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Tras más de 80 años de trayectoria en la industria alimentaria, la empresa láctea líder en Argentina SanCor pidió su propia quiebra ante la Justicia, al admitir que ya no puede sostener su funcionamiento ni cumplir con sus compromisos financieros.
La medida fue confirmada por la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (Atilra), que informó que la cooperativa presentó formalmente el pedido tras el fracaso del concurso preventivo de acreedores iniciado a comienzos de 2025.
Tras 80 años de historia, SanCor solicitó su quiebra
El pedido fue presentado ante el Juzgado de Primera Instancia de Distrito 5 en lo Civil y Comercial de la Cuarta Nominación de Rafaela, en la provincia de Santa Fe.

De acuerdo al comunicado difundido por Atilra, la decisión se tomó luego de que la sindicatura, el comité provisorio de control y la coadministración designada por el juzgado coincidieran en que la empresa se encuentra en un estado de cesación de pagos, insolvencia patrimonial general y definitiva. Actualmente, pesan sobre la cooperativa más de 20 pedidos de quiebra impulsados por distintos acreedores.
¿Por qué SanCor pidió su propia quiebra?
SanCor arrastra desde hace años una profunda crisis económica que no logró revertir, ni siquiera a través del concurso preventivo iniciado en febrero de 2025. Según informó la propia empresa ante la Justicia, ese proceso ya no cumple el objetivo para el que fue concebido: ordenar la situación financiera y garantizar la continuidad operativa.
Entre los principales factores que llevaron a la presentación de la quiebra se destaca una deuda cercana a los 120 millones de dólares, la imposibilidad de acceder a nuevo financiamiento y una severa falta de capital de trabajo. A esto se sumó la dificultad para reducir costos estructurales al ritmo que exigía la crisis, lo que terminó agravando los desequilibrios.

La compañía también explicó que intentó sostener la actividad a través de acuerdos productivos con terceros para aprovechar su capacidad instalada, pero esos esquemas no lograron generar los ingresos necesarios para estabilizar la operación. Con el correr de los meses, el deterioro impactó de lleno en la relación con proveedores y en la dinámica productiva cotidiana.
Otro punto clave fue la acumulación de nuevas deudas durante el propio concurso preventivo, incluyendo obligaciones salariales, fiscales y comerciales. Esa situación terminó de comprometer el cuadro financiero y dejó a la cooperativa sin margen para presentar una propuesta de pago viable.
En ese contexto, la presión de los acreedores y la imposibilidad de formular un acuerdo preventivo serio y cumplible llevaron a SanCor a concluir que la quiebra es la única alternativa para ordenar el pasivo y darle un marco legal a su situación.
El rol del sindicato y la situación de los trabajadores
Desde Atilra, el gremio que nuclea a los trabajadores del sector, señalaron que el pedido de quiebra no cambia el diagnóstico de fondo, pero sí pone fin a una etapa de negación de la realidad económica de la empresa.

Además, denunciaron que SanCor mantiene una deuda de ocho meses de salarios y aguinaldos, lo que obligó a los empleados a sostenerse con el fondo solidario del sindicato.
En enero de 2025, la cooperativa ya había despedido a 300 trabajadores en plantas de Córdoba y Santa Fe, bajo el argumento de “fuerza mayor”. Al momento de esos despidos, SanCor tenía alrededor de 1350 empleados, muy lejos de los 4000 puestos de trabajo que llegó a sostener en 2017.
Ese mismo año, la empresa procesaba cerca de cuatro millones de litros de leche diarios, una cifra que hoy se redujo drásticamente a unos 500.000 litros, reflejo del fuerte retroceso productivo.
La historia de la empresa que cerró
SanCor fue fundada en 1938 en la región central del país, a partir de la unión de cooperativas de Santa Fe y Córdoba, origen de su nombre. Durante décadas, se consolidó como una de las compañías más importantes de la industria láctea argentina, con una fuerte presencia en el mercado interno y marcas ampliamente reconocidas.

Pese al duro desenlace, desde el gremio remarcaron que el dictado de la quiebra no necesariamente representa el final de la marca, sino el posible inicio de una nueva etapa, con una estructura distinta y basada en la calidad histórica de sus productos.













