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Yasuo Takamatsu sale dos veces al mes desde el puerto de Onagawa, en la prefectura de Miyagi, Japón, y se sumerge en el mismo mar que se llevó a su esposa Yuko durante la catástrofe de 2011. Desde entonces realizó más de 760 inmersiones, en una búsqueda que comenzó después de que los operativos oficiales no lograran encontrar los restos de su esposa.

El 11 de marzo de ese año, un terremoto de magnitud 9 desencadenó un tsunami que avanzó varios kilómetros sobre la costa del Pacífico japonés. Esa mañana, Yasuo llevó a Yuko hasta el banco donde trabajaba y ambos conversaron sobre la cena que tendrían esa noche.

Poco después, las alarmas obligaron a la mujer y a otros empleados a subir a la terraza del edificio. Desde allí le envió un mensaje a su marido antes de que el agua arrasara la zona.

El día que el tsunami se llevó a su esposa

Al día siguiente, Yasuo acudió al hospital municipal donde se concentraban los sobrevivientes, pero Yuko había desaparecido. Durante los días y semanas posteriores, las autoridades recuperaron miles de cuerpos en distintos puntos de la costa, aunque ella nunca fue localizada. Durante dos años, el hombre siguió los trabajos de los buzos de la Guardia Costera japonesa, que exploraban el fondo marino en busca de víctimas y pertenencias.

Yasuo Takamatsu y su fallecida esposa Yuko (Fuente: Captura de video).
Yasuo Takamatsu y su fallecida esposa Yuko (Fuente: Captura de video).Captura de video

Ante la falta de resultados, Yasuo tomó una decisión que cambiaría su vida: aprendió a bucear para continuar por su cuenta la búsqueda. Desde entonces, dos veces al mes se coloca el equipo y desciende frente a Onagawa. A unos 50 metros de profundidad encuentra un paisaje marcado por la tragedia, con vehículos destruidos, estructuras y otros restos que permanecen bajo el agua.

El mar se convirtió en su lugar de encuentro

Con el paso de los años, la búsqueda dejó de ser solamente un intento por encontrar los restos de su esposa y se convirtió en una forma de mantener su memoria. Como nunca se recuperó el cuerpo de Yuko, Yasuo tampoco tiene una tumba donde visitarla. Las inmersiones pasaron así a ocupar un lugar especial dentro de su duelo y de la relación que mantiene con su recuerdo.

Pese a haber perdido a su esposa en esas aguas, Yasuo no siente resentimiento hacia el océano. Creció nadando y pescando allí y continúa considerando que también es un lugar hermoso. Cada vez que regresa a la superficie mantiene la calma y habla de Yuko con afecto. Después de más de 760 inmersiones, sigue regresando al mismo lugar, convencido de que permanecer cerca del mar es también una manera de permanecer cerca de ella.