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Morgan Stanley encendió una nueva alerta sobre el impacto económico de El Niño. El banco advirtió que el fenómeno climático ganó intensidad durante agosto y ahora tiene un 95% de probabilidades de alcanzar una categoría “muy fuerte” entre octubre y diciembre de 2026.
Además, asegura que existe un 69% de posibilidades de que supere un umbral que lo convertiría en el episodio más intenso desde 1950.
El riesgo no se limita a una anomalía climática de corto plazo. Según el informe, El Niño alcanzaría su pico durante el cuarto trimestre y podría persistir durante buena parte del primer semestre de 2027.
De concretarse ese escenario, abarcaría dos ciclos agrícolas del hemisferio sur y alcanzaría también la próxima campaña del hemisferio norte.
Para la Argentina, el fenómeno podría actuar como un aliado: más lluvias favorecerían los rindes de soja y maíz, mientras que los problemas productivos en otros países podrían sostener los precios internacionales.
Sin embargo, el beneficio no sería uniforme. Un exceso de precipitaciones durante la cosecha de trigo podría afectar la calidad de los granos y generar dificultades logísticas.

“Soy optimista en términos de precios para el mediano plazo, no sólo por El Niño, sino también porque los precios medidos por inflación en Chicago están históricamente baratos”, afirmó Mariela Brandolin, analista de mercados y asesora financiera, en diálogo con El Cronista.
La especialista agregó que la demanda de granos para biocombustibles y una eventual baja de tasas en Estados Unidos podrían reforzar esa perspectiva. Tasas más bajas tienden a debilitar al dólar, abaratar el financiamiento y favorecer el ingreso de capitales a materias primas, aunque ese efecto dependerá finalmente de las decisiones de la Reserva Federal (Fed).
La probabilidad de un evento histórico
El principal cambio frente al relevamiento que el banco había hecho en julio es el fuerte aumento de la probabilidad de un episodio extremo. Morgan Stanley señaló que las chances de un El Niño muy fuerte durante el cuarto trimestre subieron del 81% al 95%.
A su vez, apareció una probabilidad del 69% de que el índice RONI, una medición que ajusta la temperatura del Pacífico ecuatorial por el calentamiento general de los océanos, alcance o supere los 2,5 grados. De suceder, el evento superaría en intensidad a todos los registrados desde 1950.
La diferencia entre ambos porcentajes es más que importante: el 95% corresponde a la posibilidad de un El Niño muy fuerte, mientras que el 69% se refiere al escenario más extremo, que podría convertirlo en un fenómeno histórico.
El informe también muestra que el calentamiento del océano ya comenzó a interactuar con la atmósfera. Las temperaturas aumentaron en todas las regiones monitoreadas del Pacífico, las anomalías cálidas se extendieron debajo de la superficie y los patrones de viento y convección empezaron a responder al calentamiento.

“Océano y atmósfera ya se acoplaron”, sintetizó Morgan Stanley. Esa combinación permite diferenciar un episodio efectivo de El Niño de un calentamiento transitorio de las aguas.
Las probabilidades de continuidad también se fortalecieron: el banco asignó un 100% de posibilidades de persistencia entre enero y marzo de 2027, un 97% entre febrero y abril y un 82% entre marzo y mayo.
Cómo puede impactar en la cosecha argentina
La Argentina se encuentra, en principio, entre los potenciales beneficiarios agrícolas. Históricamente, El Niño suele generar precipitaciones superiores a las normales sobre el país y el sur de Brasil, lo que puede mejorar los rindes de soja y maíz durante etapas decisivas del desarrollo de los cultivos.
Morgan Stanley recoge, además, una evaluación explícitamente positiva de Adecoagro. La firma sostuvo que, en términos generales, El Niño representa un escenario favorable para sus operaciones porque podría mejorar los rindes agrícolas en la Argentina, sostener los precios del arroz y aumentar el consumo de urea.
Si ese patrón se confirma, una mayor producción de soja y maíz podría traducirse en más exportaciones, actividad, recaudación e ingreso de divisas. El efecto sería particularmente relevante para la economía argentina, dada la importancia del complejo agroindustrial en la generación de dólares.
A ese potencial aumento de las cantidades exportadas podría sumarse una mejora de los precios internacionales si las condiciones climáticas reducen la oferta en otros grandes países productores.
“Sí, podría ser un fenómeno aliado para la economía argentina, en caso de concretarse”, evaluó Brandolin en declaraciones a este medio.
El trigo, entre la oportunidad y el riesgo
El trigo muestra con claridad la doble cara de El Niño. Mientras la sequía amenaza la producción de varios competidores internacionales, la Argentina podría enfrentar un exceso de lluvias durante la cosecha.
En ese contexto, un informe especial elaborado por Brandolin a partir de los pronósticos estacionales del International Research Institute for Climate and Society (IRI) anticipa precipitaciones por encima de lo normal en la Argentina durante el trimestre noviembre- diciembre-enero, precisamente cuando se concentra la recolección del cereal.
Buenos Aires, que reúne aproximadamente el 50% de la producción argentina de trigo, aparece entre las zonas con mayores probabilidades de recibir lluvias superiores a las habituales. El mismo patrón alcanzaría al litoral y a áreas productoras de Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba.
El agua puede ayudar durante el desarrollo del cultivo, pero se convierte en un riesgo cuando llega en exceso al momento de cosechar. Puede deteriorar la calidad del grano, generar problemas sanitarios, demorar el ingreso de las máquinas a los lotes y complicar el transporte.
“En el sur de Brasil pueden tener problemas sanitarios o de calidad por exceso de agua, e incluso complicaciones para cosechar, al igual que la Argentina”, explicó Brandolin.

El riesgo es todavía más significativo en Brasil porque Río Grande do Sul y Paraná, los dos estados donde se concentraría el exceso hídrico, representan respectivamente el 43% y el 40% de la producción nacional de trigo.
Pero mientras la oferta sudamericana enfrenta el riesgo de demasiada agua durante la cosecha, otros grandes productores podrían sufrir por falta de lluvias.
Australia tendría precipitaciones inferiores a las normales entre agosto y octubre, cuando el trigo se encuentra definiendo rindes. Western Australia, la región más comprometida, concentra el 36% de la producción del país.
India también afrontaría condiciones más secas durante la siembra. El mayor déficit se localizaría en Rajasthan, responsable del 10% de la producción nacional, mientras que Uttar Pradesh, que representa cerca del 30%, se mantendría entre condiciones normales y levemente más secas.
El mismo patrón aparece en el hemisferio norte. Ucrania llegaría a la siembra con lluvias ligeramente inferiores a las habituales, mientras que Francia y Alemania, responsables del 27% y el 17% del trigo de la Unión Europea, respectivamente, figuran entre las áreas con mayor riesgo de déficit hídrico.
La combinación podría sostener los precios internacionales: sequía durante la definición de rindes o la siembra en algunos países y complicaciones de calidad y cosecha por exceso de agua en otros.
Brasil, el punto crítico para la soja y el maíz
El mayor foco de riesgo regional para los granos gruesos está en Brasil. El patrón esperado combina menores precipitaciones y temperaturas más elevadas en el centro y norte del país con lluvias más intensas en el sur.
En el centro, oeste y en MATOPIBA, región agrícola que comprende áreas de Maranhão, Tocantins, Piauí y Bahía, una demora en el comienzo de las lluvias podría retrasar la siembra de soja. Eso postergaría posteriormente la cosecha y reduciría la ventana disponible para implantar el maíz safrinha.
Morgan Stanley identifica esa compresión de la ventana de siembra como el principal canal de transmisión de El Niño sobre la producción brasileña. La soja y el maíz ocupan sucesivamente buena parte de las mismas tierras, por lo que una demora en el primer cultivo deja al segundo más expuesto a condiciones desfavorables.
El informe de Brandolin pone el foco específicamente en Mato Grosso, el principal estado productor de soja de Brasil. La región recibiría precipitaciones inferiores a las normales justo al inicio de la siembra y concentra alrededor del 29% de la producción brasileña.
“En el norte de Brasil también habría sequía y eso debería impactar positivamente en los precios de la soja”, sostuvo la analista.
En el sur de Brasil, en cambio, el problema sería el exceso de agua. Las lluvias y los ciclones ya elevaron los niveles de los ríos en Río Grande do Sul y Santa Catarina, con riesgos para la calidad de los cultivos y el transporte.
El golpe al aceite de palma puede favorecer a la soja y el girasol
Otro canal potencialmente favorable para la Argentina se encuentra en el mercado de aceites vegetales. Indonesia y Malasia, los principales productores y exportadores de aceite de palma, enfrentarían condiciones de fuerte sequía.
El aceite de palma es el más producido y comercializado dentro del complejo de aceites vegetales. Si la menor disponibilidad de agua reduce su producción, los compradores podrían aumentar la demanda de sustitutos, entre ellos el aceite de soja y el aceite de girasol.
“Para soja y girasol hay buenas perspectivas por el lado de los aceites”, explicó Brandolin. Según el documento, Malasia peninsular, que representa el 53% de la producción de palma del país, aparece entre las áreas más afectadas por la sequía. También se observan déficits importantes en Sumatra y Kalimantan, en Indonesia.
Para la Argentina, uno de los mayores exportadores de aceite de soja y un actor relevante en girasol, una mayor demanda internacional podría mejorar los precios del complejo oleaginoso. El efecto, sin embargo, no sería inmediato.
Morgan Stanley coincide en que el aceite de palma presenta un riesgo climático elevado, pero advierte que el impacto sobre los rindes suele observarse con un retraso de entre seis y doce meses. Además, los inventarios todavía se mantienen relativamente cómodos.
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