Cuando Javier Milei llegó a la Presidencia sabía que el futuro de su gestión dependería, básicamente, de los resultados positivos que pudiera obtener en materia económica. No solo por la situación en la que se encontraba el país sino también por el peso que la economía tiene en el humor social, aún cuando la situación política no sea la deseada.
Este miércoles, mientras el oficialismo avanzaba en intensas gestiones tendientes a sortear la presión opositora del Congreso sobre el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, el Ministerio de Economía aportaba las noticias que Milei esperaba para extender la sonrisa que le generó, como al resto de los argentinos, la brillante actuación de Lionel Messi en el Mundial.
“Granítico” fue el calificativo con el que el Presidente celebró haber mantenido en mayo el superávit fiscal, uno de los pilares sobre los que, desde el primer mes de gobierno, se basa su programa económico. El otro, la lucha contra la inflación, le aportó una fuerte desaceleración de los precios mayoristas, dato que, sumado a la caída del precio internacional del petróleo, abre la posibilidad a que a la inflación minorista mantenga la tendencia que viene registrando hace dos meses.

La combinación de ambas noticias le permiten al Gobierno aportar certidumbre a los agentes financieros, que lejos de las inquietudes políticas responden con un mayor grado de confianza.
Ejemplo de ello es la caída del riesgo país, alentada por la mejora en la calificación de la deuda argentina y la menor tensión global por el acuerdo en Medio Oriente.
Pero también las garantías aportadas por el Banco Mundial y el BID para acceder a los préstamos destinados a cumplir con los pagos de deuda del mes próximo. Señales clave para el mundo financiero en el que los resultados económicos tienen su valor político.
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