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La empresa, conocida popularmente como Wilder, fue fundada en 2006, en el marco de la devaluación posterior a 2001.

En ese contexto, varias marcas internacionales debieron resolver de forma local parte de su producción ante las dificultades para importar.

Con el correr de los años, la compañía llegó a contar con más de 280 empleados distribuidos en sus dos plantas y en áreas de diseño, calidad, planificación y logística.

Entre sus clientes históricos figuraron marcas como Puma, Adidas, Salomon, Vans y Weis, además de la licencia de Jockey International.

El directorio decidió el cierre definitivo tras meses de reducción de personal, producto de la caída en las ventas. Según fuentes oficiales locales, el cierre no admite marcha atrás y la empresa se comprometió a pagar las indemnizaciones correspondientes.

Uno de los datos que más llamó la atención tiene que ver con la trayectoria deportiva de la firma: entre sus socios figuró el ex entrenador de Los Pumas, Santiago Phelan, y la compañía llegó a fabricar indumentaria para la Selección argentina durante unos Juegos Olímpicos.

Ese antecedente convirtió a Will Der en una referencia dentro del mercado local de indumentaria deportiva, algo que hoy contrasta con el escenario de cierre definitivo.

La distribución de los despidos quedó así:

  • Planta de Las Flores: más de 20 trabajadores desvinculados.
  • Planta de Pacheco: alrededor de 100 empleados afectados.
  • Total de personal activo antes del cierre: cerca de 120 personas, muy por debajo del pico histórico de 280.

Cómo golpea la crisis a la industria textil argentina

El caso de Will Der no es un hecho aislado. La industria textil nacional atraviesa uno de sus peores momentos, con una combinación de factores que asfixia a las pymes del sector.

Entre las principales causas se destacan:

  • La apertura de importaciones de indumentaria y textiles a precios más bajos.
  • La caída del consumo interno, que redujo la demanda de indumentaria nacional.
  • El aumento de costos laborales, energéticos y financieros.
  • La dificultad para trasladar esas subas a precios finales sin perder competitividad.

En los últimos meses, otras empresas del rubro textil y de indumentaria también anunciaron cierres de plantas, suspensiones y concursos preventivos en distintas provincias del país. El fenómeno afecta tanto a firmas del interior como a compañías con sede en el conurbano bonaerense.

Desde el ámbito local remarcaron que la prioridad, tras el cierre, pasa por acompañar a los trabajadores desvinculados con herramientas concretas para su reinserción laboral.

En este sentido, el municipio prometió gestionar programas de capacitación y vínculos con otras empresas de la zona que puedan absorber parte de la mano de obra desvinculada.

Mientras tanto, el sector productivo advierte que la caída del consumo y la presión de las importaciones seguirán poniendo en jaque a las fábricas nacionales en los próximos meses. Algunas cámaras empresarias sostienen que una eventual recuperación del poder adquisitivo podría morigerar ese impacto hacia fin de año.