La permanencia del conflicto en Medio Oriente hace que el crudo vuelva a dispararse.
Dada la importancia del petróleo sobre los costos a nivel global, una suba del crudo complica las expectativas de desinflación hacia adelante. Cual es el impacto local y qué espera el mercado sobre el futuro del IPC. Los bonos que recomiendan los analistas.
Sube el petróleo
En las últimas semanas, el petróleo Brent llegó a superar los u$s 110 por barril, impulsado por la escalada del conflicto entre Estados Unidos e Irán y por el temor a una interrupción del suministro global de crudo, especialmente ante los riesgos sobre el Estrecho de Ormuz.
Ese contexto llevó a los inversores a incorporar una elevada prima de riesgo geopolítico en los precios, ante la posibilidad de una restricción en la oferta de energía.
No obstante, el escenario cambió con rapidez en las últimas ruedas.
La suspensión de los ataques entre Estados Unidos e Irán tras dos semanas de enfrentamientos redujo la percepción de riesgo y alimentó las expectativas de una salida diplomática, favoreciendo la normalización del tránsito marítimo por el Estrecho de Ormuz.
Como consecuencia, el Brent retrocedió con fuerza hasta ubicarse nuevamente por debajo de los u$s 90 por barril, mientras que el WTI también registró fuertes pérdidas intradiarias.
Más allá de la reciente baja, el episodio volvió a poner de manifiesto el impacto que tienen los shocks geopolíticos sobre los mercados financieros y sobre las expectativas.
Un petróleo más caro tiende a reavivar las expectativas de inflación global, incluidas en Argentina.
Si bien un petróleo al alza podría favorecer a la Argentina a largo plazo desde el lado de los flujos y exportaciones, podría perjudicar al país desde el lado de las expectativas inflacionarias.

Pablo Lazzati, CEO de Insider Finance, resalta que la inflación al alza golpea a las expectativas de inflación en Argentina.
Según Lazzati, La suba del precio del petróleo tiene dos efectos para la Argentina; uno positivo y otro negativo.
Para Lazzati, del lado positivo, al ser un país exportador de energía, un petróleo más caro mejora los ingresos por exportaciones, genera un mayor ingreso de divisas y favorece la llegada de inversiones al sector, lo que contribuye a fortalecer el peso.
Sin embargo, advierte que, desde el lado negativo, se afectan las expectativas de inflación.
“Un precio internacional más alto del petróleo termina trasladándose al valor de los combustibles, lo que puede demorar el proceso de desaceleración de la inflación. Si bien hoy la inflación núcleo continúa mostrando una tendencia a la baja, este contexto podría hacer que esa reducción sea más lenta”, afirmó.
Por ahora las expectativas de inflación se mantienen contenidas, sin embargo, el mercado mira con atención la volatilidad en el precio del crudo, ya que de persistir dicha tensión y la tendencia al alza, ello podría reavivar las expectativas de mayor inflación.
Dicho de otra manera, la guerra en Medio Oriente y la suba del petróleo ponen en riesgo el proceso de desinflación en Argentina, siendo este un factor clave que miran de cerca los analistas en el ámbito local.
Rodrigo Benítez, economista jefe de Grupo ST, advierte que el rally del petróleo obliga a analizar el impacto en los precios de la economía real, tanto en EEUU como en el mundo.
“Junto con la suba del petróleo se ha dado un aumento en las expectativas inflacionarias para EEUU y el resto del mundo. En lo local, el impacto negativo tiene que ver con el ritmo inflacionario. Si el petróleo se sostiene entre u$s 95 a u$s 100, en combinación con un nivel algo más alto del tipo de cambio, la expectativa de baja en el precio de los combustibles de un mes atrás pasa a convertirse en nuevo riesgo de suba. En definitiva, puede suavizarse el ritmo de desinflación que se viene viendo en los últimos meses”, alertó.
Los analistas de la consultora 1816 también advierten que la volatilidad externa por la suba del petróleo puede provocar un proceso de desinflación mas lento en el ámbito local.
“La reciente suba del petróleo mejora incluso más las perspectivas para la balanza de pagos, aunque al mismo tiempo podría ralentizar el proceso de desinflación. Con el Brent operando u$s 91 por barril, la nafta local quedó muy barata otra vez, dado que se vende como si valiera u$s 84, según nuestros cálculos, sin contar el hecho de que todavía no se compensó a las petroleras por el buffer de los meses anteriores”, alertaron.

Expectativas de inflación
El mercado mira de cerca los datos de IPC que se esperan hacia adelante.
Una de las formas de analizarlo es a partir de la inflación implícita en la curva de bonos en pesos, es decir, los break even de inflación.
En general, y a pesar de la volatilidad en el petróleo, las expectativas de inflación implícitas en el mercado muestran una trayectoria de desaceleración gradual para los próximos meses.
De acuerdo con las tasas de break-even, la inflación mensual se ubicaría en 2,1% en julio, 1,9% en agosto, 1,8% en septiembre, 1,6% en octubre y volvería a 1,6% en noviembre, consolidando un sendero descendente respecto de los registros observados durante la primera mitad del año.
En paralelo, la mediana del relevamiento del Banco Central mantiene proyecciones levemente superiores para ese período: 2,3% en julio, 2,1% en agosto, 2,0% en septiembre, 1,9% en octubre y 1,8% en noviembre, reflejando una visión más cautelosa que la descontada por los precios de los activos financieros.
Hacia el cierre de 2026 y el inicio de 2027, el mercado profundiza ese escenario de desinflación. Las expectativas implícitas se ubican en torno al 1,4% mensual para diciembre de 2026, enero y febrero de 2027, lo que marca una convergencia hacia niveles considerablemente más bajos que los registrados durante 2025.
En términos generales, el gráfico muestra que los inversores esperan que el proceso de desaceleración de los precios continúe en los próximos trimestres y, de hecho, descuentan una inflación inferior a la prevista por los analistas relevados por el Banco Central, una señal de confianza en la continuidad del proceso de estabilización macroeconómica.

De cualquier manera, hay un dato importante a seguir y es que las expectativas de inflación implícitas en el mercado para el segundo semestre de 2026 mostraron un cambio de tendencia en las últimas semanas.
Tras haber permanecido relativamente estables en torno al 18,5% anualizado hacia fines de junio y comienzos de julio, el break-even volvió a repuntar hasta ubicarse cerca del 20% anualizado.
Aun así, el nivel continúa sensiblemente por debajo de los valores observados durante el primer semestre, cuando las expectativas llegaron a oscilar entre 23% y 26%, reflejando una mejora en la percepción del proceso de desinflación.
Mas allá del rally del petróleo, la recuperación de las expectativas puede vincularse a una recomposición de las tasas reales y a una mayor demanda de cobertura frente a la inflación tras la volatilidad registrada en el mercado de pesos.
Sin embargo, el hecho de que el break-even permanezca cerca del 20% anualizado sugiere que los inversores continúan confiando en que la inflación seguirá desacelerándose en los próximos meses, aunque a un ritmo algo menos pronunciado que el que descontaban pocas semanas atrás.

Los analistas de Adcap Grupo Financiero remarcaron que, a pesar del cambio reciente en dichas expectativas, la desinflación mantiene su curso.
“La inflación de alta frecuencia es consistente con un proceso de desinflación sostenido. Un dato de inflación de junio por debajo del 2% confirma el impulso del proceso de desinflación. Destacamos que, a pesar del aumento de la volatilidad, el pass-through continúa siendo bajo”, dijeron.
La inflación de alta frecuencia relevada por OJF & Asociados muestra que el proceso de desinflación continúa intacto.
En las últimas mediciones, este indicador volvió a descender y se ubicó cerca del 1,8%, el nivel más bajo de todo el período analizado.
Por su parte, la serie de mes móvil, que suaviza las variaciones de corto plazo, también confirma un sendero de desaceleración. Tras mantenerse cerca del 2,8%-2,9% mensual entre febrero y abril, comenzó a descender de manera sostenida desde mayo hasta ubicarse actualmente en torno al 2,1%
Adrián Yarde Buller, economista jefe de Facimex Valores, indicó que el proceso de desinflación sigue avanzando.
Según sus registros, los datos de alta frecuencia del IPC-OJF de Ferreres evolucionan de forma mayormente consistente con su proyección de inflación de 1,8% mensual para julio, mientras que los datos de Eco Go apuntan a la zona de 2,2% mensual.

Inversiones en pesos
En las últimas semanas, el mercado corrigió parcialmente ese movimiento.
Las tasas reales volvieron a subir en prácticamente toda la curva, con la mayoría de los bonos operando nuevamente en terreno positivo, en un rango aproximado de 0% a 8% anual sobre inflación, dependiendo del plazo.
Este comportamiento refleja que los inversores comenzaron a exigir un mayor rendimiento real para mantener posiciones en instrumentos CER, en un contexto de recomposición de tasas en pesos y de un mercado que sigue descontando una desaceleración inflacionaria, aunque con una mayor prudencia que la observada meses atrás.
La curva de rendimientos de los bonos ajustados por CER mantiene una pendiente positiva, reflejando que el mercado exige un mayor rendimiento real a medida que se extiende el plazo de los títulos.
En el tramo más corto de la curva, los bonos con vencimientos en 2026 operan con tasas reales que van desde valores levemente negativos hasta alrededor del 3% anual sobre inflación, mientras que los instrumentos con vencimientos entre 2027 y 2029 ya ofrecen rendimientos de entre 4% y 8% real.
A partir de allí, la curva se aplana y los títulos de mayor duración, como el PARP y el CUAP, rinden cerca del 8% anual sobre CER, lo que sugiere que el mercado no exige una prima significativamente mayor para extender aún más los plazos.

Juan Manuel Franco, economista jefe de Grupo SBS, consideró que para perfiles constructivos en nominalidad, el carry en Lecaps cortas sigue teniendo sentido, con la posibilidad de estirar hacia tasa fija 2027 para quienes toleren duration
A su vez, y para quienes prefieran cubrirse ante una eventual aceleración de la nominalidad, algo que el mercado sigue sin poner en precios, Franco consideró que los bonos CER del cuarto trimestre de 2026 y comienzo de 2027 continúan ofreciendo tasas reales positivas en ese tramo,
“Mantenemos la visión de que las forwards de los CER 2028 (TZX28) conservan atractivo para inversores dispuestos a convivir con la volatilidad del ciclo electoral”, detalló Franco.
La curva de bonos ajustados por TAMAR mantiene una pendiente claramente positiva, reflejando que el mercado espera un sendero de tasas reales más elevadas para los plazos largos.
Los instrumentos de muy corto plazo operan con rendimientos cercanos a 0%, mientras que los bonos con vencimientos durante 2027 se ubican mayormente en un rango de 3% a 6% anual sobre la tasa TAMAR.
A medida que se extiende la duración, las tasas continúan aumentando: los títulos con vencimientos entre 2028 y 2030 rinden entre 8% y 11%, evidenciando que los inversores exigen una prima creciente para inmovilizar capital durante un horizonte más prolongado.
En este contexto, la pendiente ascendente de la curva refleja que el mercado sigue descontando un escenario de tasas de interés reales positivas y que, pese a la desaceleración de la inflación, continúa demandando una compensación adicional para extender plazos en instrumentos atados a la TAMAR.

Los analistas de Criteria indicaron que para quienes deben mantener exposición en pesos, favorecen los tramos más cortos de las curvas.
A su vez, para perfiles más agresivos y con un horizonte de inversión de hasta 6 meses, se inclinan por posiciones en la parte más larga de la curva CER-TAMAR, en particular en los bonos duales a junio de 2029 (TXMJ9), a diciembre de 2029 (TXMD9) y junio 2030 TXMJ0.
“Estos instrumentos combinan un carry atractivo con un perfil de retorno asimétrico. Por un lado, capturan una potencial ganancia de capital si se consolida la desinflación y los spreads tienden a comprimirse en un entorno de mayor estabilidad nominal. Por el otro, conservan un doble componente defensivo que los mantiene como cobertura natural frente a escenarios en los que la inflación resulte más persistente de lo esperado o ante una suba generalizada de tasas”, afirmaron.
Finalmente, desde el lado de las inversiones, los analistas de Adcap Grupo Financiero explicaron que siguen prefiriendo el tramo medio de la curva (junio de 2027) a través de bonos CER.
En ese tramo ven dos puntos porcentuales adicionales de rendimiento nominal bajo nuestras proyecciones de inflación (28% frente a 26%).
“Para quienes buscan una duración más corta, seguimos prefiriendo el TZXD6 (diciembre de 2026), que ofrece una tasa real del 2,5%, equivalente a aproximadamente 25% nominal según nuestras proyecciones de inflación, en línea con los instrumentos a tasa fija. Para horizontes de mediano plazo, mantenemos nuestra preferencia por el TZXD7, que rinde 6,6% real”, afirmaron.
Sin embargo, no ven atractivo más allá de 2027 y se muestran con cautela para bonos de mayor duration.
“Preferimos esperar antes de extender duración más allá de 2028, ya que esperamos que el tramo largo de la curva continúe débil mientras el Tesoro siga convalidando primas relevantes en las licitaciones del mercado local, lo que continuará generando una presión vendedora sobre el mercado secundario”, dijeron.













