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El BCRA redujo fuertemente el ritmo de compras de dólares en el mercado cambiario a niveles levemente por encima de los u$s 30 millones diarios. Sin embargo, en el acumulado del año, el Central logra mantener un abultado ritmo de compras.

El mercado remarca una intención del Gobierno de sostener el tipo de cambio en niveles cercanos a los $1500. Qué espera el mercado de la dinámica cambiaria hacia adelante, dadas las menores compras de divisas.

Moderando el ritmo de compras

El Banco Central desaceleró con fuerza el ritmo de acumulación de divisas en el MULC, luego de los elevados niveles de compras registrados durante buena parte del primer semestre.

Según el relevamiento de Grupo SBS, el saldo neto acumulado en 20 ruedas, que llegó a acercarse a u$s 2900 millones entre abril y junio, se redujo hasta la zona de u$s 1000 millones hacia fines de agosto.

La misma dinámica se observa en períodos más cortos ya que las compras acumuladas en 10 ruedas se ubican actualmente en torno a u$s 300 millones, mientras que en las últimas cinco jornadas el saldo ronda apenas los u$s 200 millones.

La comparación muestra que el BCRA continúa comprando dólares, pero a una velocidad considerablemente menor.

El dato cobra relevancia porque la capacidad de acumular reservas depende, entre otros factores, de la oferta de divisas disponible en el mercado y de la demanda privada de dólares.

Así, después de los fuertes períodos de acumulación observados en abril, junio y algunos tramos de julio, agosto muestra una pérdida de impulso en la compra de reservas.

De sostenerse esta tendencia, el desafío para el BCRA será mantener un saldo comprador en el MULC aun en un escenario de menor oferta neta de dólares.

Juan Manuel Franco, economista jefe de Grupo SBS, remarcó que la estrategia del BCRA tiene un objetivo cambiario de fondo.

“En lo que va de agosto, las menores compras en el MULC y un entorno monetario más contractivo en el margen que semanas atrás, sugieren que el foco de corto plazo pasaría más por limitar sobresaltos nominales en el tipo de cambio e inflación, buscando retomar el proceso de desinflación hacia niveles menores que los recientes”, sostuvo.

Pese a que el BCRA está comprando a un menor ritmo, la entidad monetaria acumula compras netas por u$s 13.885 millones en el mercado cambiario en lo que va de 2026.

Se trata del segundo mayor resultado para esta altura del año desde 2003, solamente superado por los u$s 14.661 millones registrados en 2024.

El dato también implica una fuerte aceleración frente a 2025, cuando para la misma fecha la autoridad monetaria acumulaba compras por u$s 1353 millones.

En apenas un año, por lo tanto, el saldo comprador se multiplicó por más de diez.

La perspectiva histórica permite dimensionar la magnitud del fenómeno. Incluso en años de fuerte acumulación, como 2006, 2007, 2010, 2012 o 2021, las compras hasta fines de agosto se habían ubicado entre aproximadamente u$s 7000 millones y u$s 9100 millones, considerablemente por debajo del registro actual.

En el extremo opuesto aparecen los períodos de fuertes ventas de reservas. El caso más crítico fue 2018, con un saldo negativo de u$s 12.471 millones, mientras que también se observaron resultados vendedores en 2009, 2017, 2020 y 2023.

Así, aunque en las últimas semanas se observa una desaceleración en la velocidad de compra de divisas, la fotografía acumulada de 2026 continúa siendo excepcional en términos históricos.

El BCRA ya compró casi u$s 14.000 millones en el mercado cambiario y transita uno de sus mejores años de acumulación de dólares de las últimas dos décadas.

Solana Cucher, Economista de PPI, Research PPI, consideró que las menores compras del BCRA, especialmente en agosto, responden más a una decisión de no agregar presión adicional sobre el tipo de cambio.

“De mantenerse el ritmo actual, agosto sería el mes de menores compras desde el inicio del programa de acumulación”, anticipó.

Según estimaciones de PPI, la liquidación del agro se mantiene firme para esta época del año, con un promedio diario cercano a US$130 millones.

El factor diferencial estaría, en cambio, en la mayor demanda neta del resto de los sectores en el MLC, que promedia u$s 94 millones por rueda, el nivel más elevado desde octubre de 2025, mes electoral.

“En este contexto, el BCRA habría optado por moderar sus compras (u$s 33 millones diarios en promedio en agosto) para evitar sumar presión sobre el tipo de cambio”, remarcó Cucher.

Reservas y el futuro del dólar

Si bien el BCRA compra menos dólares para evitar generar mayor presión cambiaria, el mercado cambiario atraviesa una etapa de mayor flexibilidad, aunque todavía lejos de mostrar señales de desanclaje.

Si bien la banda cambiaria se estuvo ampliando, el dólar se mantuvo contenido y sin acompañar la velocidad de expansión del techo de la banda.

Hacia la segunda mitad de 2026, el límite superior de la banda se acerca a la zona de $1900, mientras que el dólar oficial permanece alrededor de los $1500.

De esta manera, el CCL opera algo por encima, pero también considerablemente alejado del techo cambiario.

Las expectativas hacia adelante tampoco anticipan, por el momento, una corrección abrupta.

Los futuros de dólar muestran una trayectoria ascendente pero relativamente ordenada, con valores que hacia fines de 2026 se aproximan a los $1.600, todavía con una distancia importante respecto del límite superior previsto para entonces.

La clave hacia adelante estará en si esta combinación puede sostenerse, es decir, una mayor flexibilidad cambiaria, un dólar que ajusta gradualmente y expectativas que permanecen ancladas.

Alejo Costa, economista jefe de Max Capital, entiende que si bien las cuentas externas siguen siendo muy favorables, en términos de exportaciones de energía y agro aún pendientes, el mercado empezó a incorporar mayores riesgos electorales también.

En ese sentido, advierte que algo de ajuste cambiario (4% a 5%) parece necesario.

“Los flujos son relevantes, pero no se pueden separar del precio. Con lo cual deberíamos ver una gradual depreciación nominal, y sin eso las compras del BCRA van a ser menores, dado que, sin ese ajuste, el mercado sólo puede ajustar con mayores tasas de interés, como hemos visto, particularmente para los plazos más largos, donde hay más oferta de bonos. La contrapartida es menores compras de dólares, y una política monetaria más restrictiva”, comentó Costa.

El mercado de futuros mantiene expectativas de devaluación relativamente contenidas, aunque crecientes a medida que se extiende el horizonte temporal.

La curva implícita de ROFEX arranca con una tasa efectiva anual (TEA) del 11,9% para el primer mes, pero rápidamente sube al 20,5% a dos meses y al 21,7% a tres meses.

A partir de allí, la pendiente comienza a moderarse. La devaluación implícita asciende al 22,4% a cuatro meses, 22,9% a cinco y alcanza el 23,2% a seis meses.

Desde ese punto, la curva prácticamente se aplana: entre los siete y doce meses las tasas se mantienen en un rango muy estrecho de aproximadamente 23,3% a 23,6% anual.

La forma de la curva deja dos señales.

Por un lado, el mercado no está incorporando un salto cambiario abrupto en el corto plazo, dado que la tasa implícita del primer mes resulta sensiblemente inferior a la de los contratos más largos. Por otro, a medida que aumenta el horizonte, los futuros convergen hacia una velocidad de depreciación del peso cercana al 23%-24% anual.

En ese sentido, la estabilización de la curva en los plazos más largos sugiere que, por ahora, los inversores descuentan un ajuste gradual y relativamente previsible del tipo de cambio, más que un escenario de corrección cambiaria discreta.

La evolución de estas tasas será clave para medir si las expectativas continúan ancladas o si el mercado comienza a incorporar una mayor presión sobre el dólar.

Facundo Barrera, socio de Fincoach, explicó que lo que sucede en el sistema cambiario es la contrapartida de lo que sucede en el sistema monetario y asocia la demanda de pesos con la oferta de pesos, y un factor clave que termina jugando un rol importante es la confianza.

“Desde el gobierno vienen realizando distintas acciones para mantener y estimular ese nivel de confianza: acumulando reservas, estirando duration en las licitaciones y mostrando poder de fuego con herramientas como contratos de futuros y bonos dólar linked que quitan presión al tipo de cambio”, afirmó.

Sin embargo, advierte que el gran desafío en este segundo semestre es preparar un escenario de baja volatilidad e incertidumbre de cara al año electoral que se avecina, y en ese sentido vienen haciendo un buen trabajo.

Si bien el riesgo político existe y está presente, creemos que el desplazamiento al alza de la curva de futuros es un movimiento más de cobertura que estructural. Dado el año electoral que se aproxima recomendados carteras diversificadas”, dijo Barrera.

El mercado de futuros de dólar mantiene una trayectoria ascendente para el tipo de cambio hacia los próximos meses, aunque las posiciones de los inversores continúan fuertemente concentradas en los contratos de menor plazo.

Según la curva de ROFEX, el dólar futuro se ubica en torno a $1.517 para fines de agosto y $1.542 para septiembre, mientras que sube a $1.568 en octubre, $1.597 en noviembre y $1.626 para diciembre de 2026. Para 2027, la curva continúa avanzando gradualmente: alcanza $1.656 en enero, $1.683 en febrero, $1.716 en marzo y termina llegando hasta aproximadamente $1.841 para julio.

La señal de precios, por lo tanto, apunta a una depreciación gradual del peso y no a un salto cambiario abrupto.

Maximiliano Tessio, asesor financiero, detalló que ve algo más de riesgo de tensión cambiaria, aunque no un salto discreto como escenario base. Todo ello lo lleva a tener una mayor cautela en el posicionamiento, buscando oportunidades al mismo tiempo.

“El BCRA logró mantener el dólar en torno a $1500, pero a costa de desacelerar sus compras de divisas, en un contexto donde las reservas netas siguen siendo bajas. En las carteras seguimos privilegiando el carry con cobertura: posiciones en pesos, especialmente duales, combinadas con instrumentos dólar linked y futuros. La idea es seguir capturando tasa sin quedar descubiertos ante una mayor volatilidad cambiaria”, afirmó.

El mercado de futuros continúa reflejando expectativas de devaluación relativamente contenidas.

La tasa implícita mensual parte en torno al 0,94% para el contrato más corto, sube hacia la zona de 1,6%-1,7% en los siguientes vencimientos y luego se estabiliza alrededor del 1,75%-1,78% mensual.

Además, entre el 25 y el 26 de agosto se observa una leve compresión de las tasas implícitas en buena parte de la curva, especialmente en los plazos más largos.

La señal es que, por ahora, el mercado no está incorporando una aceleración significativa del ritmo de depreciación del peso, sino un ajuste cambiario gradual y relativamente estable hacia adelante.