Opinión

Lo que puede venir después del dólar soja

No hay duda de que Massa le ha dado una nueva dinámica a la política económica, y no oculta el tinte ortodoxo que tiene su gestión para confrontar la compleja coyuntura que enfrenta la economía argentina. El talón de Aquiles sigue siendo el frente externo, con escasísimas reservas y un tipo de cambio que pide a gritos un ajuste que no parece estar disponible, mientras la inflación es el tema más angustiante para la gente, y por ahora no hay un plan para lidiar con el problema.

Massa empezó con optimismo a atacar el frente externo, buscando préstamos e intentando que la soja que estaba en los silobolsas se transformara en dólares. Una vieja e ingeniosa estrategia de tratar de monetizar stocks para aumentar reservas, distinta, pero con el mismo espíritu con el que se nacionalizaron los fondos de las AFJP. Siempre mirando donde hay stocks, aunque esta vez la participación es voluntaria, lo que no es un hecho menor.

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La idea inicial era juntar unos u$s 7.000 millones para fortalecer las flacas reservas, aunque una estimación más realista es que se logre obtener entre cuatro y cinco mil millones. Los repos de los bancos que iban a sumar más de mil millones de dólares quedaron en el olvido, porque tal vez no habían chequeado si el Banco Central tenía bonos suficientes para hacerlos o que el mercado estuviera con apetito para prestarle a la Argentina.

Con los bancos multilaterales las cosas anduvieron un poco mejor, porque Massa logró destrabar un préstamo del BID de u$s 500 millones y además consiguió unos u$s 300 millones adicionales que llegarían antes de fin de año. Lo demás fueron sólo anuncios que son frecuentes en los viajes que hacen los funcionarios a Washington, de dólares que vienen por goteo y que están ligados a proyectos con desembolsos lentos.

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La frutilla del postre eran los sojadólares, que de hecho están entrando y mejor de lo esperado. Para eso, y después de muchas idas y vueltas, crearon el dólar soja con un tipo de cambio más alto, de $ 200. La intención era que el campo se tiente y acelere la liquidación de los stocks que están en silobolsas. El dólar alto es sólo para septiembre, con el mensaje subliminal de que aprovechen esta oferta que sólo dura un mes, porque después van a volver a tener un tipo de cambio bajo.

La estrategia está funcionado para aumentar las reservas en septiembre, justo el mes que va a mirar el FMI para ver si Argentina cumple con las metas del tercer trimestre. Pero el incentivo tiene dos problemas.

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Primero, de los seis mil millones que se espera que entren en septiembre, aproximadamente la mitad o más mitad se corresponden a exportaciones que ocurrirían de cualquier ocurren. No es liquidación de stocks, si no la soja que venden mes a mes para pagar gastos insumos o deudas y prepararse para la próxima cosecha. O sea, más ventas en septiembre van a ser compensadas con menos ventas en los últimos tres meses del año.

El segundo problema es fiscal, porque comprar dólares a $ 200 y venderlos a $ 140 no sale gratis, implica una pérdida de 360.000 millones de dólares, que por ahora no queda claro quien la contabiliza. El Banco Central dice que no pierde porque recibe una letra del Tesoro para compensarle la pérdida. La letra que emite el Tesoro no está claro que entre se sume al déficit fiscal, que sería de alrededor de 0,4% del PBI. Y queda la duda de cual será el veredicto del FMI, si incluirlo en la meta fiscal o mirar para el otro lado y decir acá no pasa nada.

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Lo más razonable es que sea parte del déficit cuasi-fiscal, porque al final el Banco Central tendrá que emitir más leliqs para financiar la compra de dólares. La letra del tesoro es decorativa, las leliqs habrá que pagarlas.

Queda el interrogante de cómo puede seguir esta película. Prorrogar el dólar soja no parece viable, en parte por el costo fiscal y en parte porque el objetivo de que los productores vendan más soja ya está logrado. Además, con la resolución del Banco Central de limitarles el acceso a cualquier tipo de dólar se generó un desincentivo para los productores que se preguntan que hacen con los pesos que reciban. Crear otros dólares específicos para ciertas industrias no parece viable, porque no hay otros sectores que tengan un stock importante para vender, mientras que además tendría un costo fiscal y generaría un lobby que sería difícil de parar.

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Un desdoblamiento tradicional entre tipo de cambio comercial y financiero no parece que sea la salida en este caso, porque no estamos ante una típica corrida cambiaria que hay que atacar, sino más bien ante un problema crónica en el que un tipo de cambio dual sería un paso intermedio antes de la devaluación, algo que el gobierno no quiere.

Otra alternativa, que luce más viable, es hacer un desdoblamiento sólo para el dólar turista o tarjeta, que tal vez también incluya el dólar ahorro, y que el gobierno está estudiando. Este dólar hoy está en $ 265, porque se le agrega el impuesto país y percepciones de ganancias. Lo que ocurre es que para la mayoría de la gente sigue siendo conveniente porque está por debajo de los dólares paralelos y además el costo real es mucho menos en la medida que parte de las percepciones se recuperan cuando se paga el impuesto a las ganancias (con lo que estaría en el orden de $ 215).

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El dólar turista tendría un tipo de cambio flotante (como el dólar MEP hoy), se compraría en el mercado y le ahorraría al Banco Central unos 700 millones de dólares por mes de venta de reservas. Parecería una solución óptima, aunque tiene algunos riesgos. Primero, se generaría una mayor demanda en los dólares financieros, con lo cual le pondría presión a la suba al dólar MEP y al CCL. Segundo, tendría un impacto fiscal, porque el impuesto país recauda un 0.4% del PBI. Sin embargo, dado el atraso cambiario y el tamaño de la brecha cambiaria no parece que un gobierno que no quiere devaluar tenga muchas otras alternativas para evitar una nueva caída en las reservas.

Queda claro que el plan Massa ha funcionado para darle aire a las reservas. Pero es difícil mantener el momentum porque el tipo de cambio sigue atrasado, la brecha muy alta, y no parece que los flujos en los próximos meses ayuden a subir las reservas. Estaremos a la espera que el gobierno saque nuevos conejos de la galera.

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