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Las elecciones en Estados Unidos suelen convertirse en uno de los eventos más observados por los mercados financieros globales. En la previa de los comicios, la incertidumbre sobre el rumbo de la política económica, fiscal y comercial suele traducirse en movimientos bruscos de los activos, algo que también impacta en las carteras de los inversores argentinos.

En ese escenario, muchos inversores comienzan a recalibrar sus carteras para definir qué posiciones sostener y cuáles ajustar. Sin embargo, en diálogo con El Cronista, Nicolás Parreira, asesor financiero y director de Grupo Sigma, advirtió que el resultado electoral no es el único factor a considerar.

“Las elecciones pueden generar volatilidad, pero para un inversor argentino el impacto es doble, no solo por las elecciones sino por el contado con liquidación. Por eso una misma acción puede tener un resultado distinto medida en dólares o en pesos”, explicó.

Además, señaló que actualmente existe una variable incluso más relevante para los mercados: las tasas de interés en Estados Unidos. La Reserva Federal volvió recientemente a elevarlas y los bonos del Tesoro continúan ofreciendo rendimientos elevados, un escenario que obliga a los inversores a ser más selectivos.

Cómo afectan las elecciones de Estados Unidos a las carteras

Parreira remarcó que los períodos electorales suelen aumentar la incertidumbre en los mercados, aunque destacó que históricamente las elecciones de medio término han estado asociadas a mejores retornos para las acciones una vez finalizada la votación.

“Fidelity calcula que desde 1938 el S&P 500 subió en el 95% de los períodos de 12 meses posteriores a las midterms, con un retorno promedio cercano al 14%”, sostuvo.

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Sin embargo, aclaró que ese comportamiento histórico no debería interpretarse como una garantía de rendimientos futuros.

“Desde Grupo Sigma tomaríamos el patrón electoral como una variable más, no como una estrategia de inversión. Después de noviembre vamos a seguir mirando lo mismo que miramos hoy: crecimiento de beneficios, márgenes, generación de caja, valuaciones y tasas”, agregó.

Para el especialista, la principal consecuencia de las elecciones es que ayudan a reducir parte de la incertidumbre sobre el rumbo económico. “El mercado no necesita tener certeza absoluta; muchas veces alcanza con tener menos escenarios abiertos”, resumió.

Qué Cedears comprar para proteger la cartera

A la hora de buscar activos más resistentes frente a un escenario de alta volatilidad, Parreira evita hablar de “protección” en términos absolutos. Según explicó, en el actual entorno de tasas elevadas incluso empresas consideradas defensivas pueden sufrir una compresión de sus valuaciones.

En ese sentido, el especialista señala cuatro características a revisar: baja dependencia del financiamiento, generación consistente de flujo de caja, márgenes sólidos y capacidad para sostener resultados ante una economía más débil.

Bajo esos criterios, uno de los Cedears que menciona es Coca-Cola (KO), una compañía que continúa mostrando resultados sólidos y un historial destacado de distribución de dividendos.

“Coca-Cola sigue siendo un caso interesante. En el segundo trimestre sus ingresos crecieron 7% interanual y la ganancia 16%, mantiene márgenes elevados y lleva 64 años aumentando dividendos”, señaló.

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Dentro de la misma lógica también ubicó a Procter & Gamble (PG) y Johnson & Johnson (JNJ), dos firmas cuyos negocios suelen mostrar menor sensibilidad a los ciclos económicos.

Sin embargo, advirtió que ni siquiera estas compañías deben considerarse refugios automáticos. “En este escenario hay que comparar el rendimiento esperado de la acción con una renta fija estadounidense que volvió a ser muy competitiva”, explicó.

Otra alternativa que destacó es Berkshire Hathaway (BRKB), el conglomerado liderado por Warren Buffett.

“Berkshire Hathaway me resulta conceptualmente diferente y puede tener sentido dentro de este análisis por su diversificación entre negocios y su fortaleza financiera. No depende de un dividendo para justificar la posición y su capacidad de disponer de capital en períodos de corrección es una característica relevante”, explicó.

Para quienes buscan diversificar el riesgo más allá del mercado accionario, Parreira también mencionó el Cedear del ETF GLD, que replica el comportamiento del oro.

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“Si el objetivo es realmente diversificar el riesgo de acciones, antes que simplemente cambiar una acción por otra, GLD puede cumplir una función diferente mediante exposición al oro”, afirmó.

Sin embargo, aclaró que tampoco se trata de una cobertura perfecta, ya que un escenario de tasas reales más altas y un dólar fortalecido también podría presionar su precio.

Qué sectores pueden verse favorecidos o perjudicados por el resultado electoral

Más que enfocarse en qué partido resultará ganador, Parreira considera que los inversores deben analizar qué políticas podrían avanzar después de las elecciones de noviembre.

Uno de los sectores más observados es energía. Sin embargo, el especialista señaló que actualmente la evolución de las compañías petroleras también está muy condicionada por factores geopolíticos y por el comportamiento del precio internacional del crudo. “Así que buena parte de lo que ocurre con las acciones energéticas no responde a las elecciones”, añadió.

Dentro de ese segmento, recomendó priorizar empresas con bajos costos de producción, fuerte generación de caja y niveles de endeudamiento controlados.

En el caso de los bancos, explicó que una eventual desregulación podría resultar positiva, aunque advirtió que el contexto de tasas elevadas también implica riesgos.

“Puede mejorar algunos márgenes, pero también encarece el crédito y aumenta el riesgo de morosidad. Antes que la elección, miraría calidad de cartera, depósitos, nivel de capital y evolución de la mora”, afirmó.

Para las compañías industriales, el foco debe estar puesto en la exposición a importaciones y aranceles. “Una empresa dependiente de insumos importados puede sufrir con mayores aranceles, mientras un productor local puede beneficiarse”, señaló.

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Según indicó, firmas pertenecientes al mismo sector pueden atravesar realidades muy diferentes dependiendo de su estructura de costos y de su capacidad para de trasladar mayores costos a precios.

En tecnología, en cambio, considera que el crecimiento vinculado a inteligencia artificial, semiconductores y centros de datos sigue siendo un motor relevante para el sector, incluso en un entorno de tasas más altas. “Una tecnológica puede seguir subiendo con tasas altas si sus beneficios crecen lo suficiente”, indicó.

Del otro lado aparecen algunos de los segmentos más sensibles. Parreira ubicó allí al sector inmobiliario y a determinadas utilities, que suelen verse afectados cuando sube el costo del financiamiento y los bonos del Tesoro ofrecen rendimientos más competitivos.

No armaría posiciones apostando a un resultado electoral. Revisaría qué empresas de la cartera dependen más de cambios regulatorios, fiscales o comerciales y después volvería al análisis fundamental: cuánto generan, cuánto deben, qué capacidad tienen para sostener sus márgenes y qué precio estamos pagando por esos resultados”, concluyó.