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Cada vez más argentinos buscan invertir en acciones de empresas del exterior a través de los Cedears. Sin embargo, elegir una acción solo porque está de moda, porque subió fuerte o porque aparece entre las más recomendadas puede llevar a tomar decisiones equivocadas.

En muchos casos, el movimiento del mercado y las expectativas sobre una empresa pesan más que sus propios números. El problema es que una compañía puede ser excelente y, al mismo tiempo, tener una acción demasiado cara para el momento en el que se decide comprar.

Por eso, antes de invertir, es necesario mirar algunos indicadores que permitan determinar si el precio que pide el mercado tiene sentido en relación con el negocio. El asesor financiero Mauro Cavallo sostiene que hay tres pasos que pueden ayudar a definir un buen momento de entrada y que existen tres números clave que conviene revisar antes de comprar una acción.

Cómo saber cuánto vale realmente una empresa

El primer error que hay que evitar es analizar únicamente la cotización de una acción. Antes de comprar, Cavallo recomienda estudiar la empresa que está detrás de ese activo y tratar de determinar cuánto vale realmente el negocio.

Para hacerlo, utiliza análisis fundamental, una metodología que busca establecer si una compañía está cotizando por encima o por debajo de su valor. El primer aspecto que hay que considerar es el sector al que pertenece, porque una empresa tecnológica no tiene las mismas características ni enfrenta los mismos desafíos que una compañía industrial o una firma de consumo masivo.

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También es importante observar el contexto económico. Las tasas de interés, el nivel de desempleo y las decisiones de política monetaria de Estados Unidos pueden afectar de manera diferente a cada sector y modificar las valuaciones que el mercado está dispuesto a pagar.

A partir de allí, llega el análisis de los números de la propia compañía. Entre todos los indicadores disponibles, hay tres que permiten obtener una primera fotografía rápida de la situación: el PS, el PER y el EPS.

1. PS: precio sobre las ventas

El Price to Sales (PS) permite saber cuánto está pagando el mercado por cada dólar que factura una empresa.

Por ejemplo, si Microsoft tiene un PS de 11, significa que los inversores están pagando aproximadamente once dólares por cada dólar que la compañía genera en ventas.

Este indicador resulta especialmente útil para analizar empresas tecnológicas o compañías que están creciendo a gran velocidad y tienen un volumen importante de ventas, pero que todavía no generan ganancias tan elevadas.

El PS también permite comparar la valuación de una empresa con la de otras compañías del mismo sector o con su propio promedio histórico. Sin embargo, un número aislado no alcanza para determinar si una acción está barata, ya que una empresa puede tener un PS elevado porque el mercado espera que sus ventas crezcan con fuerza en los próximos años.

2. PER: precio sobre las ganancias

El segundo número clave es el Price to Earnings Ratio (PER), que relaciona el precio de una acción con las ganancias que genera la empresa.

En términos simples, indica cuánto está dispuesto a pagar el mercado por cada dólar de beneficio de una compañía. Por ejemplo, si una empresa tiene un PER de 26, significa que el inversor está pagando 26 veces las ganancias que genera por acción.

Microsoft tiene actualmente un PER cercano a 28, mientras que Coca-Cola ronda las 26 veces y Nvidia se ubica alrededor de 30 veces.

Sin embargo, es importante tener en claro que un PER bajo no significa automáticamente que una acción esté barata y uno alto tampoco implica que esté cara. El ratio debe analizarse en función del sector, las perspectivas de crecimiento y el historial de la propia compañía.

3. EPS: ganancia por acción

El tercer indicador es el Earnings Per Share (EPS). A diferencia del PER, que permite observar cuánto se paga por las ganancias, el EPS muestra cuánto dinero gana la empresa por cada acción que está en circulación.

Por ejemplo, si una compañía registra un EPS de u$s 8, significa que genera u$s 8 de ganancias por cada acción existente.

Pero más importante que observar el número de un solo período es analizar cómo evoluciona con el tiempo. Si el EPS aumenta de manera sostenida, significa que la empresa está generando mayores ganancias por cada acción. Ese crecimiento puede traducirse en una mayor valuación del negocio y en una suba del precio de la acción.

Cómo calcular el precio de entrada

Una vez analizados los números de la compañía, el siguiente paso es determinar cuánto se está dispuesto a pagar. Cavallo recomienda calcular el denominado valor intrínseco, es decir, una estimación de cuánto vale realmente el negocio independientemente del precio al que cotiza en el mercado.

A partir de ese cálculo, establece un precio objetivo para entrar. Según el especialista, un buen precio de compra suele encontrarse alrededor de un 20% por debajo del valor intrínseco.

La lógica detrás de esta estrategia es incorporar un margen de seguridad. Si la valuación realizada tiene algún error o si aparece un factor inesperado que afecta a la empresa, ese descuento puede funcionar como un colchón para el inversor.

De esta manera, no se trata simplemente de comprar porque una acción parece barata en relación con su precio anterior. La pregunta es si está barata en relación con lo que realmente vale el negocio.

Cuándo es el mejor momento para vender una acción

Cavallo también recomienda establecer de antemano en qué momento se venderá una acción. Una posibilidad es hacerlo cuando la cotización supera el valor intrínseco que se había calculado. Si la acción ya llegó al precio que se consideraba razonable, el potencial de suba puede ser menor y puede tener sentido tomar ganancias.

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Otra señal aparece cuando una acción aumenta tanto que pasa a representar un porcentaje demasiado grande de la cartera. En ese caso, vender una parte permite rebalancear la inversión y reducir el riesgo de concentración.

Sin embargo, el precio no es la única señal que puede indicar que llegó el momento de salir de una inversión. También es importante revisar periódicamente si la razón por la que se compró la empresa continúa vigente.

Una pregunta sencilla que puede ayudar es si hoy se volvería a invertir en esa empresa. Si la respuesta es negativa, puede ser una señal para revisar la posición. Mantener una acción simplemente porque ya forma parte de la cartera puede llevar a conservar una inversión que dejó de tener sentido.

También puede ser momento de vender si los fundamentos de la compañía empeoran. Una caída sostenida de las ganancias, una pérdida de competitividad, un cambio negativo en la gestión o una transformación estructural del sector pueden modificar la tesis original de inversión.