Banqueros y hombres del mundo financiero en Wall Street rezan para que se cumplan los pronósticos del ministro Luis Caputo sobre el futuro venturoso que le espera a la Argentina. Sobre todo una de sus últimas hipótesis, cuando no solo afirmó que “será un paseo” para el Gobierno lograr la reelección. Fue más audaz, y para desactivar temores y fantasmas del pasado, dijo que, en el supuesto de un tropiezo, lo que viene no debería alarmar a los mercados. Sentenció que, a su juicio, aun si ganara el peronismo, no hay ninguna chance de un retroceso a lo que representa política y económicamente el kirchnerismo.
Tal vez por precaución, algunos de los inversores que participaron en marzo de la Semana Argentina en Wall Street, prefirieron tomar un seguro e invitar a Nueva York al ministro de Finanzas de Axel Kicillof, Pablo López. Querían conocerlo y escucharlo, no sea cosa que la dinámica de lo impensado nuevamente sorprenda en la Argentina. Trascendió que las reuniones se celebraron la semana pasada en las oficinas de un banco europeo de primerísima línea, y lo curioso del caso es que los anfitriones coincidieron con el invitado en que lo más favorable para la Argentina sería, cuanto antes, volver a colocar deuda en los mercados internacionales. Lo objetaron al Ministro por derecha y por izquierda. No sólo eso. Se sorprendieron con la convicción de López a favor del equilibrio fiscal, destacando además que su jefe nunca ordenó el default de la deuda y siempre pagó los compromisos, tanto cuando era ministro de Cristina, también al frente de la provincia como Gobernador. Gente educada, nadie lo quiso contradecir, mucho menos recordarle la batalla de Axel contra los holdouts.
Tampoco le preguntaron algo que sería muy útil ir clarificando con tiempo: el equilibrio fiscal que ahora tantos dirigentes heterodoxos prometen mantener si llegan a gobernar el país, ¿lo piensan lograr sosteniendo la administración austera del Estado y el gasto público, o se proponen como en el pasado resolver la cuestión con impuestazos, devaluaciones y control de cambios? No está nada claro que ese capítulo de la batalla cultural esté saldado. Sobre todo, porque como explica el economista del Citi Ricardo Dessy, el problema del actual modelo económico frente al padrón electoral en una presidencial es que las importantes reformas que trajo la era Milei representan un enorme esfuerzo para una gran mayoría en el presente, con delivery de bienestar a futuro, para hijos y nietos. En cambio, el populismo, como lo conocemos bien en la Argentina, es una propuesta de satisfacción inmediata. Y aún con los enormes costos que trae, se trata de complicaciones que estallan más adelante. La mala economía pasa la factura, pero tarda en llegar la cuenta. Un fenómeno al que también le prestan hoy atención quienes desde afuera y adentro observan la inconsistencia de una economía con 30% de inflación anual y tipo de cambio prácticamente congelado o a la baja.

El futuro del dólar siempre está opinado en la Argentina. El consultor Salvador Distéfano, que viene acumulando aciertos en esta materia, avisa que el carry trade ya no será como antes. Prevé que lo más probable es que este año el billete termine acompañando a la inflación, por la mayor demanda que traerá el turismo con dólar barato más el año electoral que podría comenzar a activar cobertura antes o después del verano. Una tasa de plazo fijo entre 18% y 20% anual podría perder contra una devaluación en la zona de 25%, sin que nada estalle ni mucho menos.
Nada que parezca preocupar, al menos en público, al titular del Palacio de Hacienda. “La economía se va a llevar puesta a la política el año que viene” sostuvo también la semana pasada. Naturalmente quiso decir que la fortaleza de la economía se va a imponer sobre las incertidumbres políticas. Sería entonces tan exitosa su gestión, que nada amenazaría la continuidad de Javier Milei al frente del país. Vale insistir en la aclaración, porque la verdad es que desde que se tiene memoria en la Argentina, es cierto que se cumplió el vaticinio del Ministro en términos literales. En todos los casos, efectivamente la economía “se llevó puesta a la política”.
La mala gestión económica, desde luego, que desalojó del poder, por las buenas o por las malas y sin excepción, a todos los que ocuparon el sillón de Rivadavia. Aún los que fueron reelectos como Menem o los Kirchner.
Entre otros motivos porque suele haber una confusión entre los líderes políticos y sus aplaudidores a la hora de interpretar la voluntad popular. El hecho de ganar elecciones y tener apoyo popular no certifica ni demuestra que la gestión y el camino elegido no deba ser corregido. Los segundos mandatos, volviendo a los casos de Menem o los Kirchner, no terminaron bien y pagaron los costos de los errores de arrastre. Mauricio Macri ganó de punta a punta en 2017 y celebró en Olivos como los jugadores de fútbol, cantando en el vestuario contra los opositores, los economistas y en particular los periodistas que advertían lo riesgoso de su decisión de postergar el ajuste y cubrirlo con capitales golondrina.
Mucho más grave que todo aquello y el momento actual, mejor no recordar los casos de líderes mundiales que en el siglo pasado también ganaban elecciones pese a cometer las peores tropelías en el ejercicio del poder. No hay que ir tan lejos en la historia: Leopoldo Galtieri fue ovacionado en Plaza de Mayo cuando en 1982 le declaró la guerra a la OTAN, y menos mal que no se le ocurrió en esa euforia delirante llamar a elecciones.
La realidad parece indicar que los números de la economía en abril y mayo trajeron algo de alivio, no fueron tan malos como los verificados en el primer trimestre. Los sectores que crecen como la energía, minería y parte del campo mejoran y se mantienen sumando. Los que están flojos siguen penando. La inflación frenó la peligrosa escalada que anotó en marzo, pero 2,6% en abril y posible 2,5/2,4% en mayo no alcanzan para que la satisfacción se haga perceptible en los bolsillos del padrón electoral. Por algo el Gobierno aplica “keynesianismo austríaco”: YPF congela los combustibles, aumentan los subsidios para transporte, tarifas de luz y gas, y el Banco Nación sale al rescate de los deudores del sistema financiero.
Antes que la economía se lleve puesta a la política, los grupos empresarios nacionales pujan por quedarse con los negocios que va dejando el Estado presente de la era Kirchner. La puja es entre viejos conocidos, en general los mismos grupos económicos que aplaudían a los Kirchner igual que ahora lo hacen con los Milei. Hay poca presencia de empresas multinacionales en esa contienda. La inversión extranjera directa fue en Argentina 20 veces menos que en Brasil el año pasado. Llegan sí del exterior capitales en petróleo y minería, gente acostumbrada al riesgo político, pero que igual antes de poner el dinero exigen regímenes especiales que les garanticen estabilidad tributaria y libertad para entrar y salir capitales sin cepo. Buscan cubrirse, no sea cosa que otra vez ocurra en la Argentina lo visto en el pasado, que la mala economía se llevó puesta la estabilidad política.

















