

Augusto Cury se define como un “cristiano sin fronteras”, una frase que convirtió en lema durante su trayectoria como psiquiatra y escritor de autoayuda. Su postulación a la presidencia de Brasil, un duelo disputado entre Lula Da Silva y Flavio Bolsonaro, parecía un hecho anecdótico. En los últimos meses, sin embargo, protagonizó un ascenso vertiginoso en la opinión pública y se transformó en la gran sorpresa electoral al meterse en el top tres de los comicios.
Su candidatura por el partido Avante buscó ser una alternativa frente a la polarización entre el lulismo y el bolsonarismo. Él mismo se define como de “centro” y, en uno de sus actos, sostuvo que el país “necesita superar el enfrentamiento entre los dos principales campos políticos”.
En su primer intento electoral, sumó el 2,90% de los votos y quedó tercero: esto representa a casi 3,5 millones de electores, cuyo peso puede ser determinante en la segunda vuelta a disputarse el próximo 25 de octubre.
El psiquiatra que se convirtió en un fenómeno de ventas
Cury nació en São Paulo el 2 de octubre de 1958 y creció en una familia de seis hermanos. Estudió Medicina y luego desarrolló una carrera vinculada a la psiquiatría y la educación emocional. Pero su reconocimiento público llegó principalmente como escritor y divulgador sobre la mente, las emociones y el comportamiento humano.
Publicó más de 70 libros y asegura haber vendido más de 40 millones de ejemplares en alrededor de 90 países. También creó la Escuela de Inteligencia, un programa basado en educación emocional y desarrollo personal.

Entre sus obras más conocidas está El vendedor de sueños—novela publicada en 2008 y llevada a la pantalla grande en 2016—, un relato que narra el encuentro entre un psicólogo al borde del suicidio y un hombre que desafía las convenciones del éxito, el consumo y el estatus social.
Más allá de su producción literaria, su vivencia personal forma parte de la narrativa que construyó alrededor de su obra. Es que Cuty atravesó un episodio depresivo durante su etapa universitaria que, según su relato, lo llevó a volcarse al estudio de la mente y a desarrollar técnicas orientadas a la gestión de los pensamientos y las emociones.
El candidato que esquiva la polarización
La oferta electoral de Augusto Cury se fundamentó en una premisa: el estancamiento político de Brasil en la polarización entre el lulismo y el bolsonarismo. Bajo este diagnóstico, su postulación busca representar al electorado que no se identifica con ninguno de los dos espacios dominantes.
Su plan incluye 18 proyectos para una sociedad que define como “polarizada y enferma”. Uno de sus pilares centrales es “La Revolución de la Educación”, donde plantea incorporar al sistema público la metodología de la Escuela de Inteligencia y ofrecerla gratuitamente.
Esta propuesta, explicó, busca enseñar a los alumnos a que sean autores y protagonistas de su propia historia intelectual. El proceso también involucraría a los docentes y a las familias para proteger la salud emocional en el ámbito educativo.

El proyecto generó cuestionamientos porque también se comercializa desde su estructura privada, aunque Cury asegura que desde el Estado lo aplicaría ad honorem.
También planteó modificaciones estructurales que comprenden la eliminación de la reelección para el Ejecutivo, limitar a ocho años los mandatos de los magistrados de la Corte Suprema y avanzar hacia el voto distrital.
En el plano social, su iniciativa más distintiva consiste en la creación de 10.000 “clubes de emprendimiento” en centros educativos e iglesias, acompañados por políticas destinadas a facilitar el acceso al crédito para los pequeños negocios.
En materia económica se encuentra más alineado a los planteos de Flávio Bolsonaro, lo que puede ser clave para el hijo del expresidente: plantea déficit fiscal cero, reducción del gasto público, menor endeudamiento y un Estado más pequeño.
Sin embargo, se acerca a la visión de Lula da Silva con su propuesta de ampliar las políticas de educación y salud mental y fortalecer las oportunidades para pequeños emprendedores. Su fórmula política: cabeza capitalista y corazón socialista.
Su plataforma y recorrido provienen de una trayectoria consolidada como autor, empresario, conferenciante y divulgador de sus propias teorías sobre la mente, un camino que ya había amagado con llevarlo a una candidatura presidencial en 2010, proyecto que frustró por la oposición familiar y sus compromisos profesionales.
Dieciséis años más tarde, finalmente concretó el salto y su resultado electoral lo convirtió en un actor relevante para Lula Da Silva y Flávio Bolsonaro, ya que abrió un interrogante sobre qué pasará con sus votos en la segunda vuelta.

















