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Trump prefiere quemar Estados Unidos antes que enfrentarse a la Justicia

La cuestión es si los votantes estadounidenses estarán lo suficientemente atentos como para detenerlo.

La política no puede ser más sencilla. Es probable que el año que viene los votantes estadounidenses tengan que elegir entre un acusado de un delito que jura vengarse de sus perseguidores y otro hombre. Será un referéndum sobre el Estado de Derecho.

Si gana el primero, probablemente evitará la cárcel por sus múltiples presuntos delitos. Si gana el segundo, con toda probabilidad el primero irá a la cárcel. Si la democracia pudiera reducirse a uno de esos brutales juegos de realities, sería éste. Así es como le gusta a Donald Trump.

La cuestión no es si un Trump victorioso utilizaría la maquinaria de la Justicia para fines personales. Ha declarado en repetidas ocasiones que utilizará la ley como herramienta de venganza, y lo haría. Vale la pena tomárselo al pie de la letra.

Bajo arresto, Trump se declara inocente en una nueva causa penal por documentos clasificados 

La cuestión es hasta dónde llegará Trump para no ir a la cárcel. No tiene nada que perder. Ese es el espectro al que se enfrenta el segundo hombre, Joe Biden.

La mayoría de los estadounidenses pasan su vida sin ser acusados de un delito grave. Algunos tienen antecedentes por cosas relativamente triviales. Trump se enfrenta a 71 delitos graves en dos causas: el pago por silencio a una estrella del porno y el ocultamiento de documentos clasificados. En teoría, podría pasar siglos entre rejas.

Cuando concluyan las demás investigaciones -sobre sus intentos de subvertir la democracia estadounidense el 6 de enero de 2021 [con el ataque al Capitolio] y por tratar de derrocar las elecciones en Georgia-, su número de cargos podría superar los 100. Es de extrañar que cualquier sociedad libre esté dispuesta a aceptar estos cargos.

Es sorprendente que una sociedad libre recompense a un candidato así. Muchas lo han hecho. Silvio Berlusconi de Italia, que pasó décadas en una puerta giratoria entre las victorias electorales y los tribunales. O el israelí Benjamin Netanyahu, que quiere terminar con la independencia del poder judicial en un intento de evitar los tribunales.

Estas figuras crean un culto a su alrededor que, en última instancia, tiene poco que ver con la ideología. Se trata de lo que están dispuestos a hacer para sobrevivir. Lo consiguen combinando su sensación de persecución con sentimientos más amplios de victimización.

Eso explica por qué el apoyo a Trump entre los republicanos crece con cada acusación. En algunas encuestas obtiene ahora más que todos los demás candidatos juntos. Al hacerse eco de su afirmación de que Biden ha convertido el sistema judicial en un arma, sus rivales le están haciendo juego a su relato. Si Trump es una víctima del sistema, ¿para qué molestarse con sus coros?

Los republicanos cierran filas mientras Trump se prepara para declarar otra vez en la Justicia

Está por verse si el exgobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, que es el único que ataca frontalmente a Trump, tendrá eco. "Miren lo enojado que está", dijo Christie sobre Trump esta semana. "Nunca se trata de lo que se le está haciendo al país. Es pobre de mí, yo la víctima".

La sabiduría convencional es que el peligro legal de Trump hace más probable la nominación de su partido y menos su victoria en las elecciones generales. Lo primero es seguramente cierto. Lo segundo está abierto a la duda.

Trump tenía más para perder en 2020 que en 2016, puesto que ya había sido destituido una vez y se enfrentaba a varias investigaciones, la mayoría sobre sus asuntos empresariales. Pero esto fue obviamente antes de que ocultara docenas de cajas de material clasificado en Mar-a-Lago, lo que llevó a su citación en Miami esta semana. Tampoco había sido acusado aún de incitar un asalto al Capitolio para impedir que se ratificara la victoria de Biden. También fue antes de que intentara intimidar a los funcionarios electorales de Georgia para que cambiaran el resultado de las urnas.

Con o sin Trump, el colapso de Estados Unidos podría ser inevitable

En sus dos primeras elecciones, Trump puso patas arriba las normas estadounidenses. Uno de sus gritos de guerra en 2016 fue el "enciérrenla" dirigido a Clinton.

Aquellos días parecen tranquilos en comparación. ¿Hasta dónde llegaría Trump el año que viene para no ir a la cárcel? La pregunta es retórica: en cualquier caso sólo podemos adivinar qué es lo que no contemplaría hacer. En el lado positivo, la mayoría de los votantes estadounidenses cree que los cargos penales de Trump deberían inhabilitarlo para volver a presentarse. En el lado negativo, el carácter y los métodos de Trump no eran precisamente un misterio en 2016.

La mayoría de las elecciones estadounidenses modernas comienzan con una desventaja aproximada del 50/50. Debido a las peculiaridades del colegio electoral, Trump necesitaría alrededor del 47% de los votos para tener una chance de recuperar la Casa Blanca. Esa sería su carta de libertad y el funeral de Estados Unidos.

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