La economía argentina está desde hace varias décadas atrapada en ciclos de stop and go: épocas de expansión del consumo, crecimiento de la actividad y atraso cambiario son sucedidas por fases de ajuste para reordenar las cuentas públicas.

Las primeras se agotan cuando se terminan los dólares para financiar el crecimiento, lo que deriva en crisis cambiarias e inflacionarias; las segundas, cuando la sociedad pierde la tolerancia frente al sacrificio que significan los programas de estabilización.

Desde el regreso de la democracia, Carlos Menem, Mauricio Macri y Javier Milei encabezaron tres grandes promesas de estabilización de la economía argentina. En términos estrictamente políticos, el riojano tuvo éxito -obtuvo la reelección- mientras el ex líder de Cambiemos fracasó -cedió su lugar en la Casa Rosada habiendo perdido la reelección.

¿Qué camino seguirá Milei? ¿Terminará la experiencia libertaria como un ejemplo de estabilización exitosa o trunca? ¿La elección 2027 nos retrotraerá a 1995 o a 2019? Todavía estamos a mitad del río y la respuesta está abierta, pero podemos rastrear similitudes y diferencias con los casos precedentes.

Desde el regreso de la democracia, Carlos Menem, Mauricio Macri y Javier Milei encabezaron tres grandes promesas de estabilización de la economía argentina.
Desde el regreso de la democracia, Carlos Menem, Mauricio Macri y Javier Milei encabezaron tres grandes promesas de estabilización de la economía argentina.

Repasemos qué contexto atravesaba cada presidente al promediar su tercer año de gobierno. Tras una serie de planes fallidos, la Convertibilidad adoptada por Menem-Cavallo a principios de 1991 mostraba hacia fines de 1992 notables resultados en términos de estabilización económica.

Menem asumió en un contexto hiperinflacionario -en 1989 el índice anual casi llega al 5000%- , pero 1992 se cerró con una inflación del 17%. La dinámica descendiente continuaría en los siguientes años acompañada de un crecimiento significativo del PIB entre 1991 y 1994.

Para 1995, el programa económico ya mostraba problemas evidentes -el desempleo ese año llegaría al 18%. Sin embargo, la ciudadanía recompensó al oficialismo con la reelección por el hecho de haber terminado con la inflación y ante la fragmentación y falta de legitimidad de la oposición.

La rigidez de la fórmula monetaria de “1 peso 1 dólar”, que fue clave en la construcción de la popularidad de Menem en el primer mandato, terminaría condicionando su segundo gobierno, signado por la recesión y la desocupación. Pero esa es otra historia.

Más acá en el tiempo, Macri impulsó un programa de reformas de mercado amortiguado por el gradualismo fiscal. Cambiemos ganó la elección de medio término de 2017 de manera inapelable -cristalizada con la derrota de Cristina Kirchner en Buenos Aires-, lo que sugería el inicio de un nuevo proceso de hegemonía política.

Sin embargo, el clima de opinión pública se deterioró rápidamente, a partir de dos eventos clave. Por un lado, reforma previsional de diciembre de 2017, aprobada en el marco de severas protestas, incrementó la conflictividad política y social; por el otro, el cierre del mercado privado de deuda forzó el regreso del Gobierno al FMI, inaugurando un duro programa de ajuste fiscal -algo que no estaba presente en su plataforma original de campaña.

El tercer año de gobierno de Macri fue traumático. El oficialismo empezó el 2018 fortalecido por la victoria legislativa y lo terminó severamente deteriorado.

El oficialismo empezó el 2018 fortalecido por la victoria legislativa y lo terminó severamente deteriorado.
El oficialismo empezó el 2018 fortalecido por la victoria legislativa y lo terminó severamente deteriorado. Prensa PRO

El peronismo empezó ese año derrotado y dividido y lo concluyó, olfateando un posible regreso al poder, con incentivos para unificarse en la siguiente competencia electoral. El final es conocido: frente a una sociedad que no validó el súbito ajuste planteado por Cambiemos, Macri se convirtió en el primer presidente argentino en perder su reelección.

¿El experimento libertario tiene más semejanzas con el menemismo o con el macrismo? En materia anti-inflacionaria, Milei presenta mejores resultados que Macri, pero su éxito es algo más moderado comparado con el de Menem.

En materia de actividad, la economía libertaria “a dos velocidades” está lesionando el mercado de trabajo, tal como ocurrió con el menemismo y Cambiemos. La foto del desempleo no es especialmente mala (7,8%), pero la tendencia es preocupante: los sectores que crecen no son mano de obra intensivas; y los que decrecen -como industria, comercio y construcción- son los que más empleo suelen demandar. Esto sin entrar en la discusión entre la destrucción de empleos formales vs el crecimiento del cuentapropismo o directamente del empleo no registrado.

El balance del programa estabilizador de Milei es híbrido. La sociedad mostró, hasta acá, una gran tolerancia frente al ajuste planteado por el Gobierno. A fin de cuentas, el libertario ganó con la motosierra como gran símbolo de campaña y repitió casi los mismos argumentos en el triunfo de medio término el año pasado. Esa reducción del gasto se tradujo en una caída de la inflación. Pero hoy la ciudadanía empieza a mostrar señales de cansancio.

Alrededor del 60% evalúa negativamente el presente del país y la actuación del Gobierno nacional. La aprobación de Milei está en 38%, 3 puntos por encima del registro que ostentaba Macri en el mismo momento de su mandato.

El malestar social parece ser hoy mayoritario, pero la coalición oficial tiene un piso de votos nada desdeñable (de hecho, aún en un contexto más adverso, Juntos por el Cambio terminó sacando el 40% de los votos en 2019).

Alrededor del 60% evalúa negativamente el presente del país y la actuación del Gobierno nacional.
Alrededor del 60% evalúa negativamente el presente del país y la actuación del Gobierno nacional.

Falta un año para la elección presidencial, que en los tiempos de la política argentina es una eternidad. Todavía resta por saber cómo evolucionará la economía en los próximos meses y como ordenará su oferta electoral la oposición.

La elección se juega en la economía pero también en la política: Menem ganó en 1995 con el 18% de desempleo ante una oposición fragmentada y Macri perdió en 2017 con el 40% de los votos ante un peronismo unificado.

Tan importante como lo que haga el oficialismo en materia económica es lo que haga la oposición en clave política, donde no solo es relevante unificarse sino también que la promesa de crecimiento no traiga aparejada nuevamente la inflación.

En definitiva, ¿qué priorizará la sociedad 2027: el ordenamiento relativo de la economía y el rechazo a una “vuelta al pasado” o el castigo hacia un modelo que podría estar dejando más perdedores que ganadores? El modo en que se defina esta pregunta terminará por ubicar a Milei en el casillero de Menem o en el de Macri.