

Tras conocerse este domingo el resultado de las elecciones de primera vuelta de Brasil, en las que Flávio Bolsonaro —hijo del expresidente Jair Bolsonaro— se impuso sobre el actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva por 47,03% frente al 45,16% de los votos, comenzó a moverse el tablero político en la región.
Sobre lo acontecido durante los comicios opinó el politólogo Andrés Malamud en el streaming Cenital, donde puso el foco sobre la falla de las encuestas, que daban ganador a Lula por diferentes márgenes. Además, señaló con sorna: “Jair Bolsonaro tuvo un toque de genio, no estoy diciendo que lo sea, nadie lo acusa de ser inteligente, pero evidentemente no es estúpido. Flávio era el mejor candidato que podía buscar”.
Para entender el presente, Malamud recurrió a la academia, citando el trabajo de los politólogos Daniela Campello y César Succo. “La probabilidad de reelección presidencial en América del Sur depende en un 80% de dos números que ellos no controlan: el precio de las commodities y la tasa de interés internacional”, señaló.
Bajo esta premisa, el analista sugirió que, más allá de la gestión de los gobiernos, el mundo suele ser “más fuerte” que las propias administraciones locales.
Según Malamud, este escenario de volatilidad internacional, sumado al impacto del shock de combustibles y la inflación, deja a los oficialismos en una posición de vulnerabilidad absoluta, una tendencia que parece cruzar las fronteras de toda la región.
Un balotaje sin reversiones en Brasil y el guiño a la Argentina
Uno de los puntos más agudos de su análisis se centra en la dinámica del balotaje brasileño. A diferencia de lo que ocurre en Argentina —donde la reversión del resultado en la segunda vuelta es un fenómeno recurrente—, Malamud observó que en el vecino país la lógica es distinta: “A partir de este siglo, siempre hay balotaje en Brasil y nunca hubo reversión. Siempre ganó el primero”.
Esta observación no es menor en un escenario donde la diferencia entre los candidatos se estrecha. No obstante, el politólogo mantuvo una cuota de prudencia: “No significa que lo que pasó vuelva a pasar, pero es una pista importante”.
Sin embargo, Malamud no pudo evitar trazar un paralelismo con el gobierno de Javier Milei, quien, a su parecer, debiera estar preocupado por el “efecto descontento” que podría repercutir en su gestión.
En ese sentido, también habló del juego que empieza a jugarse esta semana para la Argentina: “El cálculo no deja tan mal parado al kirchnerismo, porque cualquier cosa es posible. Cualquier preso o hijo de preso puede ser Presidente”. Este argumento se sostiene, máxime cuando se toma como referencia una de las promesas de campaña de Flávio Bolsonaro, que prometió indultar a su padre.
Retomando su profundo análisis de coyuntura sobre la sociedad brasilera, Malamud ve una luz de esperanza —otra de las aristas a las que se aferra el Partido de los Trabajadores— respecto a que, al definirse este domingo la elección de San Pablo, donde ganó Tarcísio de Freitas, candidato a gobernador del Partido Liberal, la gente podría optar por no ir a votar.
Con este cuadro de situación planteado, queda saber qué acontecerá el próximo domingo 25 de octubre cuando Lula y Bolsonaro se vuelvan a medir. En Argentina, se seguirá la segunda vuelta como si fuera propia.
















