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La Unión Europea también estudia el lanzamiento de una moneda digital

La consulta pública que realizó el Banco Central del bloque sobre una criptomoneda coloca a la entidad un paso adelante de los demás bancos centrales de envergadura.

Hace sólo unos años, la moneda digital de banco central (CBDC, por sus siglas en inglés) era considerada algo exótico. 

El Riksbank de Suecia era la única entidad de un país de altos ingresos que la estaba estudiando, hecho que se atribuía al escaso uso de efectivo por parte de su población.

Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI

Ahora, las monedas electrónicas oficiales se han generalizado. 

Todos los grandes actores las están analizando: Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI, declaró la semana pasada que "tras un largo período de desarrollo, este campo está a punto de experimentar grandes cambios". 

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La eurozona, que antes se mostraba indecisa, ha pasado al frente. La semana pasada, el Banco Central Europeo (BCE) publicó las respuestas a una consulta pública ya finalizada, que es la continuación de un documento conceptual que su grupo de trabajo publicó en octubre. 

Fabio Panetta, miembro de su comité ejecutivo, asistió a una audiencia en el Parlamento Europeo. Esto sitúa al BCE un paso adelante de sus pares en cuanto a la participación del público. 

El gobierno del Reino Unido puso en marcha el lunes un grupo de trabajo sobre el britcoin y el Banco de Inglaterra invitó a presentar comentarios sobre un reciente documento de trabajo. 

La Reserva Federal está estudiando la tecnología de las CBDC, aunque todavía no ha consultado al público.

No cabe duda de la seriedad con la que todos los bancos centrales están analizando la posibilidad de ofrecer un equivalente digital al efectivo oficial.

 Silvana Tenreyro, miembro del Comité de Política Monetaria del Banco de Inglaterra, comentó que el giro impulsado por la pandemia hacia las compras online "suma mucho al costo del uso del efectivo". 

La demanda de pagos digitales parece que sólo va a aumentar. Al mismo tiempo, los bancos centrales son cautelosos a la hora de ir más allá de lo que el público y los líderes políticos están dispuestos a hacer.

La participación de la gente que permitió el BCE pone de manifiesto las consideraciones contradictorias que tiene que manejar. Una de ellas es el equilibrio entre la privacidad y la funcionalidad

El estado vigilante de China puede recibir con satisfacción la información sobre las finanzas de los individuos que le brindaría un yuan digital, pero el BCE sabe que la mayor prioridad de los ciudadanos es la privacidad que les otorgue un euro digital. 

Pero tampoco es posible suavizar las normas europeas sobre lavado de dinero y corrupción. El anonimato total no está sobre la mesa.

Otra serie de complicaciones tiene que ver con el uso de una moneda electrónica por parte de los no residentes. "La UE aspira a tener un euro mucho más utilizado fuera de la eurozona", afirmó Maria Demertzis, subdirectora del think-tank Bruegel. "El temor", exagerado en su opinión, es que la digitalización de China esté pensada para hacer más atractiva su moneda.

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Sin embargo, nadie quiere que su propia moneda sea reemplazada por monedas privadas que escapan a su control, y mucho menos por otros bancos centrales. 

En la audiencia, los parlamentarios preguntaron a Panetta cómo interactuaría un euro electrónico con las economías que no pertenecen a la eurozona, cómo podría hacer más atractivo el euro a nivel internacional y si estaría disponible para los residentes de Irlanda del Norte.

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Detrás de la cooperación, también se esconden posibles ventajas en materia de política industrial. El grupo de trabajo británico se ocupa de "supervisar la evolución de la CBDC a nivel internacional para garantizar que el Reino Unido siga estando a la vanguardia de la innovación mundial". 

A decir por la consulta que realizó el BCE, una innovación especialmente deseable que podría facilitar el euro digital es la "programabilidad", es decir, la capacidad de realizar transacciones automáticas y contratos "inteligentes".

Además, existe la preocupación de que la CBDC pueda debilitar a los bancos comerciales. Si todo el mundo tuviera euros digitales depositados en el BCE, dijo Demertzis, "se eliminaría un segmento muy grande del sector bancario".

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En todas estas dimensiones, la UE es un caso atípico. Hace alarde de sus ambiciones de alto vuelo para la privacidad digital y el alcance global de su moneda, y depende más de los bancos que otras economías. 

Si el BCE ha invitado al público a considerar la CBDC antes que otros grandes bancos centrales, quizás sea porque le será más difícil conseguir los apoyos necesarios.

Traducción: Mariana Oriolo


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