En medio de los numerosos debates sobre la IA, todos pueden coincidir en algo: esta maravillosa tecnología genera grandes e inéditas incertidumbres. Los posibles desenlaces que plantean observadores serios van desde una utopía de productividad hasta la aniquilación de la humanidad.

Esa incertidumbre no tiene por qué ser paralizante. Por el contrario, podemos tomarla como fuente de enfoque: significa que la manera en que abordemos la revolución de la IA debe entenderse como una pregunta sobre cómo elegimos gestionar las incertidumbres y qué herramientas y principios adoptamos para aprovechar el riesgo y obtener el mejor resultado.

Recientemente, incluso la Casa Blanca de Donald Trump —difícilmente una administración escéptica ante la IA— viró hacia la imposición de al menos algunas restricciones regulatorias sobre los modelos más poderosos antes de liberarlos. La Argentina, en cambio, pregona un enfoque diferente. Su presidente, Javier Milei, declaró esta semana en el FT que su país se comprometería a no imponer regulaciones sobre lo que los algoritmos de IA podrán hacer y a crear una categoría legal de “corporación no humana”: empresas gestionadas íntegramente por IA.

La apuesta puede ser una jugada para atraer desarrolladores de IA a un país que busca un modelo de crecimiento más estable. Como señala Milei, la historia de la sociedad de responsabilidad limitada ilustra que alentar a los capitalistas a asumir riesgos puede generar buenos resultados. Peter Thiel, el multimillonario inversor tecnológico, parece seducido por el enfoque de Milei; según se informó, acaba de mudarse con su familia a Buenos Aires.

Sin embargo, un escenario sin reglas para la IA será difícil de aceptar para la mayoría de las jurisdicciones. En lo que solo puede describirse como el rincón opuesto al de Thiel —dada la fascinación del inversor con el anticristo—, el Papa León ofrece una explicación. Su encíclica papal sobre la IA no es un panfleto ludita: León celebra el potencial de la IA y otras tecnologías para “servir al desarrollo humano integral y al cuidado de nuestra casa común”. Sin embargo, insiste en que los riesgos no atañen solo a los resultados que persiguen las tecnologías, sino también a la visión desde la que lo hacen y a lo que nosotros, los humanos, nos convertimos en el proceso; es decir, no solo el “qué”, sino también el “por qué” y el “cómo”.

León nos recuerda que, aunque la IA puede superar la inteligencia humana, ambas no son lo mismo. Las IA “no saben desde adentro qué significan el amor, el trabajo, la amistad o la responsabilidad”. El aprendizaje automático “no implica crecimiento interior”. Advierte en particular contra las visiones llamadas post- o transhumanistas, porque estos intentos de mejorar a la humanidad consideran las limitaciones humanas como defectos que hay que eliminar.

Javier Milei, declaró esta semana en el FT que su país se comprometería a no imponer regulaciones sobre lo que los algoritmos de IA podrán hacer.
Javier Milei, declaró esta semana en el FT que su país se comprometería a no imponer regulaciones sobre lo que los algoritmos de IA podrán hacer.Presidencia

La contrapropuesta del Papa —que la humanidad florece “no a pesar de las limitaciones, sino muchas veces a través de ellas”— es algo de lo que cada vez más personas toman conciencia en el caso de la “rendición cognitiva”: la comprobación de que facilitar las cosas mediante la IA puede disminuir nuestras capacidades en lugar de potenciarlas. En esa misma línea, el FT se compromete a mantener siempre el juicio humano en el centro de su periodismo.

En cierto modo, estos enfoques contrapuestos —uno que se rebela contra los límites, el otro que identifica a la humanidad con ellos— quizás puedan reconciliarse. Pero eso requiere que la responsabilidad esté anclada en algún lugar. Desde las reflexiones papales hasta las obras de ciencia ficción tan queridas por las élites tecnológicas, las fuentes de la sabiduría humana coinciden en que la humanidad no tolerará por mucho tiempo un sistema que genere daños sin reparación.

Así, caben formas jurídicas permisivas si la responsabilidad es asumida por individuos, empresas y gobiernos moralmente maduros. Pero entonces nos corresponde, como individuos y como culturas colectivas, conservar nuestro propio juicio sobre cómo le va a nuestra sociedad y evitar el camino de menor resistencia que deja la gestión de la incertidumbre en manos de las máquinas.