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El dólar mayorista operó este viernes en $ 1512, sin cambios frente a la jornada anterior, pero acumuló una suba de $ 27 en el mes, equivalente al 1,8%, respecto de los $ 1485 registrados al finalizar julio. La mayor parte del movimiento se concentró en las últimas ruedas y abrió el debate sobre la aparición de una incipiente presión dolarizadora.
Después de moverse durante buena parte de agosto entre los $ 1487 y los $ 1499, el mayorista alcanzó un máximo mensual cercano a los $ 1514 el miércoles 26. Luego retrocedió de forma moderada y este viernes se mantiene en $ 1512.
Aunque la variación mensual continúa acotada, la aceleración de las últimas jornadas comenzó a llamar la atención del mercado.
Una incipiente presión dolarizadora
Para Leo Anzalone, director del Centro de Estudios Políticos y Económicos (CEPEC), los últimos movimientos empiezan a reflejar una mayor búsqueda de cobertura cambiaria. “No estamos hablando todavía de un cambio de régimen ni de una corrida, pero sí de una demanda de cobertura que está apareciendo de manera más clara”, señaló.
“El hecho de que el dólar suba incluso con el BCRA todavía comprando divisas es un dato para seguir de cerca”, sostuvo. La demanda de cobertura no aparece únicamente en el mercado de contado. El economista también destacó la señal que ofrece la curva de futuros, donde se observa una baja de las tasas implícitas del tramo corto al mismo tiempo que suben los contratos.
El comportamiento de los futuros adquiere relevancia porque puede anticipar modificaciones en las expectativas. Los inversores suelen tomar posiciones de cobertura antes de que una mayor demanda se traslade al mercado de contado.
“Las tasas implícitas del tramo corto bajaron, mientras que los contratos continuaron subiendo. Esto sugiere que el mercado está buscando cobertura cambiaria a pesar de que, por ahora, el movimiento del dólar sigue siendo relativamente ordenado”, explicó el director de CEPEC.
Un movimiento habitual de fin de mes
Una lectura más moderada aportó Gustavo Quintana, de PR Operadores de Cambio, quien consideró que todavía no existe una presión dolarizadora fuerte y vinculó la suba a movimientos habituales del cierre mensual.
“No veo una presión dolarizadora muy fuerte. La suba de estos días y la mayor presencia de la demanda por cobertura es algo que se viene dando sistemáticamente en cada fin de mes”, afirmó.
Según explicó, parte de la demanda estuvo asociada a operaciones con un título ajustado por la evolución del dólar y al reacomodamiento de las carteras antes del cambio de mes.
“Hay un bono atado a la evolución del tipo de cambio que motorizó compras y desarme de posiciones, sumado a las habituales operaciones propias de cada fin de mes”, detalló Quintana.
El operador también señaló que el propio movimiento alcista modifica el comportamiento de los participantes. Quienes esperan una nueva suba buscan anticipar compras, mientras que los exportadores o vendedores que tienen margen para esperar pueden postergar sus liquidaciones.
“Como siempre pasa, las subas alientan a los que quieren anticiparse a mayores alzas a comprar y desalientan a aquellos que pueden postergar ventas. Es de manual esta conducta”, sostuvo.
Quintana anticipó que durante la próxima semana podría sumarse la demanda minorista que suele aparecer al comienzo de cada mes. Sin embargo, descartó por ahora una modificación sustancial de la tendencia cambiaria.
El equilibrio entre tasas, liquidez y dólar
Más allá de las diferencias respecto de la intensidad del fenómeno, el mercado sigue con atención la relación entre las tasas de interés, la liquidez disponible y el comportamiento del tipo de cambio. Si los rendimientos en pesos pierden atractivo, una parte de esos fondos puede dirigirse hacia la compra de dólares o de instrumentos de cobertura.
“Creo que el mercado local está entrando en una etapa en la que tasas, liquidez y dólar van a estar cada vez más vinculados”, afirmó Anzalone.
Dijo que, si la demanda de divisas continúa en aumento, el Gobierno deberá administrar un equilibrio cada vez más delicado entre sostener las colocaciones en moneda local y permitir un ajuste del tipo de cambio.

“Si la demanda de dólares continúa aumentando, el Gobierno tendrá que encontrar un nuevo equilibrio entre mantener tasas suficientemente atractivas en pesos y permitir que el tipo de cambio absorba parte de esa presión”, advirtió.
Por ahora, los analistas no observan señales de una corrida o de una tensión cambiaria significativa. El interrogante es si la mayor demanda responde únicamente al reacomodamiento de carteras propio del fin de mes o si empieza a anticipar una búsqueda de cobertura más persistente.
“No vemos todavía motivos para hablar de una tensión cambiaria significativa, pero sí una señal que merece atención. El dólar empieza a moverse y la demanda de cobertura aparece antes de que se vea una presión fuerte sobre el mercado spot”, planteó Anzalone.
Las próximas ruedas serán clave para determinar si el movimiento se consolida o si se trató de una recomposición puntual de las posiciones de los inversores antes del cierre de agosto.
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