En esta noticia
- Las acciones que compró Berkshire
- Las siete compras y ampliaciones
- Berkshire vuelve a comprar: ¿cambio de estrategia o señal de piso?
- Alphabet, la apuesta que concentra las miradas
- La recompra de Berkshire: otra señal de valuación
- Vivienda y una apuesta de largo plazo
- El riesgo: ¿Greg Abel está rompiendo demasiado rápido con Buffett?
Berkshire Hathaway comenzó a utilizar su gigantesca caja y la señal va mucho más allá de la recompra de sus propias acciones.
Bajo la conducción de Greg Abel, sucesor de Warren Buffett como director ejecutivo, el conglomerado compró u$s 23.500 millones en renta variable durante el segundo trimestre y vendió apenas u$s 3.700 millones.
El resultado fue una inversión neta cercana a u$s 19.800 millones. Lo que destacó el mercado es que es la primera vez en casi cuatro años que Berkshire compra más acciones de las que vende y marca el final de una racha de 14 trimestres consecutivos como vendedor neto.
El movimiento representa un cambio relevante para el mercado. Durante los últimos años, Buffett se había mostrado incómodo con las valuaciones de Wall Street y prefirió acumular liquidez antes que comprar activos sin un margen de seguridad suficiente.
Abel, en cambio, mostró durante sus primeros meses al frente de la compañía una mayor disposición a invertir a los precios actuales.
La posición de efectivo, equivalentes y bonos del Tesoro bajó desde u$s 397.400 millones hasta alrededor de u$s 365.500 millones, la mayor reducción trimestral desde 2022. Considerada neta de compras de bonos del Tesoro pendientes de liquidación, la cifra se ubicó en u$s 364.700 millones.
Pese al descenso, Berkshire todavía conserva una liquidez extraordinaria. El cambio, por ahora, no está en el tamaño absoluto de la caja, sino en la dirección. Y es que después de años de acumulación, el conglomerado volvió a desplegar capital.

Las acciones que compró Berkshire
La operación más importante fue una inversión de u$s 10.000 millones en Alphabet, la empresa controlante de Google y YouTube. Berkshire adquirió los títulos mediante una colocación privada realizada en junio: destinó u$s 5.000 millones a acciones Clase A y otros u$s 5.000 millones a títulos Clase C.
La operación amplió una posición que Berkshire había comenzado a construir en el tercer trimestre de 2025. Al cierre de junio, Alphabet ya integraba el grupo de las cinco mayores inversiones bursátiles del conglomerado, junto con American Express, Apple, Bank of America y Coca-Cola.
Según la información disponible, la participación total de Berkshire en Alphabet, considerando sus acciones Clase A y Clase C, alcanzó un valor aproximado de u$s 31.000 millones. La posición en GOOGL representa por sí sola el 5,9% del portafolio reportado.

La apuesta tiene un peso simbólico. Buffett reconoció en distintas oportunidades que no había comprendido a tiempo el potencial económico de Google y lamentó no haber invertido antes. Abel eligió profundizar esa posición y convertir a Alphabet en uno de los pilares de la cartera.
El movimiento también expone a Berkshire de manera más directa al ciclo de inversión en inteligencia artificial. Alphabet utilizará los fondos obtenidos en su ampliación de capital para financiar infraestructura, centros de datos y capacidad de cómputo.
La compañía proyectó inversiones de capital de entre u$s 180.000 millones y u$s 190.000 millones durante 2026, según la documentación presentada ante la SEC.
Las siete compras y ampliaciones
Los movimientos del trimestre permiten observar con mayor precisión la estrategia de Greg Abel. Berkshire compró o incrementó siete posiciones bursátiles correspondientes a cinco compañías: Alphabet, The New York Times, Lennar, Delta Air Lines y Macy’s.
La mayor ampliación porcentual se produjo en Alphabet Clase A, ticker GOOGL, cuya posición creció un 203,99%. Al mismo tiempo, Berkshire incorporó acciones Clase C, negociadas bajo el símbolo GOOG. Ambos movimientos confirman que la empresa controlante de Google se convirtió en una de las primeras grandes apuestas de la nueva conducción.

La posición en The New York Times aumentó un 199%. Aunque su peso es menor frente a Alphabet, la operación muestra interés por un negocio de medios basado en suscripciones digitales, una marca global y generación recurrente de ingresos.
En el sector inmobiliario, Berkshire amplió un 43,24% su posición en las acciones Clase A de Lennar y un 31,34% la correspondiente a los títulos Clase B. El movimiento coincide con la adquisición de Taylor Morrison por u$s 6.800 millones y permite identificar una apuesta más amplia por la construcción residencial estadounidense.
La combinación de Lennar y Taylor Morrison indica que Abel no se limitó a comprar una empresa puntual. Berkshire aumentó su exposición al mercado de viviendas mediante dos vías: una adquisición directa que incorpora el negocio completo y una posición bursátil en otro de los principales desarrolladores del país.
Finalmente, el conglomerado abrió nuevas posiciones en Delta Air Lines y Macy’s. Son apuestas más sensibles al ciclo económico: la aerolínea depende del consumo, los viajes y el costo del combustible, mientras que la cadena de tiendas está expuesta a la evolución de las ventas minoristas y del ingreso disponible.

Berkshire vuelve a comprar: ¿cambio de estrategia o señal de piso?
El regreso de Berkshire Hathaway al mercado después de varios años de acumular liquidez marca, para los analistas, un cambio relevante en la estrategia del holding.
Sin embargo, Emanuel Juárez, analista técnico financiero, en charla con El Cronista, pone un primer matiz sobre las cifras:
“El dato de los casi u$s 400.000 millones hay que leerlo con un pequeño matiz. No lo interpretaría como que Berkshire salió a comprar acciones por todo ese monto, sino más bien como que venía acumulando una caja récord cercana a ese nivel y ahora empezó a desplegar una parte de esa liquidez”, explica.
Gastón Lentini, asesor de inversiones, coincide en que el dato relevante es el giro respecto de los últimos años. Recuerda que, más allá de la inversión que Warren Buffett había realizado en Occidental Petroleum (Oxy), “el grueso de la estrategia de la empresa se había dedicado por tres años a vender posiciones y solo acumular liquidez”.
Esa caja, además, no permanecía improductiva: estaba colocada principalmente en bonos del Tesoro estadounidense, con un rendimiento cercano al 4,5%.
Por eso, para Juárez, el movimiento representa “un cambio de tono después de varios trimestres de mucha cautela”.
Pero advierte que no necesariamente significa que Berkshire considere barato al mercado en su conjunto. “Para mí el mensaje central no es ‘está todo barato’, sino algo más selectivo: vuelven a ver oportunidades puntuales donde la relación precio-calidad les cierra”.
Alphabet, la apuesta que concentra las miradas
Uno de los movimientos más significativos es la inversión en Alphabet. Juárez la interpreta como “una apuesta a una compañía de muchísima calidad que puede estar mejor posicionada de lo que muchos creían en toda la ola de inteligencia artificial”.
Y destaca que el atractivo de la compañía excede al buscador de Google: incluye cloud, infraestructura, datos y capacidad de monetización a escala.
Lentini va un paso más allá y plantea que la compra puede contener una señal sobre la visión de Berkshire respecto del mercado. Entre las explicaciones posibles para el cambio de estrategia, señala como primera alternativa que la compañía “considera que hemos visto el piso del mercado” o, al menos, que empresas como Google “han encontrado una zona interesante para ser compradas”.
En ese sentido, las dos miradas convergen en un punto: Berkshire no necesariamente está haciendo una apuesta alcista indiscriminada sobre Wall Street, sino identificando valuaciones específicas que considera atractivas.
La recompra de Berkshire: otra señal de valuación
El segundo elemento que destaca Lentini es la decisión de Berkshire de destinar capital a recomprar sus propias acciones.
Para el estratega, eso puede interpretarse como una señal directa de valuación: “La propia empresa considera que sus acciones están sumamente baratas, y por eso destina también capital a la recompra”.
Así, el movimiento tiene una doble lectura. Berkshire encuentra oportunidades fuera de su cartera, como Alphabet, pero al mismo tiempo considera suficientemente atractiva su propia valuación como para utilizar parte de la caja en recompras.
Vivienda y una apuesta de largo plazo
Juárez también pone el foco en Taylor Morrison y aclara que se trata de una operación diferente de una simple compra de acciones en Bolsa. “No es una compra de acción en el mercado, sino una adquisición directa en el sector de construcción residencial”, explica.
Su interpretación apunta al horizonte temporal de Berkshire: “Ahí la lectura que yo hago es de largo plazo. Vivienda, activos reales, un sector hoy presionado por tasas altas, pero con demanda estructural a lo largo de los años”.
La operación reforzaría así la idea de que Berkshire está desplegando capital de manera selectiva en sectores que hoy pueden enfrentar obstáculos coyunturales, pero donde encuentra fundamentos atractivos a largo plazo.
El riesgo: ¿Greg Abel está rompiendo demasiado rápido con Buffett?
Lentini sostiene que el cambio de estrategia coincide con la nueva conducción de Greg Abel y, por lo tanto, todavía resta comprobar si el regreso a las compras fue realizado en el momento correcto.
El asesor plantea como escenario que su nuevo director ejecutivo, Greg Abel, pueda estar equivocado y apurándose a romper con el paradigma que traía Warren comprando, y que termine siendo un grave error.
Juárez, en cambio, interpreta los movimientos más como selectividad que como un cambio radical de filosofía. “No es una señal de euforia, sino más bien de selectividad. Berkshire sigue con muchísima liquidez, pero está empezando a mover capital hacia negocios donde ve calidad, valor y tendencias de largo plazo”.
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