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Aunque las compras al exterior cayeron en el primer semestre, la flexibilización comenzó a modificar la matriz del comercio exterior de la Argentina con mayor participación de bienes importados y con China como principal proveedor.

Según el informe semestral del INDEC, las importaciones alcanzaron los u$s 35.531 millones entre enero y junio, con una caída interanual del 3,9%. La comparación, sin embargo, se realiza contra una base elevada, ya que durante el primer semestre de 2025 se había producido un fuerte salto en las compras externas.

Si bien las importaciones totales disminuyeron, los datos reflejan heterogeneidad ya que crecieron las compras de productos químicos, farmacéuticos y fertilizantes 8,7%, 20,4% y 18,6%, respectivamente.

También se aceleraron algunos canales vinculados con operaciones de menor escala pero con cada vez mayor protagonismo en el consumo local: las compras realizadas a través de couriers aumentaron 104,2% y alcanzaron los u$s 643 millones.

En ese contexto de cambio de tendencia en el comercio y la necesidad de ajustar costos para competir en un mercado deprimido, surgen nuevas estrategias, para que las compañías con experiencia importadora atiendan también a pymes y emprendedores.

Reducir el costo del stock

Si bien hasta hace poco tiempo el modelo que funcionó fue el del “stockeo” para grandes, medianas y pequeñas empresas, la actualidad marca un camino distinto: frente a la complejidad que puede significar importar para una pyme y la imposibilidad de trasladar a precios el costo financiero, las empesas con mayor conocimiento pueden ingresar grandes volúmenes de mercadería, mantenerla almacenada sin nacionalizar y venderla de manera fraccionada a compradores más pequeños.

Desde Jidoka sostienen que muchas pymes quedan fuera de las operaciones internacionales por la complejidad y la escala que requieren. “Para una pyme o un emprendedor que quiere comenzar a importar, el desafío muchas veces empieza mucho antes de que la mercadería llegue a la Argentina”, explicó Gabriel Salomón, director comercial de la firma.

La búsqueda de proveedores confiables, la negociación con las fábricas, la coordinación del embarque y la liberación aduanera pueden implicar costos y riesgos difíciles de absorber para una empresa pequeña.

Al mismo tiempo, las grandes compañías ya cuentan con contactos en China, experiencia en comercio exterior y capacidad para organizar operaciones de mayor escala. “Existe una oportunidad que todavía puede ser aprovechada: que esas grandes compañías utilicen ese conocimiento para abastecer también a pequeños importadores”, planteó.

El principal atractivo económico está en el manejo del stock. Cuando una empresa importa y nacionaliza toda la mercadería sin tenerla vendida, debe financiar ese inventario. En cambio, con la mercadería almacenada en una zona franca, podría conservarla allí hasta concretar cada operación.

Depósito de VACLOG en el parque industrial PIBA.
Depósito de VACLOG en el parque industrial PIBA.

De esa manera, la compañía puede fraccionar las ventas y atender pedidos pequeños sin nacionalizar todo el volumen de una sola vez. Para las pymes, el esquema permitiría acceder a productos del exterior sin resolver individualmente toda la operación internacional.

La propuesta se presenta como un espacio entre la compra directa en China y la adquisición del producto ya nacionalizado en el mercado local. La primera alternativa puede ser más económica, pero exige volumen, contactos y conocimiento. La segunda simplifica el proceso, aunque incorpora todos los costos asociados a la importación y la estructura comercial.

“El producto puede resultar más accesible que comprarlo en el mercado local, aunque probablemente tenga un costo mayor que realizar toda la operación directamente desde China”, señaló Salomón.