ANÁLISIS

La resistencia albertista: no está muerto quien pelea

Pese a que muchos de sus interlocutores le hablan como si su Gobierno estuviera en retirada, el Presidente mide, evalúa y piensa más cambios en su Gabinete mientras se refugia en sus aliados

Alberto Fernández no se resiste. A pesar de que muchos de sus interlocutores le hablan como si su Gobierno estuviera en retirada, mide, evalúa y piensa más cambios en su Gabinete. Se refugia en sus aliados y muestra a Daniel Scioli, a quien busca fortalecerlo de cara a lo que viene.

En su entorno cuentan que el embajador en Brasil mide más de lo que muchos apostarían. No es descabellado unir eso con su presencia en Mar del Plata la semana pasada en el cierre del coloquio de Idea. Ante el auditorio de empresarios el Presidente, a quien no acompañó ni un solo ministro, llegó con el embajador en Brasil. En su entorno, aseguran que Scioli siempre fue a Idea, y que la mayoría de los empresarios que asisten tienen intereses en Brasil.

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También niegan cualquier conversación sobre posibles candidaturas y afirman que el funcionario solo está concentrado en su gestión en el país vecino.

De todos modos, el círculo albertista, aunque cada vez más chico, afirma que el Presidente no está entregado ni asumió el fin del año próximo como el cierre de su paso por el Ejecutivo. Esto genera claro, mucha más tensión dentro del frente interno. Los camporistas no entienden como aún planea más allá de lo que hoy tiene que hacer, que es gestionar.

El Presidente cree que aún tiene posibilidades si se protege con los más cercanos. Todavía tiene la idea de repatriar a Santiago Cafiero a la Jefatura de Gabinete. En las últimas horas Juan Manzur confirmó que quiere regresar a su Provincia: "Algún día tengo que volver", dijo ante los periodistas tucumanos que le preguntaron acerca de sus planes. 

Hoy se habla allí, de que el hombre que vino a hacerse cargo de la coordinación de los ministerios estaría de regreso para conformar una fórmula con Osvaldo Jaldo para las elecciones de mayo del año que viene. Para eso dejaría su lugar en la Rosada en febrero.

Aunque en política cuatro meses es mucho tiempo, ese sería el momento ideal para el Presidente para reforzar su protagonismo hoy perdido entre Massa y Cristina. Ocurriría en el último año de su gestión, con uno de sus hombres de máxima confianza a cargo, nuevamente, de la Jefatura de Gabinete. En tanto la idea de Alberto es que el exembajador en Estados Unidos, Jorge Arguello sea quien reemplace en la cancillería a su "hijo pródigo" Santiago Cafiero.

Hacia adentro del kirchnerismo duro, los gestos del Presidente, molestan y mucho. Por ejemplo, el hecho de haber realizado un recambio ministerial inconsulto dentro de la coalición gobernante, ubicando a Tolosa Paz y a Olmos en el Gabinete. Para el albertismo quedó demostrado que si Alberto dialoga, gana siempre el kirchnerismo; y si pierde, pierde solo.

En las últimas horas volvió a correr el rumor de la intención de Alberto de llevar a Scioli a una unificación de los ministerios de Turismo y Ambiente. Esto fue descartado por el sciolismo. Recordemos, que cuando el embajador regresó al país, convocado para hacerse cargo del ministerio de Producción -frente al que estuvo solo un par de semanas por la llegada de Sergio Massa- recibió la oferta para hacerse cargo del Ministerio de Turismo por parte del Presidente antes de volverse a Brasil.

Scioli rechazó esta posibilidad. Entendió que iba a quedar desdibujado en medio de una crisis de Gobierno y que su trabajo en Brasil estaba teniendo mejores resultados para mostrar a futuro. Hoy, a un par de meses de distancia de ese momento, entiende que no se equivocó con su decisión.

Para Alberto Fernández, a pesar de la incredulidad de muchos, nada está cerrado respecto de su futuro político. Se diferencia de Cristina cada vez que puede, como lo hizo en Idea, preguntando a los empresarios si durante su Gobierno la AFIP los perseguía o alguien les había pedido plata para obra pública.

De todos modos, antes de avanzar en posibles candidaturas, está decidido a poner todo su esfuerzo en frenar la eliminación de las PASO. Entiende que sí o sí, las boletas del Frente de Todos deben definirse con un mecanismo de participación partidaria. 

Cree que una elección con nombres elegidos a dedo los llevaría a una derrota directa y sin escalas. A diferencia de esta idea, el kirchnerismo duro avanza para que la eliminación de las primarias se realice sí o sí. 

El Presidente hoy no piensa claudicar antes de tiempo. Entiende que negociando con el kirchnerismo duro perdió siempre. Y que a pesar de haber cedido nunca dejaron de complicarle la gestión.

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Hoy Alberto planea hasta marcar una diferencia respecto de la postura que Argentina llevará a la cumbre de presidentes que se realizará en Indonesia a fin de año. Allí la intención del gobierno argentino es condenar junto con Francia de una manera tajante a Vladimir Putin por no frenar la guerra contra Ucrania. Esto para el kirchnerismo más duro también representa un ataque contra Cristina.

Será por todo eso que por estas horas, en el acto principal por el día de la Lealtad peronista, Máximo Kirchner, sin nombrarlo llamó a Alberto "traidor". Será por eso que por primera vez el sindicalismo salió a pedir a Cristina candidata, diciendo que es con quien se identifican. 

Hugo Yasky, diputado y secretario general de la CTA lo dijo claramente "Cristina es la compañera que nos representa, es la conductora de nuestro movimiento". Al mismo tiempo de estas palabras se escuchaban los cantos al ritmo de "se siente, se siente Cristina Presidente". 

El ministro de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires, inclusive, fue por más: "Es mi candidata", mientras entraban y salían de la zona de Plaza de Mayo micros con banderas con la leyenda "Cristina 2023". Con merchandising incluido, el operativo clamor por Cristina arrancó.

Frente a esto y a un Mauricio Macri que busca envión con la presentación de su segundo libro pero que aún no define si se queda en el lugar de "pater noster" de Cambiemos o va por su segundo tiempo en el Ejecutivo, el Presidente entendió que no puede quedarse atrás. Su tiempo de tomar decisiones en soledad llegó. Perdido por perdido, pretende dar pelea. Y está en ese camino, aunque muchos no lo crean.

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