Fundaron Temple

Son los dueños de la cerveza y ahora van por el gin: lanzaron una versión con 53% de alcohol

Los creadores de la famosa cerveza artesanal ahora apuestan por el gin con su marca Bosque que esta semana está presentando su etiqueta Alta Montaña. Cómo llegaron a conquistar el mercado artesanal.

La categoría artesanal, dentro del inmenso mundo de las bebidas, tuvo su auge de la mano de la cerveza y ahora se replica con el gin. Durante la cuarentena, el consumo de la bebida fue de las favoritas para armar tragos en casa: es que el gin tonic es un clásico rico y fácil de preparar.

En el mundo la categoría crece y la Argentina no es la excepción. Además de marcas internacionales que traen nuevas etiquetas, los nacionales se destacan con sus versiones craft que son de gran calidad y que recolectan premios y medallas en Europa.

Los dueños de Temple, que ya se consolidaron en el mercado de la cerveza, apostaron por la bebida en el momento justo. En 2018 empezaron a trabajar la idea de un gin propio que vio la luz en 2019 cuando salió Bosque, inspirado en la Patagonia y su biodiversidad, y elaborado con enebro salvaje, como diferencial.

"Veníamos pensando que la propuesta de Temple tenía que ofrecer la mayor cantidad de productos artesanales posible. Y, desde el lado del negocio, en poder generar nosotros los productos que vendemos", explica Juan Nielsen, uno de los cuatro socios que llevan adelante el proyecto, lista que se completa con Juan Chereminiano y Facundo Imas y Bruno Ananía.

"Nos encanta pensar productos, cómo mejorar la experiencia del cliente en los locales y de qué manera llegar a más público. En Argentina se estaba empezando a desarrollar la categoría artesanal y decidimos ir a un producto premium, y tuvimos que pensar no solo en el precio sino en que la gente se sintiera orgullosa de probar un gin argentino", amplía Nielsen y explica que se animaron a dar el primer paso a través de sus propios bares, que resultaron el lugar ideal para que los primeros consumidores probaran el producto. Luego vinieron las vinotecas y otras tiendas del rubro.

Su nueva etiqueta Alta Montaña, con 53% de alcohol.

Bosque ya ganó tres premios internacionales con medalla de plata: el World Gin Awards 2021 y el IWSC 2021 en Inglaterra, y el USA Ratings 2021, en Estados Unidos.

Y esta semana están lanzando su versión Alta Montaña, con 53% de graduación alcohólica, ideal para climas extremos. Su presentación será en Bariloche de la mano de la bartender Mona Gallosi.

La pandemia empujó la venta online y nuevos usuarios lo probaron puertas adentro: "La cuarentena fue un disparador. Nosotros ya teníamos el producto, sabíamos que era de calidad y aprovechamos para usar nuestra creatividad y nuestra base de datos para hacérselo llegar. La categoría viene creciendo por productos como este: nacionales y de alta calidad, que hoy son requeridos en muchos lados del mundo", dice Nielsen y menciona que ya lo exportaron a Suiza y Dinamarca, y tienen pedidos próximos a partir para países de América latina, Europa y Estados Unidos, gracias a los premios que recibieron y que los pusieron en el radar.

"El mundo de las bebidas está totalmente internacionalizado. Hoy el origen del producto es relativo, encontrar productos de mucha calidad en cualquier lugar del mundo, y la Argentina lo demuestra", explica el socio de la etiqueta que produce 20.000 botellas por mes.

Pero por supuesto, aunque los cambios de hábito repuntaron el consumo en casa, los bares sufrieron con los cierres estrictos. "Fue muy duro para toda la gastronomía. Para nosotros y nuestros franquiciados y toda la red. Tuvimos que trabajar mucho en la contención y la ayuda tanto económica como de gestión a todos nuestros socios estratégicos", menciona Nielsen y explica que la clave estuvo en poder reinventarse rápidamente para traccionar ventas a través del mundo online y de delivery. 

"Estábamos preparados y apuntamos los cañones a eso que ya teníamos trabajado y lo acomodamos a la nueva realidad. Eso nos ayudó a aprovechar esta otra ocasión de consumo para dar a conocer el producto a otra gente. Hay que hacerse fuertes y estamos listos para lo que viene".

Cómo se gestó

Los socios buscaron una conexión con la naturaleza a través de los aromas y sabores de los botánicos del destilado cuando lo imaginaron. Para estos fanáticos del aire libre y la naturaleza, la Patagonia se volvió el "principal ingrediente" de Bosque.

El gin inspirado en la Patagonia vio la luz en 2019.

Su mayor diferencial es que se elabora con enebro salvaje que lo cosechan micro-productores de El Bolsón, Esquel, Puelo y zonas cercanas. Es un tipo de gin contemporáneo con perfil cítrico, que macera en frío los botánicos durante 48 horas previo a destilar. Además tiene ingredientes como coriando, cardamomo, flores de azahar, clavo de olor, cedrón, piel de pomelo y piel de limón.

"Somos muy emprendedores y nos gusta encarar los proyectos nosotros y de forma muy meticulosa para llegar a un producto que nos guste. Es probar y que las cosas vayan saliendo y tomarnos el tiempo que sea necesario. Nosotros consumíamos mucho gin en los bares y teníamos muy en claro lo que quería el consumidor. Buscábamos algo artesanal, que tuviera insumos nacionales, notas cítricas, de alta calidad pero que no fuera complejo y que tuviera una muy buena tomabilidad", explica Nielsen.

La receta se fue trabajando en conjunto con expertos del mundo del gin y probaron varias hasta que dieron con la indicada. "Cuando llegamos a lo que queremos es una mirada. No tuvimos que discutirlos más. Los cuatro lo probamos, nos miramos y sabíamos que era esa", recuerda con alegría.

De la mano de la Patagonia

La marca ahora está trabajando de la mano de ReforestArg, una ONG que se dedica a recuperar arboles de la Patagonia que se hayan perdido en incendios. "Entendimos que era una causa espectacular, que tenía que ver con nosotros. No es una casualidad que nos llamemos Bosque: nos encanta la montaña, el bosque, la naturaleza. Entendemos la importancia que tiene en nuestro futuro y Bosque nació de ahí", aporta Nielsen.

La firma ya se sumó a trabajar en conjunto, participando de viajes y dando apoyo tanto económico como logístico y tienen planeado un nuevo viaje en septiembre para seguir trabajando en la reforestación. "Ellos necesitan el apoyo de la gente y de las empresas para cuidar la naturaleza que tenemos en Argentina. Queremos que tengan todas las facilidades y vamos a apoyarlos para conseguir más".

Su historia

En 2010, el dueño de un bar irlandés venido a menos del microcentro les hizo una oferta a Imas y Chereminiano: comprar The Temple Bar, con mercadería y todo. "Nos lo había querido vender un año antes por US$ 150.000. Nos llamó y nos dijo que lo iba a rematar y nos pidió US$ 30.000. Pensamos que mucho no podíamos perder", recuerda Imas.

En ese momento, habían sumado un tercer socio, Bruno Ananía, primo de Imas, y entre los tres se encargaron de darle una vuelta de tuerca al bar, aunque no sabían ni pinchar un barril de cerveza. Además de conocer a los empleados, reestructurar las deudas y actualizar la carta (entre otras tareas de las que debieron ocuparse), el trío trabajó en el rebranding. Era el año 2010, y estaban cursando Naves en el IAE de la Universidad Austral. Allí les aconsejaron pensar en grande y decidieron encarar el bar igual que pensarían una marca.

Amigos y socios: empezaron en 2010, cuando compraron un bar venido a menos en el Microcentro.

Contrataron una diseñadora y transformaron el lugar para satisfacer mejor a sus mejores clientes: los grupos de amigos. "Todo lo pensamos en base a eso. Empezamos a ofrecer jarras de cerveza, armamos mesas grandes, platos para compartir y pusimos un DJ. Nos propusimos ser el lugar donde vinieran a festejar el cumpleaños o a celebrar una recibida", recuerdan y, en los primeros seis meses triplicaron la facturación. Cinco años después, ya tenían cuatro locales propios funcionando.

En 2014 se sumó Juan Nielsen, que en ese momento era proveedor del trío cuando trabajaba en Pernod Ricard. Él fue el encargado de desarrollar la expansión con franquicias y en 2015 abrieron la primera en Córdoba.

Con la marca encaminada, los socios se encontraron con que era cada vez más difícil abastecer los locales. Hasta el momento, se vendía cerveza artesanal con su marca fabricada por terceros, pero los proveedores apenas daban abasto para acompañar el crecimiento. Por eso, luego de una propuesta de un grupo inversor que los hizo alertarse sobre el movimiento de cerveza artesanal en el exterior, decidieron abrir su propia fábrica

Consiguieron un socio que iba a aportar el capital en conjunto con ellos, habían firmado un alquiler por 10 años en un galpón enorme sobre Panamericana, y dos días antes de cerrar el trato, el grupo se echó atrás. "Ese día pensamos que se caía el mundo abajo. Pero al día siguiente nos juntamos, hicimos tres llamados y conseguimos a quien nos ayudara con el dinero. Eso puso a prueba nuestra amistad y el capital humano. Salimos fortalecidos", reconoce Imas.

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