Mejores noticias para el Gobierno se combinaron en los últimos 15 días para lograr que se sosieguen las inquietudes del mundo económico sobre el futuro de la administración Milei, en medio de las especulaciones electorales anticipadas sobre si será posible consagrar un segundo mandato el año próximo.
Primer resultado, el riesgo país cayó de casi 550 puntos a 490 según el cierre del viernes. Dato relevante, aun en medio de una tensión creciente sobre el futuro de las tasas de interés en EE.UU. y la deriva declinante en el comportamiento de los bonos norteamericanos.
Está claro que los mercados están hoy valuando una reelección del presidente con un muy elevado porcentaje. Si fuera al contrario, si creyeran que las posibilidades de un triunfo de lo que representa el kirchnerismo extremo fueran elevadas, ese indicador superaría cómodo las 1000 unidades.
Tres noticias directamente vinculadas a la privilegiada relación que Javier Milei construyó con la administración Trump deberían anotarse en este cambio de clima: el respaldo contundente que una vez más logró el equipo económico del secretario del Tesoro en la cumbre de ministros de finanzas del G20, hace pensar que la Casa Blanca no dudaría en respaldar con dólares contantes y sonantes a la Argentina el año próximo, en caso de que una demanda extrema de divisas por motivos electorales amenazara con romper los equilibrios como se observó en 2025.

Mantener el dólar quieto y en consecuencia la inflación bajo control ha sido siempre en la historia argentina un activo determinante para obtener la reelección. Se verificó con Carlos Menem y Cristina Kirchner y por default, las crisis cambiarias impidieron la continuidad de Alfonsín, De la Rúa, Mauricio Macri y Alberto Fernández.
La alianza estratégica e ideológica entre Milei y Donald Trump quedó fortalecida en las últimas horas con la cuestión Malvinas. Según coinciden tanto los expertos en el negocio petrolero como aquellos conocedores que siguen la política internacional, la decisión del Gobierno argentino de retomar la agenda de la soberanía obedece más a una decisión de seguir a la Casa Blanca en su plan geopolítico y militar en el Atlántico Sur, no tanto en los intereses económicos de lo que pueda rendir el petróleo, mucho menos la pesca, que hace décadas es depredada en el mar argentino por intereses de múltiples países que aprovechan la desidia y la incapacidad criolla de vigilar esa actividad. También la connivencia de almirantes y funcionarios de la Defensa que se han hecho millonarios, por años, mirando para otro lado.
Si fuera cierto que detrás de la movida combinada de EE.UU. y la Argentina para reponer la discusión sobre Malvinas, está en verdad el interés de la administración Trump -en el marco de la disputa global con China- de instalarse como verdadero gendarme militar por encima de la presencia británica para controlar el paso entre dos océanos; el acercamiento entre Buenos Aires y Washington debería ir más allá del resultado electoral que eventualmente desafíe en noviembre al presidente norteamericano.
La mejor garantía de que los dólares del Tesoro estarán disponibles para la Argentina, con republicanos o demócratas en el poder, es que sea el Pentágono, como ha trascendido, el verdadero motor de toda la iniciativa.
Todas especulaciones, desde luego, en momentos en que Trump lleva adelante una batalla cultural contra los laboristas británicos y toda Europa, a la que se sube la Argentina sin completas certezas de cómo va a terminar. La alianza cultural, histórica y militar de EE.UU. con el Reino Unido no parece que se vaya a dinamitar tan fácilmente.
También los militares argentinos a principios de los años 80 creyeron que, como Leopoldo Galtieri había asistido a clases de adoctrinamiento en West Point, su delirante aventura de declarar la guerra a la OTAN tendría el respaldo de la administración Reagan. Los dramas en la historia, recuerda siempre Rosendo Fraga, llegan por errores de cálculo.
En los mercados y en el ánimo de los inversores, se sabe, la euforia y la depresión se combinan y mutan en cuestión de días, horas o minutos. Y las decisiones financieras como comprar o vender bonos, a diferencia de las que implican hundir capital en fábricas o proyectos de largo plazo, pueden cambiar en cuestión de segundos.

También es cierto que las rachas existen. Y cuando vienen las buenas o las malas noticias, suelen llegar todas juntas. Parecería que en estos días la cábala es positiva. No solo por el respaldo de Bessent y el giro en la cuestión Malvinas. El jueves se conoce el dato de inflación, y todas las consultoras coinciden en que el número estará cómodo debajo de 2%.
Sobre todo, interesa confirmar si la inflación núcleo, como anticipó la medición del estudio Ferreres se ubica en la zona de 0,7%. Revela que son los servicios y no tanto los bienes los que están afectando más al bolsillo.
Alivio para los industriales de la UIA que con razón expresan que las manufacturas locales se llevan parte de la cucarda en la lucha contra la inflación, y teléfono para el Gobierno que sigue sin piedad con la recomposición de tarifas para bajar la cuenta que tiene que aportar en subsidios al transporte, gas, luz y agua en el área metropolitana.
La inflación en descenso alivia las preocupaciones electorales, mientras se verificó que la confianza en el Gobierno recuperó en agosto la caída observada en julio. Es cierto, sin embargo, que todas las encuestas revelan que es la economía desigual la que determina el malhumor social con el Gobierno.
El boom de Vaca Muerta, la minería y parte del sector agropecuario no alcanza para compensar el impacto de caída de empleo y bajos ingresos en la industria, el comercio y la construcción. Pero consultores como Guillermo Oliveto o Hugo Haime destacan que aun los desencantados con la figura de Javier Milei no quieren volver al pasado.
Valoran que exista una inflación bajo control, un precio del dólar “accesible” y que se mantenga el acceso a las plataformas para comprar productos baratos como Shein y Temu, o que no se frustre el desembarco de grandes tiendas para la alegría de la clase media, tipo H&M en los shoppings.
Mirando los mercados, más que contundente resultó el último research del Citi Nueva York sobre Argentina, donde con la firma del argentino Ricardo Dessy, se afirmó a los inversores que estaba sobreestimado el riesgo político en Argentina, y que resultaban muy bajas las chances de un regreso al populismo económico en contra de un clima promercado, independientemente del resultado electoral en 2027.

Música inmejorable para la batalla que libra todos los días el equipo económico, que hace meses trata de convencer a los inversores sobre la conveniencia de apostar más por el futuro del país, lejos de salirse de Argentina.
Entretanto, las intrigas de la agenda política no descansan. El Congreso se ha convertido en un torneo de lobby para alquilar balcones. Parte del reclamo sobre patentes que reclama EE.UU. contra los laboratorios argentinos pasó Diputados y descansa en el Senado.
No pasó desapercibido que los reclamos de Martín Rappallini en el Día de la Industria se formularan desde una de las plantas del laboratorio Elea, cuyo principal accionista, Hugo Sigman, está citado en la Justicia por sospechas de tráfico de influencias en la provisión de vacunas durante la pandemia.
El mismo sector industrial estaría logrando frenar el tratamiento del súper RIGI, con el razonable argumento de obligar a los grandes inversores mineros y tecnológicos a tener que contratar parte de los servicios con empresas nacionales.
Sonó la alarma después que el proyecto Rio Tinto en Salta contrató con China la provisión de galpones metálicos, parecido a lo ocurrido con el proyecto Vicuña en San Juan, donde el gobernador Marcelo Orrego terminó impulsando una ley de compre local.
Ni hablar de las disputas entre las empresas con intereses en el negocio de los biocombustibles, donde se enfrentan los gobernadores de los estados azucareros a favor del bioetanol, con los mandatarios sojeros que defienden al biodiésel.
Mientras se sacan los ojos las grandes aceiteras con las supuestas pequeñas y medianas empresas de la provincia de Buenos Aires, las petroleras, afectadas por el aumento en el porcentaje de corte en los combustibles tradicionales, piden también la posibilidad de ingresar en el negocio.

Tremendo cruce de intereses para un Congreso que hasta fin de año tiene agenda completa: Alivio para deudores de bancos y fintech, Presupuesto, Consejo de Seguridad por Malvinas, Súper RIGI, Carta Orgánica del BCRA, Inocencia Fiscal y Reforma Política.
Tarea ciclópea para la Mesa Política del Gobierno, para el ascendente Diego Santilli y Santiago Caputo, quien sigue de cerca las ambiciones del jefe de Gabinete que acaba de colocar fichas propias desplazando al asesor favorito del presidente en lugares sensibles como en el Correo, Arsat y el Enacom.
Deberían convocar de urgencia para una masterclass de política de Estado al ministro más eficiente del Gabinete, Juan Bautista Mahiques. Mientras el país está entretenido con Malvinas, los mercados y las elecciones, logró aprobar 177 pliegos de jueces amigos, de 202 que propuso.
Nunca visto desde los acuerdos de la UCR con el PJ en los albores del retorno democrático. Para más del 90% de las propuestas, logró apoyo cerrado de toda la política, incluyendo a los legisladores que aún le rinden fidelidad manifiesta a Cristina Fernández de Kirchner.























