Y un día se fue de la Selección. Pero deja su carrera una gran cantidad de ejemplos aplicables a todos los campos, incluído lo económico. Desde que a los 13 años se fue a Barcelona, porque ningún club le cubrió el tratamiento con hormona de crecimiento, hasta ayer, nada fue fácil. Nada fue sin esfuerzo.
Argentina se halla en medio de un plan de estabilización para tratar de ver si finalmente abandona décadas y décadas de constante atraso. Como un crack solo no alcanza para ganar un partido o un Mundial, también, a nivel país, lo que importa es el sistema.

Brilló con Xavi e Iniesta y con Scaloni. Lo que importa son los equipos y las instituciones para mantener el rumbo al progreso. Los salvadores individuales no existen.
La credibilidad de un país tarda en construirse. Perdió tres finales seguidas con la Selección (2014, 2015 y 2016), renunció y volvió. Recién ganó en 2021 la Copa América con la Selección, a los 34 años y en 2022 su Mundial. En los programas económicos, los resultados llegan después de sostener el rumbo, no al primer intento.
Hay que adaptarse al cambio. Pasó de extremo, a falso 9 y después a armador, y a administrar la energía y correr menos con el paso de los años. Los países tienen que reaccionar a los shocks, cambios tecnológicos y al paso del tiempo.
Para nosotros, para los argentinos, para funcionarios y políticos, la humildad es el mensaje. Como él mismo dijera en una de las tantas entrevistas, “tengo muy claro que nací así porque Dios me eligió a mí, fue un don que él me dio. Hay mucha gente con talento, pero para ser profesional hay que hacer un sacrificio muy grande”.
Gracias Capitán.

Por Guillermo Laborda
Subdirector periodístico de El Cronista
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