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Un nuevo club acaba de formarse en América Latina. Es el resultado de la unión de una nueva derecha que busca la hegemonía regional para romper con el rumbo que la izquierda le imprimió en las primeras dos décadas del siglo.

“Faro de faros”, escribió en X el asesor Santiago Caputo al compartir una foto de Javier Milei durante la asunción de Fujimori en Perú. A su lado estaban Rodrigo Paz, de Bolivia; Nasry “Tito” Asfura, de Honduras; José Antonio Kast, de Chile; José Raúl Mulino, de Panamá; Daniel Noboa, de Ecuador, y Santiago Peña, de Paraguay.

Todos celebraron el ingreso de Keiko al grupo. La semana próxima se sumará Abelardo de la Espriella, en Colombia, que envió a su vicepresidente electo, José Manuel Restrepo. El único ausente relevante fue Nayib Bukele, que va camino a convertirse en presidente eterno de El Salvador.

Milei es hoy el máximo referente de esta grey. Cuando llegó a la Presidencia, el único de esa foto que ya gobernaba era Noboa, elegido tras el magnicidio de Fernando Villavicencio. El argentino llegó al poder convencido de librar una batalla regional contra una izquierda dominante. Además, gobierna el país más significativo. La Argentina es la tercera economía latinoamericana, detrás de Brasil y México, y conserva influencia cultural, política y diplomática.

También es el único con resultados para mostrar. Realizó el mayor ajuste fiscal y el vuelco desregulador más profundo de América Latina en este siglo. Pese a los claroscuros, la inflación cayó a una décima parte, la macroeconomía se estabilizó y algunos sectores crecen. Milei se convirtió además en una celebrity mundial, odiada y admirada en distintos países. Varios de estos presidentes rompen con partidos tradicionales. Otros provienen de fuerzas históricas, pero asimilaron este nuevo lenguaje.

Los tres ejes del club

Lo primero para todos es una lucha frontal contra el crimen organizado, incluso apelando a los militares. Keiko anunció que en los departamentos en emergencia asumirán la seguridad interior junto con la Policía. De la Espriella intentó asumir en un cuartel para presentarse como comandante en jefe de un país en guerra, pero el Congreso no se lo permitió.

El crimen transnacional exige coordinación fronteriza y operativos conjuntos. Que Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia —por donde pasa la ruta de la cocaína— tengan gobiernos alineados crea condiciones para golpear esas redes.

El segundo eje es el compromiso con el sector privado: reducir el peso y las regulaciones del Estado y garantizar inversiones, sobre todo en minería, energía y campo. América Latina puede convertirse en un polo de atracción por sus recursos naturales y sus gobiernos prooccidentales. Clave en tiempos de nearshoring y friendshoring, en los que Estados Unidos y Europa buscan trasladar cadenas productivas a países cercanos y aliados.

El tercer eje, y el más importante, es el alineamiento total con Estados Unidos. La derecha latinoamericana siempre fue proestadounidense, pero ahora la prioridad absoluta es Washington y su agenda regional. En algunos hay convicción, como Milei; en otros, más pragmatismo, como Rodrigo Paz.

Todos perciben un cambio: Estados Unidos está más decidido a contrarrestar a China. Y Trump, a favorecer a sus amigos. Presentarse como sus hombres en la región puede potenciarlos y dificultar el regreso de la izquierda. Ese alineamiento atraviesa los otros ejes: la seguridad se apoya en sus fuerzas y servicios de inteligencia y la apertura al capital busca inversiones estadounidenses para recuperar terreno ocupado por China.

Lula, el último sobreviviente

En ese contexto cobra sentido el choque Lula-Milei. El argentino viajó a Brasil para hacer campaña por Flávio Bolsonaro, algo inédito pero coherente con la nueva política regional. Como referente del club y principal interlocutor de Trump en Sudamérica, también representó al grupo.

El presidente estadounidense, Donald Trump, anunció este lunes que espera mantener reuniones con su homólogo brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva (Fuente: Archivo).
El presidente estadounidense, Donald Trump, anunció este lunes que espera mantener reuniones con su homólogo brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva (Fuente: Archivo).

Trump ya interviene con fuerza en la campaña brasileña, por ejemplo mediante los nuevos aranceles anunciados hace diez días. Lula es hoy su único escollo real en América Latina. Uruguay carece de peso suficiente y México, pese a estar gobernado por la izquierda, depende tanto de Estados Unidos que está plegado a Washington. Por eso Lula evitó responder a Milei y delegó la contestación en Itamaraty. Ese mismo día enfrentó a Trump por los aranceles y le advirtió que nadie de afuera decidiría quién debía ser el próximo presidente brasileño.

La ofensiva responde también a una elección que, a dos meses, muestra a Lula consolidado para conseguir un cuarto mandato. La economía exhibe más indicadores positivos que negativos y el promedio de encuestas le da nueve puntos sobre Bolsonaro en primera vuelta. Con 41%, está lejos del 50% necesario para evitar el balotaje. Pero en segunda vuelta conserva cinco puntos de ventaja.

Hay una paradoja histórica. Hace 23 años, Lula lideró un proceso similar en sentido contrario: un club de presidentes que buscó contrarrestar la influencia estadounidense, consolidar vínculos con China y promover un giro regional hacia la izquierda. Durante casi 20 años, ese espacio reunió a Hugo Chávez, Rafael Correa, Evo Morales, Fidel y Raúl Castro, Daniel Ortega, Fernando Lugo y Néstor y Cristina Kirchner.

Lula aspira ahora a ser su único sobreviviente. Trabajará para que la nueva derecha fracase y permita el renacimiento de una izquierda que vuelva a mirar a Brasil para resistir a Estados Unidos. La alternativa es un cambio de época duradero: que la nueva derecha triunfe y que la decisión estadounidense de priorizar a la región exceda a Trump y se convierta en política de Estado.

Tal vez, dentro de cuatro años, un Lula imposibilitado de buscar otra reelección deba entregar el mando —¿a otro Bolsonaro?—. Washington habría conseguido la frutilla del postre: un Brasil alineado con Estados Unidos.