Gina

El mejor gin argentino: lo hizo una experta en Finanzas en la Patagonia y ganó el oro en Londres

Gina es el primer gin floral hecho en la Patagonia. Este año fue elegido como el mejor de la Argentina en el principal concurso mundial. Se hace en la primera destilería de Neuquén, a cargo de Taté Moretti, con 20 años de experiencia en Finanzas. Tiene un vodka, ya lanzó un gin tonic en lata y su objetivo final es hacer el primer whisky de la provincia.

El mejor gin de Argentina se llama Gina y ganó la medalla de oro en Londres. Se hace en la primera destilería de Neuquén, la provincia más próspera de la Patagonia. Y se elabora a base de flores, un perfil aromático 100% innovador en el mundo para una bebida espirituosa asociada a lo herbal o cítrico, y con enebro -el ADN de todo gin- de la Cordillera de los Andes.

Su creadora es Taté Moretti, licenciada en Finanzas con más de 20 años de trayectoria en la primera línea del negocio bancario, una cima a la que llegan pocas mujeres. Lo mismo sucede con su profesión paralela: es una de las pocas mujeres destiladoras del país¿Su sueño? Elaborar el primer whisky de Neuquén.

En apenas tres años, sus productos -también elabora vodka- ya dan que hablar en las mejores barras del mundo. Además, lanzó un gin tonic en lata (con y sin azúcar). Y Patagonian Distillery, su emprendimiento familiar, hoy es una fábrica de bebidas destiladas a fason: tiene cuatro alambique y una capacidad de producción instalada de 1000 litros diarios. 

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Un alambique de cobre. Una fórmula de 12 botánicos que incluye 6 flores en la composición: pétalos de rosa, pétalos de jazmín (de China), flor de azahar (de España), flor de lavanda, flor de manzanilla y flor de sauco. Y el enebro, por supuesto. Pero cosechado de los juníperos que crecen en la cordillera andina.

Ese es parte del "atrevimiento", como define Taté Moretti a su premiado Gina Patagonian Dry Gin, que ganó la medalla de oro y premio a mejor gin argentino en la cotizada categoría Best Signature Botanical en el World Gin Awards 2021, en Londres

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Además, Gina cosechó el bronce en el prestigioso International Wine & Spirit Competition 2021, también en la capital inglesa. Y allí recibió la medalla de plata su Noctua Vodka Patagónico, consagrándose como el primer vodka craft premiado de la Argentina.   

Atrevimiento es un lema en la vida personal y profesional de Natalia Moretti, Taté, una neuquina de 42 años experta en patear el tablero, siempre con una sonrisa hasta en la mirada y una planilla de Excel a mano. Su reciente faceta emprendedora en su provincia natal convive con una carrera bancaria de élite durante dos décadas en Buenos Aires. Y la certeza de que "tener metas cortas pero objetivos grandes" es la clave.

-¿Cómo llegaste al negocio bancario?

A los 22 años me recibí como licenciada en Finanzas, en UADE, después de haberme ido de Neuquén a Buenos Aires a los 18. Tenía una beca porque mis padres no podían pagarme la carrera, así que estaba la presión de sostener un promedio alto para no perderla

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Quise estudiar la carrera sin haber ido a una escuela comercial. No había tenido ni Contabilidad en el colegio: el Debe y el Haber lo aprendí en la facultad. Pero me sentía cómoda con las matemáticas. Siempre decía: "Quiero abrir el diario al medio y entender todos esos numeritos". 

Ese fue mi desafío. A los 20 empecé a trabajar en un banco. Y, de golpe, me di cuenta que me había metido en un mundo con mayoría de hombres, como son las finanzas puras. Me acuerdo que era ayudante de prácticas en la cátedra Matemática Financiera 2, a la noche, y veía a esos hombres de mercado, de la Bolsa. ¡Era un mundo de película para mí! 

-A principios de 2001 empezaste a trabajar en el Banco Hipotecario. ¿Cómo viviste la crisis de fines de 2001?

Empecé como cajera y me fue muy bien, con áreas a cargo en casa central. De hecho, sigo trabajando en el Hipotecario, como Oficial de Inversiones y responsable de la plataforma comercial de toda la provincia de Neuquén. El 2001 fue una experiencia muy difícil y dolorosa, con mucha frustración por estar del otro lado del vidrio y no poder resolver lo que la gente pedía, con todo derecho. 

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-Te mudaste desde la Patagonia, estudiabas, trabajabas y vivías en una ciudad muy estimulante. ¿De qué manera aprovechabas el tiempo libre?

¡Mis años en Buenos Aires fueron espectaculares! Si bien estaba el estrés de estudiar, de bancarme sola y de salir adelante, no dejé nunca de pasarla bien, jamás. Con Hernán (López Sosa) vivimos juntos desde los 23 años. Nos conocimos de adolescentes en Neuquén pero dijimos: "Si esto va a ser para toda la vida, que no sea desde los 15". Así que cuando nos reencontramos en Buenos Aires, nos mudamos a Las Cañitas, que en ese momento era 'el' polo gastronómico. Volvía del trabajo y directamente nos encontrábamos en el bar de la esquina, después íbamos a casa. ¡Se nos hacía de día en Van Koning! (risas).

-¿Por qué volvieron a Neuquén y cómo surgió el proyecto de la destilería?

Se nos hizo complicado el ritmo de vida en Buenos Aires con los chicos y teniendo a toda la familia en el sur. Un día nos miramos y decidimos volver por los chicos, ya que los cuatro abuelos viven en Cipolletti. Era jefa de Cuentas e Inversiones en casa central del Hipotecario y Hernán también estaba en el máximo punto de su carrera, con un posgrado recién terminado. Pero nos bajamos de la ola. "Se terminó. Esto no da para más. Queremos estar cerca de nuestros viejos y que nuestros hijos se críen con sus abuelos". 

Decidimos que cada uno avisaba en su trabajo: al que primero conseguía traslado o cambio, el otro lo acompañaba. Me dieron el pase a Neuquén y Hernán tuvo que renunciar. Pero lo apreciaban tanto que le dijeron: "Como no te podemos retener, te vamos a ayudar". Y el primer trabajo que consiguió acá fue por recomendación de ellos.

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Al principio fue difícil. Estábamos seguros y felices con la decisión, pero también queríamos empezar algo propio, en paralelo con nuestros trabajos. Primero pensamos en abrir una peña, porque Hernán es músico de toda la vida. Teníamos claro que queríamos algo relacionado al disfrute, pero bodegas, sidreras y cervecerías artesanales hay un montón. Y un día me di cuenta que no había destilerías. Viendo el fenómeno del gin y el vodka en el mundo, decidimos ir por ahí.

-¿Pero sabías algo de destilación?

No, me puse a aprender de cero, con libros y sitios web. ¡Volví a estudiar! Compramos un alambique y todos los elementos de laboratorio. Decidí empezar por el vodka porque, en mi hábito de consumo, lo más importante de una bebida es cómo está tratado el alcohol. Te puede gustar el gin, el ron, el whisky o el fernet, pero es la base alcohólica lo que define la calidad de la bebida. 

Y la única bebida que es alcohol y agua es el vodka. Dije: "Si sé hacer vodka, todo el resto lo voy a poder manejar". Y me salió espectacular. Fue un proceso de más de un año de pruebas, porque es difícil hacer un producto agradable cuando su mayor virtud es que no tenga gusto a nada.

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Ahí, decidí seguir con el gin que, de hecho, es vodka saborizado con enebro. La base del gin, es el enebro, esa baya tan preciada de los juníperos que acá en la Cordillera es tan común. Es chiquita, parece un arándano y adentro tiene una resina que se llama nebrina y define al gin. Sin eso, es vodka. 

-En apenas tres años, y con un 2020 de pandemia de por medio, tu emprendimiento familia pasó de ser boutique a la primera fábrica de destilados premium y a fason de Neuquén. ¿Cómo lo lograron?

Con esfuerzo. Y sin bajar los brazos. A principios de 2018 tenía el vodka. En mayo de 2019 lancé Gina. Un año después, estábamos en pandemia. Fue muy complejo habilitar la destilería. Y es lógico, porque hacemos alcohol, no mermelada de frutilla: son muchas instancias de control, súper necesarias de cumplir y exigir, porque en el mercado hay tantas bebidas nuevas que no tienen un sólo registro...

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Ahora, de nuestros tres años de vida, pasamos dos en procesos de habilitación. La primera la inauguramos en 2017 en Cipolletti, con el vodka. Enseguida nos quedó chica porque se manejan volúmenes grandes, tenés los pallets de botellas, los tambores de 200 litros. Además, queríamos comprar otro alambique y no entraba. Ahí decidimos cruzar el puente y mudarnos a Neuquén. 

Habilitamos dos destilerías, en dos años, en dos provincias. ¡No me digan que no se puede y por eso destilan en el garage de la casa! No estamos en la Ley Seca, donde había que producir de manera clandestina. Sí, te van a exigir. Pero gracias a eso vas a tener un rótulo nacional que te va a habilitar a exportar y también a destilar para otros.

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-¿Cómo está equipada la fábrica y cuánto produce actualmente?

Tenemos 4 alambiques. Uno alemán, de 3 litros, divino, parece un adorno, donde hago las pruebas de producto, porque me permite testear con poco volumen. Uno de 100 litros, de Estados Unidos, que fue con el que empezamos. Otro alemán de última tecnología, de 400 litros. Y el recién llegado, de 200 litros, es industria nacional, fue fabricado en Mar del Plata. A nivel destilación, es un montón, porque nos permite elaborar unos 1000 litros diarios. Hoy estamos en 1000 litros semanales, con el vodka como menos de la décima parte, en ediciones batch (pequeñas partidas).

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Por eso también apostamos al desarrollo de gin para terceros: otras marcas salen de mi destilería y se venden con su etiqueta. Mi bandera es Gina. Cada gin tiene una receta, dada por los ingredientes: pueden ser similares entre marcas, pero la diferencia está en las proporciones

Lo más satisfactorio me pasó con el gin que hice para una famosa cervecería artesanal patagónica. Me pidieron que tuviera aroma a tiento, a establo, con gusto a guanaco. ¡Y yo vengo de las flores! Fue un desafío buscar los botánicos de tierra, más herbales y rústicos. Ya mandé las primeras partidas y están fascinados. Me demostró de qué soy capaz.

-¿Cuánto falta para que hagas whisky?

 ¡Va a llegar! Me gusta mucho el whisky, de toda la vida. Siempre fui una consumidora puntillosa, de salir a un bar con mi marido y cada vez probar uno distinto. Fui entrenándome en lo sensitivo con los años, analizando qué y por qué me gustaba. Además, es un reclamo de mis hijos (Luca, de 11 y Ciro, de 9) porque la hermana (de 6 años) ya tiene el gin con su nombre.

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-¿Un consejo para quien tiene, como vos, una carrera profesional consolidada y, también, el sueño de emprender?

Celebro el atrevimiento. No estudié química, biología ni enología. Soy licenciada en Finanzas y hago gin. Lo esencial es proponérselo y salir a buscarlo. No aflojarle nunca. Emprender sin tapujos. Ir con metas cortas pero objetivos grandes. Eso te permite tener satisfacciones día a día. Emprender no es para cobardes sino para atrevidos: si invertís en aprender, preguntar, buscar y saber, todo es posible.  

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