Uno de los aliados más cercanos de Donald Trump en la industria de los combustibles fósiles dijo que planea invertir en Venezuela, en momentos en que EE.UU. aumenta su control sobre los recursos naturales del país.

El magnate petrolero estadounidense Harold Hamm dijo el miércoles que su empresa Continental Resources firmó un memorando de entendimiento para desarrollar un yacimiento en la prolífica Faja Petrolífera del Orinoco venezolana, en sociedad con la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA).

“Creo que esto también puede ser el renacimiento energético que Venezuela necesita”, dijo Hamm en la cumbre de ministros de Energía del G20 en Houston. “Vemos que esto se convierte en la clave para realmente revertir la situación y quizás no solo volver [a] donde alcanzó su pico la producción, sino incluso extenderla aún más”.

El acuerdo marca el último contrato firmado por una petrolera occidental para iniciar operaciones en Venezuela, en momentos en que el Gobierno de Estados Unidos ejerce un control creciente sobre el sector tras la captura del presidente Nicolás Maduro por parte del ejército estadounidense en enero.

Hamm viene expandiéndose a nivel global. En agosto le dijo al FT que Continental lideraba una campaña de perforación multimillonaria en una de las mayores cuencas de esquisto del mundo, en Argentina.

“Como geólogo, me di cuenta de que hay muchos recursos en el país, así que nos interesamos, pero tuvimos que ir allí y profundizar”, le dijo Hamm al FT. “La ley de hidrocarburos que aprobaron nos abrió el camino para analizarlo más a fondo”.

“Francamente, vemos esto como otro gran paso en las Américas, si se quiere, en el hemisferio occidental, y creemos que es muy importante… en materia energética y en lo que significará para el futuro del mundo”, afirmó.

Hamm fue pionero de la revolución del esquisto estadounidense, que catapultó a EE.UU. a lo más alto de los productores mundiales de petróleo y gas. El pintoresco multimillonario ha sido asesor frecuente de Trump y ayudó a organizar una cena en Mar-a-Lago en la que el entonces candidato presidencial les pidió a los principales ejecutivos petroleros que recaudaran u$s 1.000 millones para su campaña.

También donó personalmente a la campaña de Trump de 2024, con un aporte de u$s 4,3 millones a comités de acción política alineados con Trump, según el Revolving Door Project, una organización no gubernamental que monitorea la influencia política en EE.UU.

El acuerdo con el magnate del esquisto se da mientras otras empresas estadounidenses intentan cerrar acuerdos en Venezuela, que posee las mayores reservas petroleras del mundo. Washington impulsó a la industria a invertir hasta u$s 100.000 millones para potenciar el desarrollo petrolero y gasífero bajo la presidenta interina Delcy Rodríguez.

Una delegación venezolana se sumó a la cumbre del G20 pese a que el país latinoamericano no figura entre las mayores economías del mundo, en momentos en que EE.UU. busca darle al país latinoamericano mayor exposición en el escenario global.

El vicepresidente de Economía de Venezuela, Calixto Ortega Sánchez, asistió al evento junto con la ministra de Hidrocarburos del país, Paula Henao.

“Este es un acuerdo importante para Venezuela”, dijo Ortega. El acuerdo “envía una poderosa señal de confianza”.

Heeney Capital, una firma de capital privado de Nueva York, también anunció una inversión para desarrollar una mina de oro en Chocó. El contrato es por 30 años, con posibilidad de extensión, según indicó la firma, que agregó que la tasa de producción anual llegará hasta 200.000 onzas. La mina es distinta de la disputada mina de oro Chocó-10.

“Es uno de los activos de oro más importantes de Venezuela”, afirmó Heeney Capital. La inversión será de hasta u$s 1.000 millones en una primera etapa, con potencial de expansión. La firma tiene dos cofundadores, Henry Heeney y Sean Pi.

Heeney Capital y la casa de comercialización suiza Mercuria informaron en abril que habían firmado varios acuerdos de compra (“offtake”) con Venezuela, con “nuevas oportunidades en aluminio, níquel y productos ferrosos”.

Estados Unidos busca acelerar la inversión en el sector petrolero del país, aunque muchas empresas se muestran cautelosas después de haber perdido miles de millones de dólares cuando Hugo Chávez expropió activos hace dos décadas.

A principios de este mes, Chevron dijo que duplicará su producción petrolera en el país durante los próximos cinco años en un plan de u$s 7.000 millones. Fuente: Shutterstock.
A principios de este mes, Chevron dijo que duplicará su producción petrolera en el país durante los próximos cinco años en un plan de u$s 7.000 millones. Fuente: Shutterstock.

Venezuela era el tercer mayor productor de la OPEP cuando Chávez asumió el poder en 1999, pero su producción cayó drásticamente y su infraestructura se encuentra en mal estado.

Trump dijo en agosto que EE.UU. cerró un acuerdo para obtener el control mayoritario de más de 65.000 millones de barriles de petróleo en el país.

El acuerdo le otorgó a North American Blue Energy Partners, una empresa controlada por el empresario venezolano Alejandro Betancourt, el control de más de 17 yacimientos petroleros que puede desarrollar u otorgar en licencia a terceros.

A principios de este mes, Chevron dijo que duplicará su producción petrolera en el país durante los próximos cinco años en un plan de u$s 7.000 millones. Eni y General Electric también anunciaron acuerdos en el país.

Empresas con estrechos vínculos con la administración Trump han estado negociando para cerrar acuerdos en Venezuela. Primavera, una firma energética cofundada por el ex presidente de Coinbase, Fred Ehrsam, también firmó recientemente un acuerdo de desarrollo de un yacimiento petrolero, mientras que la petrolera Sable Offshore, con sede en Houston, se encuentra en negociaciones avanzadas para cerrar un acuerdo.

Trump designó a Ehrsam en marzo como asesor del consejo presidencial de ciencia y tecnología. Un ex funcionario de Energía de la administración Trump se desempeña como vicepresidente de políticas y comercial de Sable.