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Iban poco más de siete minutos de cadena nacional. Un Javier Milei abanderado -camisa blanca, corbata celeste, a tono con la enseña nacional que había detrás suyo- ya había proclamado que “la Argentina no se quedará de brazos cruzados”, frente Sea Liony otros proyectos y otras empresas que también representan una amenaza para los intereses estratégicos” del país. Un, dijo, “peligro claro y urgente”, que “demanda una respuesta proporcional”.

Con el tono firme y severo que mantuvo durante los 15 minutos de su discurso, anunció el despliegue de “todas las herramientas del Estado, diplomáticas, económicas, judiciales y legales, para disuadir a los actores estatales y no estatales que violenten nuestra soberanía”. El Presidente informó el envió 180 notas de desaliento a compañías y a más de 29 países, “involucrados en distintos proyectos en nuestras islas”.

Dentro esa misma solemnidad, aclaró que, con un decreto, fortalecerá “los mecanismos de detección temprana e intercambio de información, para facilitar la adopción de sanciones contra”, enumeró, “empresas que lleven adelante estas actividades” y, aclaró, “así como contra sus accionistas, directores y”, enfatizó, “proveedores”.

Procederemos a inhabilitar de operar en territorio argentino a las empresas involucradas, directa o indirectamente, en proyectos en las Islas Malvinas sin autorización argentina”, remarcó, enérgico. Poco después, Milei anunció el envió al Congreso de un proyecto de ley, “con carácter urgente”, uno de cuyos objetivos es modificar la Ley 26.659, “para endurecer las sanciones y penas contra las compañías vinculadas a operaciones no autorizadas”.

Los proveedores de estos proyectos recibirán las mismas penas y prohibiciones que las empresas con las que colaboran”, aclaró. “Los infractores no podrán contratar en territorio argentino, sea con el sector público o privado, y se dispondrá cuando corresponda la aplicación del juicio en ausencia”, amplió y advirtió que se extenderá este régimen “a otras actividades en las islas que afecten nuestros recursos naturales”.

Las miradas de la mayoría, inmediatamente, se posaron sobre la israelí Navitas Petroleum y la británica Rockhopper Exploration, las impulsoras de Sea Lion, el proyecto de aguas profundas que apunta a explotar un yacimiento al norte de Malvinas con un reservas probadas y probables por 314 millones de barriles. Pero los conocedores en serio del sector pusieron la lupa, también, sobre otro nombre: Bluewater.

El que no salta es holandés

“El que no salta es un inglés”, dice el cantito, entonado con euforia hasta la afonía durante el último Mundial, en el que, después de la semifinal ganada a Inglaterra, los jugadores de la Selección exhibieron la bandera con la inscripción “Las Malvinas son argentinas”. Pero, en su versión original, de 1978, el que no saltaba no era súbdito de Su Majestad, ni se había ido a la B, sino que “era holandés”.

El fútbol, de nuevo, como ironía de la realidad. Fundada, tan luego, en 1978 en los actuales Países Bajos, Bluewater es una empresa reconocida a nivel global por su expertise en diseño, fabricación, arrendamiento y operación de sistemas flotantes de producción, almacenamiento y descarga (FPSO, por su sigla en inglés) y de sistemas de amarre marítimo (SPM) para la actividad offshore.

Actualmente, es dueño y operador de cinco naves para cuatro clientes, según su más reciente presentación institucional. El más relevante es el Aoka Mizu, séptima instalación FPSO diseñada, construida, poseída y operada por la compañía, que, además de su actual flota, retiró tres unidades y les vendió dos a empresas petroleras.

Su nombre significa “Agua azul” (“Bluewater”) en japonés. Tiene 248,2 metros de largo -dos canchas y media de fútbol-, 42 de ancho y un área de cubierta de 7984 metros cuadrados (m2). Puede recibir 90 personas. Su capacidad de almacenamiento es de 618.000 barriles y cuenta con una capacidad de procesamiento de líquidos de 35.000 barriles diarios. Empezó a operar en junio de 2019 y su actividad más reciente fue en el yacimiento Lancaster Field, al oeste de las islas Shetland, en el Atlántico Norte.

Entre sus principales características, tiene un sistema de propulsión y operación totalmente eléctrico (la mayoría de los FPSO tradicionales usa configuraciones mecánicas directas o sistemas de vapor mixtos para sus plantas de procesamiento). También cuenta con sistema de posicionamiento dinámico autónomo (DP), que lo habilita a una maniobrabilidad excepcional para un barco de su tamaño. Esa tecnología, explican en la empresa, le permite acoplarse a su torreta de amarre de manera 100% autónoma, lo que elimina la dependencia de remolcadores de apoyo durante las maniobras de reconexión en alta mar.

Su gran innovación, no obstante, es una torre de amarre desconectable de alta velocidad, que le permite desligarse de forma rápida y segura de los ductos de producción submarinos frente a tormentas extremas o icebergs. Gracias a esto, el buque puede navegar de forma independiente, empleando su propia propulsión para ponerse a salvo.

En consecuencia, tiene una capacidad de adaptación extrema y redespliegue global inédita para la explotación offshore, que le permitió operar en condiciones climáticas muy duras en el Mar del Norte, tanto en las islas Shetland como, antes, en los campos Ettrick y Blackbird.

Actualmente, se encuentra para reacondicionamiento en el astillero Seatrium, de Singapur. Se trabaja en su adaptación al Atlántico Sur: en diciembre, se anunció la firma del acuerdo para ser proveedor de Navitas en Sea Lion. El convenio es por 12 años, con opciones de ocho opciones de extensión anual.

Con trabajos que comenzarán este trimestre, se ampliará la capacidad de procesamiento del Aoka Mizu a 55.000 barriles diarios.

No nos eligieron sin razón. Lo hicieron porque contábamos con el activo adecuado en el momento oportuno; porque poseíamos los conocimientos operativos y de conversión necesarios, y porque gozamos de buena reputación en esta industria”, le dijo al sitio especializado en energía Upstream su CEO, Hugo Heerema, ejecutivo neerlandés que está al timón de Bluewater desde 1993.

En esa entrevista, publicada el mes pasado, agregó que el Aoka Mizu “fue diseñado originalmente para un entorno de condiciones meteorológicas muy adversas y, aunque en el Atlántico Sur, son más benignas que en la zona al oeste de las Shetland, siguen siendo relativamente rigurosas, por lo que el proyecto (Sea Lion) se beneficiará del diseño original del FPSO”.

Se espera que, una vez desplegado, el Aoka Mizu perfore hasta 23 pozos en las primeras etapas del desarrollo en Malvinas.

La inversión de su reconversión para operar en el Atlántico Sur está cubierta con una emisión de bonos por u$s 175 millones que Bluewater hizo a inicios de año, para aliviar deuda bancaria y financiar el resto de sus proyectos.

Según Heerema, en los últimos 10 años, o más, el crecimiento de la actividad petrolera offshore estuvo más en África occidental y América del Sur, regiones donde, reconoció, sus competidores son “muy, muy fuertes” y las cuantiosas inversiones comprometidas dejaron fuera de lugar a su empresa. “Pero, si se mira lo que está pasando en el mercado, hay una demanda creciente para las típicas FPSO de tamaño mediano que provee Bluewater”, aclaró.

La empresa ve potenciales oportunidades en el Mar del Norte y en América, donde, dijo el CEO, un cliente no identificado -apenas, mencionó que es una empresa de oil & gas-, evalúa la adquisición de su propia unidad FPSO para, después, acordar una operación de sale and leaseback (compra y arrendamiento posterior) con un contratista.

En ese escenario, planteó que existen distintas alternativas para distribuir el costo financiero, incluida la posibilidad de que ese cliente financie la conversión. Recordó que, en la primera mitad de los ’90, una unidad FPSO para el Mar del Norte podía construirse por entre u$s 300 millones y u$s 350 millones. “Hoy, esa misma unidad costaría, al menos, u$s 1500 millones. Y, si nos fijamos en las grandes unidades de América del Sur, hablamos de inversiones entre u$s 3500 millones y u$s 5000 millones”, mensuró Heerema.

Esas cifras son tan elevadas que nuestra industria (incluso, los grandes actores del sector) jamás podría financiarlas. Por eso, se perdió el impulso y la capacidad de atender la demanda del mercado. Fue entonces cuando las propias petroleras intervinieron en desarrollar modelos de financiación en colaboración con sus clientes y el sector financiero”, explicó.

Por eso, el acuerdo de Sea Lion es tan relevante para Bluewater.

La bandera que exhibieron los jugadores en la semifinal del Mundial 2026. Foto: EFE.
La bandera que exhibieron los jugadores en la semifinal del Mundial 2026. Foto: EFE.

Azul oscuro

El miércoles pasado, el sitio oficial de la Provincia de Río Negro publicó una nota. Su título es “Cómo funcionarán las monoboyas del VMOS que vienen a Río Negro”. El texto describe las características de los dos enormes dispositivos, claves para integrar el sistema offshore que permitirá cargar petróleo de Vaca Muerta en grandes buques de exportación que lleguen a la costa de Punta Colorada.

Cada una pesa 272 toneladas y tiene 15,3 metros de diámetro. Se prevé su arribo al país en octubre, luego de que, hace tres meses, al CEO de YPF, Horacio Marín, a bocetar un Plan B en caso de que el bloqueo del Estrecho de Ormuz demorara el envío, ya que se construyeron en los Emiratos Árabes Unidos.

VMOS, vale recordar, es la sigla de Vaca Muerta Oil Sur, oleoducto de 600 kilómetros en cuya primera etapa, prevista para fines de este año, transportará 180.000 barriles diarios de crudo, volumen que escalará a 550.000 a mediados de 2027 y, a mayor plazo, se espera que alcance los 770.000. Sus exportaciones crecerán de u$s 5000 millones a u$s 15.000 millones anuales, una vez que alcance su máxima capacidad.

Inversión de u$s 3000 millones, su project finance fue por u$s 2000 millones. Es la mayor operación financiera privada de ese tipo, al menos, hasta que Argentina LNG, el proyecto exportador de gas natural licuado que empuja YPF con la italiana Eni y la emiratí Adnoc como socios, cierre el suyo, estimado entre u$s 14.000 millones y u$s 16.000 millones.

Las boyas, de tipo Catenary Anchor Leg Moooring (CALM), tienen tecnología que transfiere fluídos en movimiento continuo. En junio, Marín no dudó en definirlas como el “cuello de botella” del oleoducto, uno de los grandes proyectos con los que las petroleras locales sueñan con desplegar el potencial exportador de Vaca Muerta. Su fabricante es una empresa oriunda de los Países Bajos, especializada en provisión de plataformas e instalaciones para la actividad offshore. ¿Su nombre? Bluewater.

Cuando, en diciembre, se supo que la neerlandesa sería también proveedora de Navitas y Rockhopper en Sea Lion, la noticia detonó inquietas consultas de accionistas de VMOS, cuyo capital conforman YPF, Pluspetrol, Pan American Energy (PAE), Pampa Energía, Vista, Chevron, Shell y Tecpetrol.

Las monoboyas de Bluewater que llegarán a la Argentina para el oldeoducto VMOS
Las monoboyas de Bluewater que llegarán a la Argentina para el oldeoducto VMOSProvincia de Río Negro

El temor principal: la Ley 26.659. Sancionada en 2011, prohíbe a la actividad hidrocarburífera en la Plataforma Continental Argentina sin permiso previo del Estado nacional. Establece durísimas sanciones penales (la máxima: 20 años de cárcel) y económicas -hasta el equivalente a 1,5 millones de barriles WTI a valor de mercado-, además de revocaciones de concesiones, inhabilitaciones y suspensiones de actividad, tanto a nivel nacional, como provincial y municipal.

Según el caso, el castigo es aplicable también a directores, gerentes, síndicos, miembros del consejo de vigilancia, administradores, mandatarios, representantes o autorizados de las empresas involucradas.

La contratación de Bluewater para VMOS fue previa a la divulgación de su participación en Sea Lion. Consistió el argumento con el que, hasta ahora, expertos abogados calmaron ansiedades.

YPF (Marín), de hecho, hizo lo lógico: buscó al proveedor de la única boya de esas características operativa en América latina, explicó en su momento. Nadie puede ser culpable de no tener una bola de cristal. Pero las dudas, incógnitas, son hacia adelante. ¿Hay pagos pendientes por esa adquisición? ¿Podrán hacerse? ¿Que harán los bancos involucrados en esa transacción? ¿Y que la financiaron? ¿Aplicaría la Ley de Mavinas, en caso de hacerse, ahora que es pública la participación de Bluewater en Sea Lion? ¿Qué pasará con los servicios de operación y, fundamentalmente, mantenimiento?

Preguntas que ponen una cuota de incertidumbre -por ahora, menor pero no por eso subestimable- a una promesa de prosperidad en la que hay confianza absoluta. Bluewater, además, también tiene productos y tecnologías para GNL, la gran apuesta exportadora del gas de Vaca Muerta, el sueño de la Argentina ya no país con petróleo, sino uno, definitivamente, petrolero.

Quienes operan en nuestras Islas a espaldas del gobierno argentino, tendrán que elegir entre una puesta ilegal, en un territorio disputado y una operación rentable y segura en un país soberano con reglas claras y previsibilidad. No se pueden hacer las dos cosas”, advirtió Milei el jueves, rodeado por su gabinete.

A esa misma hora, alrededor de las 9 y 10 de la noche, los celulares volvieron a sonar, con notificaciones que empezaban a cascadear.