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Los Cedears se consolidaron en los últimos años como el instrumento de renta variable más utilizado por los inversores argentinos. La herramienta permite acceder, desde el mercado local, a acciones de algunas de las compañías más importantes del mundo y, al mismo tiempo, brindar cobertura frente a la evolución del dólar.

Su atractivo no se limita únicamente a la posibilidad de beneficiarse con la suba de las acciones. Muchas de las empresas que cotizan a través de Cedears también pagan dividendos, es decir, distribuyen una parte de sus ganancias entre los accionistas como recompensa por haber invertido en la compañía.

Para quienes recién comienzan a invertir, uno de los conceptos que suele generar dudas es qué ocurre cuando una empresa paga dividendos y, al mismo tiempo, el precio de la acción baja. A simple vista podría parecer que el inversor perdió dinero, pero en realidad el análisis es más complejo.

Por qué los dividendos son importantes para el inversor

Los dividendos representan una fuente adicional de retorno más allá de la evolución de la cotización de una acción. Permiten generar ingresos periódicos sin necesidad de vender parte de la inversión y, además, pueden reinvertirse para incrementar la posición y potenciar los rendimientos de largo plazo.

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“Los dividendos pueden ser una parte muy importante del retorno de largo plazo, especialmente en compañías maduras que generan caja de manera consistente”, explicó a El Cronista, Nicolás Parreira, asesor financiero y director financiero de Grupo Sigma.

Por este motivo, el especialista recomienda analizar siempre el retorno total de una inversión, contemplando tanto la evolución del precio de la acción como los dividendos cobrados desde el momento de la compra.

Por qué no perdés plata cuando cobrás un dividendo y la acción baja

Uno de los errores más comunes es interpretar que una caída en el precio de la acción el día del pago del dividendo implica una pérdida automática para el accionista.

Esto ocurre porque el dinero distribuido sale del patrimonio de la empresa y pasa directamente al bolsillo de los inversores. Como consecuencia, el valor de la compañía se reduce en una magnitud similar al dividendo pagado y el precio de la acción ajusta a la baja.

Parreira lo ejemplificó de la siguiente maneraa: “Supongamos que compramos una acción a u$s 100, después de buenos resultados sube a u$s 105 y posteriormente distribuye u$s 5 por acción. Al pasar a cotizar ex-dividendo, teóricamente podría ajustar hacia u$s 100, pero el inversor recibió esos u$s 5 en efectivo. Su retorno total sigue siendo aproximadamente 5%, antes de impuestos y costos”.

Por eso, una caída de la cotización en la fecha ex-dividendo no debe interpretarse de la misma manera que una baja provocada por malos resultados, cambios en las perspectivas de la compañía o un shock del mercado.

En este sentido, remarcó que el ajuste no implica que el dividendo sea dinero extra. “Cuando una empresa paga un dividendo, el precio de la acción normalmente ajusta por ese importe en la fecha ex-dividendo. Por eso tampoco corresponde interpretar el dividendo como dinero que aparece de manera gratuita por encima del valor de la compañía”, explicó.

Un dividendo alto no siempre significa una buena inversión

Aunque los dividendos son un aspecto relevante al seleccionar acciones, Parreira advierte que no conviene centrarse únicamente en el rendimiento por dividendos o dividend yield.

Muchas veces el yield sube precisamente porque el precio de la acción cayó”, explicó el director financiero de Grupo Sigma.

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Por eso, considera más importante evaluar si la compañía tendrá capacidad para sostener esos pagos en el tiempo. “Lo importante es analizar si ese dividendo es sostenible: beneficios, flujo de caja libre, payout, deuda y evolución histórica de los pagos”, detalló.

Además, señaló que él realiza un análisis cuantitativo de los antecedentes de distribución de dividendos para medir su estabilidad y proyectar futuros escenarios de pago.

La idea es separar dos cosas: qué está haciendo hoy el precio y qué capacidad tiene la empresa de seguir generando renta para el accionista. Las dos importan, pero no necesariamente se mueven juntas en el corto plazo”, concluyó.