El Gobierno de Venezuela no mencionó la liberación del expresidente encarcelado Nicolás Maduro durante las casi dos semanas de negociaciones con la oposición que tuvieron lugar este mes, en la señal más clara hasta ahora de que el régimen lo abandonó al sistema judicial de EE.UU.
La presidenta interina Delcy Rodríguez calificó en enero la captura y exfiltración por parte de EE.UU. de Maduro y su esposa Cilia Flores como un caso de “agresión vil”. Su hermano, titular del Parlamento venezolano, dijo que “no descansarán” hasta que sea liberado de una celda de una cárcel de Brooklyn, donde enfrenta cargos por narcotráfico.
Pero el Gobierno de Rodríguez, respaldado por EE.UU., sorprendió a la oposición al no plantear siquiera esos reclamos durante las cinco rondas de negociación que concluyeron la semana pasada, según contaron a FT varias personas presentes.
“Maduro y Flores directamente no existen en la mesa de negociación”, dijo una figura de la oposición. “Los borraron de la historia.”
El Gobierno de EE.UU. respalda a Rodríguez, vicepresidenta de Maduro, desde que sus comandos capturaron al líder autocrático en una audaz redada nocturna el 3 de enero. A cambio, ella abrió los vastos recursos naturales del país a inversores extranjeros y les dio a empresas estadounidenses acceso a sus reservas petroleras.
La primera ronda de negociaciones con la oposición buscaba acordar los pasos para una nueva elección presidencial, pero arrojó pocos resultados concretos.
Ambas partes se concentraron en cómo financiar la recuperación tras los devastadores terremotos de junio y exigieron la repatriación de unos u$s 4.000 millones en lingotes de oro guardados en las bóvedas del Banco de Inglaterra. También acordaron comenzar a trabajar en una reforma del sistema judicial.
Tras el cierre de las negociaciones, el Gobierno afirmó haber liberado a 131 presos políticos, aunque la organización de derechos humanos Foro Penal dijo que solo pudo verificar la liberación de al menos 78.
Pero ese destino no parecía estar previsto para Maduro, a quien la propia Rodríguez —revolucionaria socialista de toda la vida— alguna vez calificó como el “único” presidente de Venezuela, según analistas.
En lo que respecta al Gobierno, “su suerte ya está sellada”, dijo Edward Rodríguez, analista y consultor venezolano. “Van a dejar que la causa siga su curso mientras se concentran en su única prioridad: sobrevivir.”
Rodríguez fue en un principio contundente al exigir la liberación de Maduro apenas ocurrida su captura, mientras consolidaba el apoyo de los sectores duros dentro de las fuerzas de seguridad. Pero desde entonces reemplazó a los principales jefes militares por partidarios propios, mientras que el poderoso jefe de seguridad Diosdado Cabello también se acercó abruptamente a Washington.
En enero se colocaron carteles y afiches en ciudades de toda Venezuela pidiendo la liberación de la pareja; muchos ya fueron retirados. Los murales a favor de Maduro pintados antes de su arresto fueron borrados. En Caracas solo quedan unos pocos retratos de gran tamaño de la depuesta pareja presidencial.

Rodríguez, cuyos discursos públicos escuetos marcan una ruptura con las diatribas populistas y encendidas de Maduro, rara vez menciona a su antiguo jefe en sus apariciones públicas, incluido su discurso tras el cierre de las negociaciones la semana pasada.
Pero Maduro, heredero elegido a dedo del proyecto revolucionario socialista del fallecido presidente Hugo Chávez, sigue inspirando el apoyo de los chavistas más acérrimos, como se conoce a los seguidores del movimiento.
“No estoy de acuerdo con estas negociaciones, porque no se le puede permitir a Trump que nos siga imponiendo cosas mientras el acuerdo ni siquiera menciona al presidente que fue secuestrado”, dijo Ricardo García, un militante chavista de base que, como muchos leales al movimiento, cree que Maduro fue traicionado por miembros de su círculo íntimo y entregado a las fuerzas de EE.UU.
Las negociaciones también generaron controversia dentro de la oposición, entre otras cosas por haber dejado afuera a su dirigente más popular, la Premio Nobel María Corina Machado.
El Gobierno venezolano no respondió a un pedido de comentarios.

















