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Argentina atraviesa el 2026 con buenas noticias en el frente exportador, con una Vaca Muerta con síntomas de vitalidad y con un agro que promete una cosecha récord, situaciones que derivan en un ingreso considerable de dólares y un superávit importante en la balanza comercial.
El presidente Javier Milei ha sostenido, en más de una ocasión, que a la economía nacional le van a terminar saliendo “dólares por las orejas”.
De hecho, se espera que el superávit energético se acerque a los 10 mil millones de dólares y la agroindustria consiga unos 35 mil millones adicionales. En el caso del campo habrá mayores ventas que en años anteriores, pero con un resultado algo menor al 2025 por la baja de los precios internacionales.
En una economía nacional que siempre sufrió sistemáticamente la restricción externa, el gobierno pareciera estar en un escenario idílico. Sin embargo, algunos economistas comienzan a hablar de un “lado B” que está lejos de ser virtuoso.
Qué es la “enfermedad holandesa”
Se conoce como Dutch Disease al fenómeno económico que se produce ante el repentino ingreso de divisas por la explotación de un recurso natural (como petróleo o la soja) que termina perjudicando al resto de la economía, especialmente a la industria.
El término se forjó en los años 70, cuando los Países Bajos descubrieron reservas de gas, eso fortaleció la moneda local, la hizo más cara. Como contrapartida, la economía de otros sectores como a la industria les costaba mucho más exportar sus productos. Las importaciones se terminaron volviendo baratas, lo que agrega más desindustrialización.
Dónde está parada Argentina
En abril de 2026, los números de exportaciones son claros. La ventanilla de ventas está sólida, incluso para el agro, que podría verse complicado por el tipo de cambio apreciado, pero que se beneficia de rebajas de aranceles.
Como contrapartida, distintos estudios señalan la destrucción de empleo y de industrias, en especial, en las áreas más pobladas del país. Algunos políticos opositores sostienen que se han perdido más de 20 mil empresas y más de 200 mil puestos de trabajo.

Qué dicen los economistas
El debate es más profundo y, además, incluye declaraciones de política económica casi filosóficas entre aperturistas y reguladores.
En diálogo mano a mano con El Cronista, el exministro de Economía Martín Guzmán advirtió que la dinámica actual ya muestra señales de un fenómeno de este tipo. “Hay sectores ganadores como la energía y el agro que ayudan a la balanza de pagos, pero también sectores perdedores que explican el deterioro en la calidad de vida de mucha gente en las zonas urbanas”, sostuvo.
Según su visión, el problema no es el crecimiento de estos sectores en sí, sino la falta de una estrategia para administrar ese proceso.
En ese sentido, remarcó que evitar ese escenario no es sencillo, pero requiere políticas activas. “Implica asegurar condiciones de competitividad para otros sectores de la economía, y eso suele hacerse con acumulación de reservas y una política macro consistente”, planteó.
Guzmán también advirtió sobre los riesgos de subestimar el fenómeno. “El argumento de que van a sobrar dólares es peligroso si no se acompaña con medidas que eviten efectos negativos en el sistema productivo y en el mercado de trabajo”, señaló.
Desde otra perspectiva, el economista Martín Tetaz descartó de plano que exista hoy ese riesgo y planteó que la preocupación está sobredimensionada.

“No hay ningún riesgo de enfermedad holandesa. Para que ocurra, debería haber un shock muy fuerte en los precios de lo que Argentina exporta, algo que hoy no se observa”, sostuvo en diálogo con El Cronista.
En su visión, el punto de partida de la economía argentina es completamente distinto. “Argentina es una economía cerrada. Cuando se abre, no sólo crecen las exportaciones, también crecen las importaciones. Las dos cosas van juntas”, explicó.
Además, remarcó que los movimientos del tipo de cambio tienden a equilibrar estos procesos. “Si entran más dólares, el tipo de cambio se aprecia y eso incentiva más importaciones. Es un mecanismo normal de ajuste, no una enfermedad”, argumentó.
Para Tetaz, el contexto actual responde más a una dinámica coyuntural que a un fenómeno estructural. “No hay una burbuja ni un shock que dispare un problema de este tipo. Lo que hay es una economía que empieza a integrarse más al mundo”, concluyó.
¿Remedio para la enfermedad?
Aunque el debate no está saldado sobre el caso argentino, existen antecedentes históricos sobre cómo se han manejado este tipo de crisis. En general, los países que lograron aprovechar el boom de recursos naturales sin afectar a otros sectores combinaron políticas macroeconómicas prudentes con instrumentos específicos para administrar el ingreso de divisas.
Entre ellos, la acumulación de reservas, la intervención cambiaria y, en algunos casos, regulaciones sobre los flujos de capital.
Un ejemplo frecuente es el de los países nórdicos, como Noruega, que creó un fondo soberano para canalizar los ingresos del petróleo y evitar que esos dólares impacten directamente en la economía local. De esta forma, se reduce la presión sobre el tipo de cambio y se preserva la competitividad de otros sectores, al tiempo que se genera un ahorro de largo plazo.
Otros países, en cambio, optaron por esquemas de regulación más directa, como impuestos o encajes a los capitales de corto plazo, con el objetivo de evitar movimientos especulativos que profundicen la volatilidad.
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