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La refinanciación de una deuda de tarjeta de crédito, un préstamo personal o un descubierto bancario suele aparecer después de una cadena de obligaciones que el ingreso mensual ya no alcanza a cubrir.

Primero se utiliza una tarjeta para afrontar un gasto, luego se solicita un préstamo para cancelar el resumen y, cuando esa nueva cuota también pesa sobre el presupuesto, se acepta una nueva financiación. El pago mensual baja, pero el plazo y el costo total de la deuda pueden aumentar.

Ahí comienza una rueda muy difícil de detener: se toma un préstamo para pagar la tarjeta, después se refinancia la tarjeta, luego se solicita otro crédito para pagar la refinanciación y, finalmente, una parte cada vez mayor del ingreso mensual queda destinada exclusivamente al servicio de deuda”, explica Muriel Mazzeo Hambo, abogada del Estudio Hambo Abogadas.

Por eso, la refinanciación exige mirar tres cifras al mismo tiempo: cuánto se debe hoy, cuánto se pagará por mes y cuánto se devolverá al final del nuevo acuerdo. La diferencia entre una salida transitoria y una deuda más cara aparece en esa comparación.

Refinanciación de deudas: la cuota baja puede esconder un plazo más largo

La propuesta de refinanciación suele presentarse a partir del nuevo valor mensual. Ese dato permite saber cuánto habrá que pagar cada mes, pero carece de información suficiente para medir el costo de la operación.

Una cuota más baja puede parecer una solución, pero puede esconder un plazo mucho mayor y un costo financiero final muchísimo más elevado”, advierte la abogada.

La reducción de la cuota puede surgir porque el saldo se distribuye en una mayor cantidad de pagos. En ese caso, la presión sobre el ingreso mensual disminuye, aunque la deuda permanece durante más tiempo y acumula nuevos cargos.

El primer cálculo consiste en multiplicar el valor de la cuota por la cantidad de pagos previstos. A ese resultado hay que sumarle los cargos que figuren por fuera de la cuota y compararlo con el saldo que se pretende refinanciar.

Cuánto se debe y cuánto se terminará pagando

La pregunta central es cuánto dinero se devolverá al finalizar la refinanciación.

En la práctica, yo recomiendo no quedarse únicamente con el valor de la cuota o con la tasa que aparece anunciada. Hay que preguntarse algo mucho más sencillo: ¿cuánto dinero recibí realmente y cuánto voy a terminar devolviendo?”, explica Mazzeo Hambo.

La comparación debe incluir el capital pendiente, la tasa, el Costo Financiero Total, los gastos asociados, los seguros, los punitorios y las condiciones previstas ante un nuevo atraso.

El Costo Financiero Total reúne el costo de la financiación más allá de la tasa anunciada. Por eso permite comparar la deuda original con la nueva propuesta y observar si el acuerdo mejora realmente las condiciones o sólo posterga el vencimiento.

Una refinanciación resulta difícil de evaluar cuando la entidad informa únicamente el valor de la cuota y el plazo, sin detallar con claridad el capital refinanciado, los intereses y el monto total a devolver.

Cómo se calcula una deuda refinanciada: intereses, punitorios y gastos

El monto que aparece en la propuesta puede reunir conceptos de distintas etapas de la deuda. Al capital pendiente se le pueden sumar intereses, intereses moratorios, punitorios, gastos, refinanciaciones anteriores y capitalizaciones.

En esos casos hay que reconstruir la deuda y analizar qué parte corresponde al capital originalmente recibido y qué parte se generó por intereses, intereses moratorios, punitorios, gastos y eventuales capitalizaciones”, señala la especialista.

La capitalización de intereses, conocida como anatocismo, implica que los intereses se incorporan al saldo y pasan a formar parte de la base sobre la que se calculan nuevos cargos. La figura tiene una regulación específica, por lo que su análisis depende de cómo se aplicó en cada contrato y en cada etapa de la deuda.

“No toda capitalización es automáticamente ilegal, pero sí es fundamental revisar cómo se está aplicando, porque puede generar un crecimiento muy significativo de la deuda”, sostiene Mazzeo Hambo.

Antes de aceptar, la persona debería poder identificar qué parte del nuevo saldo corresponde al capital, cuál surge de intereses y qué gastos se incorporan por la refinanciación.

Cuándo pagar deja de reducir la deuda

Una señal de alerta muy clara aparece cuando el consumidor paga, refinancia, vuelve a pagar y, sin embargo, debe cada vez más”, explica la abogada.

Ese comportamiento muestra que una parte importante de los pagos se destina a intereses, punitorios y gastos, mientras el capital se reduce lentamente. También puede indicar que la cuota resulta insuficiente para revertir la evolución de la deuda.

La situación se agrava cuando la persona necesita utilizar otra tarjeta o tomar un nuevo préstamo para cumplir con la refinanciación. En ese caso, la nueva financiación deja de resolver una obligación puntual y pasa a integrar una cadena de endeudamiento.

Lo primero es no tomar deuda nueva para pagar deuda vieja. Ese es probablemente uno de los errores que más veo en la práctica: pedir un préstamo para pagar otro, utilizar una tarjeta para cubrir otra tarjeta o aceptar sucesivas refinanciaciones sin analizar cuánto se terminará devolviendo”, afirma la especialista.

Cómo saber si la nueva cuota se puede sostener

La cuota refinanciada debe compararse con los ingresos reales y con el resto de las obligaciones mensuales. Una propuesta puede parecer accesible cuando se analiza de manera aislada y volverse difícil de sostener al sumar préstamos personales, saldos de tarjeta, descubiertos y otros compromisos.

La abogada recomienda hacer una radiografía completa de la situación financiera. El relevamiento debe incluir cuánto se debe, a quién, cuáles son los ingresos, qué tasas se aplican, qué bienes existen y qué porcentaje del ingreso mensual se destinará al pago.

Recién con esa información podemos determinar si estamos frente a una dificultad transitoria de pago o ante una verdadera situación de insolvencia”, explica.

La evaluación también debe contemplar la duración del acuerdo

Una cuota compatible con los ingresos actuales puede dejar de serlo ante una reducción salarial, un gasto extraordinario o la aparición de una nueva obligación. El plazo forma parte del riesgo financiero de la refinanciación porque prolonga el período durante el cual la persona queda comprometida con el acreedor.

Qué documentación pedir antes de aceptar

La propuesta debería incluir el saldo que se refinancia, el capital, la tasa, el Costo Financiero Total, los gastos, la cantidad de cuotas, el valor de cada pago y el monto total a devolver.

También conviene conservar los resúmenes, contratos, comprobantes, ofertas de refinanciación, correos electrónicos y mensajes intercambiados con la entidad.

En los créditos digitales, Mazzeo Hambo recomienda hacer capturas de pantalla antes de aceptar, con las condiciones completas de la operación.

La documentación permite comparar la deuda original con la nueva financiación y reconstruir cómo evolucionó el saldo. También sirve para revisar la propuesta durante una negociación.

Antes de sentarse a discutir cuánto o cómo pagar, hay que determinar cuánto se debe realmente. Hay que analizar capital, intereses, tasas, punitorios, gastos, refinanciaciones y eventuales capitalizaciones”, sostiene la abogada.

Cómo saber si una refinanciación de deuda realmente conviene

Una persona puede cuestionar la composición de una deuda aunque reconozca que existió una obligación. “Cuestionar una deuda no necesariamente significa desconocer que existe una obligación. Muchas veces lo que se discute es cómo se llegó al monto que el acreedor pretende cobrar”, explica.

La revisión puede abarcar intereses desproporcionados, capitalizaciones, gastos, incumplimientos del deber de información y otros conceptos cuya legitimidad corresponda analizar según el caso.

La refinanciación no debería aceptarse como una respuesta automática frente a la presión de una cuota vencida. La decisión requiere comparar el saldo actual, el pago mensual y el costo total, además de determinar si la nueva obligación se puede sostener durante todo el plazo.

Antes de volver a endeudarse, hay que revisar los números y entender exactamente qué se está pagando”, concluye Mazzeo Hambo.