Por un lado, quedar excesivamente concentrados en una temática sin advertirlo. Por otro, intentar diversificarse mediante activos que, frente a un shock, pueden terminar comportándose de manera mucho más parecida de lo esperado.

La estrategia que surge del informe consiste así en ampliar el mapa: conservar exposición a los ganadores directos de la inteligencia artificial, incorporar los sectores necesarios para construir y alimentar esa infraestructura y buscar oportunidades independientes en áreas como salud, Japón, India, commodities y renta fija selectiva.

El boom tecnológico, bajo esta mirada, no reduce el universo de inversión a unas pocas compañías. Lo está ampliando.