Parado frente a una gigantesca fábrica de neumáticos en las afueras de Buenos Aires que cerró en febrero después de 86 años, el líder sindical Alejandro Crespo advierte que esto es el fin de una era para Argentina.
“Tenemos una epidemia de cierres de fábricas”, dice Crespo, que responsabiliza al aumento de las importaciones. “Este es un gobierno que no tiene ningún interés en las fábricas.”
Javier Milei, el outsider político elegido presidente de Argentina en 2023, coincide en que es el fin de una era, pero lo ve como algo que hay que celebrar. Para el hombre que bautizó a sus cuatro perros con nombres de economistas libertarios, el cierre de la fábrica, a cargo de una empresa llamada Fate, es parte de la transformación del modelo económico del país que intenta orquestar.
En lugar de sostener a empresas manufactureras ineficientes, Milei quiere impulsar un boom en los sectores exportadores donde cree que Argentina puede competir a nivel global, incluidos la energía y la minería.
“Nosotros creemos que es bueno que la fábrica haya cerrado”, dice Federico Sturzenegger, el ministro de Desregulación y uno de los arquitectos del plan para liberalizar la economía. “Esta es una empresa que durante 40 años ejerció presión política para mantener los neumáticos que usamos tres veces más caros que el precio internacional.”
Para muchos, la fábrica parada es un símbolo de la rápida apertura que impulsa Milei, cuya firme creencia en el libre mercado lo distingue del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y de otros líderes populistas de derecha con los que suele ser agrupado.
Influido por su admiración por Margaret Thatcher y Milton Friedman, su plan para Argentina se asemeja al neoliberalismo que arrasó América Latina en la década de 1990, y que hoy es repudiado abiertamente por otros populistas.
La primera parte consistió en dominar la inflación descontrolada mediante drásticos recortes presupuestarios, simbolizados por Milei blandiendo una motosierra, un gesto que después copió Elon Musk cuando buscaba recortar el gasto público de Estados Unidos el año pasado. La tasa de inflación en efecto cayó de 289% a comienzos de 2024 a 34%.
La segunda fase implica exponer a Argentina a un fuerte estallido de competencia extranjera, que está generando ganadores y perdedores en toda la economía justo un año antes de que Milei busque la reelección. Muchos de los perdedores se concentran en la populosa zona que rodea a la capital.
Durante buena parte del siglo pasado, Argentina buscó construir su propio mercado interno detrás de un muro de aranceles y subsidios, un proyecto encabezado por Juan Domingo Perón, el ex militar convertido en pionero del populismo que llegó al poder por primera vez en 1946.
En lugar de vender carne vacuna al resto del mundo, Perón priorizó fabricar neumáticos y otros productos para los argentinos, creando una nueva elite de industriales locales y una clase trabajadora urbana liderada por sindicatos afines al gobierno. Fundada en 1940, la fábrica de Fate estuvo estrechamente ligada a ese proyecto: José Ber Gelbard, uno de los principales accionistas de la empresa en las décadas de 1960 y 1970, fue el último ministro de Economía de Perón.
Milei quiere desmantelar la trama del corporativismo peronista en lugar de promover a sus campeones nacionales. En el proceso, también intenta redibujar el mapa económico de Argentina.
El modelo de Perón se concentraba en el Gran Buenos Aires, que tiene una población de unos 17 millones de personas. Pero los sectores que impulsa Milei están, en algunos casos, a más de 1.000 millas de distancia: la minería en el extremo norte, o la producción de petróleo y gas al sur, en la Patagonia. El gobierno habla de millones de trabajadores que se mudarán desde Buenos Aires hacia las provincias en las próximas décadas.
“Argentina era una de las economías más cerradas del mundo”, dijo en un discurso reciente en el que usó tres veces el célebre término de Joseph Schumpeter “destrucción creativa”. “En los 100 años previos a que llegáramos al poder, Argentina fue un país en declive.” Para Milei, el modelo basado en el mercado interno fue la causa de fondo de décadas de inestabilidad económica y una fuente de corrupción masiva.
Sin embargo, su apuesta por el libre comercio empieza a enfrentar una oposición económica y política significativa. El discurso nacionalista de la semana pasada sobre las islas Malvinas, una consigna popular en Argentina, refleja en parte que está a la defensiva en el plano político.
Las quejas de los fabricantes, que vienen despidiendo trabajadores frente al aumento de las importaciones, son cada vez más fuertes. Algunos sostienen que el tipo de cambio está sobrevaluado para contener la inflación; otros dicen que los productores chinos están usando a Argentina como destino de descarte de su producción excedente.
Con los ingresos reales presionados en parte por la austeridad del gobierno, la opinión pública también empezó a volverse en contra del gobierno, lo que abre una posible oportunidad para un rival de Milei.
Como en otros intentos de liberalización a lo largo de las últimas ocho décadas, el proyecto de Milei choca con el peso económico y político de Buenos Aires, donde vive casi el 40% de los votantes argentinos.
“No hay otros trabajos por el momento”, dice Rodrigo Ambrosio, de 56 años, que trabajó en la fábrica de neumáticos de Fate durante 23 años. Sobrevive con changas de pintura y manejando para Uber. “¿Petróleo? ¿Minería? No crean muchos empleos.”
Pero Milei no da el brazo a torcer. Sostiene que buena parte de las críticas provienen de sus opositores peronistas o de intereses creados que esperan que el Estado los siga rescatando.
Como lo planteó sin rodeos el mes pasado: “Los prebendarios hijos de puta tienen que quebrar”.
De la carne al petróleo
Hasta la década de 1930 y la Depresión, Argentina fue principalmente un exportador agrícola, famoso por su carne congelada.
Bajo el plan de Milei para un nuevo modelo basado en las exportaciones, la agricultura sigue siendo importante: además de la ganadería, el país es uno de los mayores productores de soja del mundo. Pero otros dos sectores exportadores también empiezan a despegar: el petróleo y el gas, y la minería.
En abril, el Congreso aprobó una ley que podría dar un fuerte impulso al sector minero al reducir lo que el gobierno considera restricciones excesivas para los proyectos cerca de los numerosos glaciares del país.
Grupos ambientalistas dicen que la nueva ley podría poner en riesgo el suministro de agua de varias ciudades. Sin embargo, políticos locales y ejecutivos mineros afirman que sienta las bases para una ola de nuevas inversiones.

“Argentina tiene muchos de los recursos que el mundo necesita en este momento”, dice Carlos Sadir, gobernador de Jujuy, una provincia en lo alto de los Andes, en la frontera con Bolivia, que cuenta con ricos yacimientos de cobre, plata y litio.
Martín Pérez de Solay, jefe del conglomerado minero Glencore en Argentina, dice que el país tiene siete proyectos mineros en marcha que son de “clase mundial” y cree que Argentina podría sumar una nueva oferta anual de entre 1,5 y 2 millones de toneladas de cobre en la próxima década, alrededor de un tercio de la producción de la vecina Chile, el mayor productor mundial.
El boom del petróleo y el gas ya está en marcha. El gobierno de EE.UU. estima que Argentina tiene las segundas reservas de gas de esquisto (shale) más grandes del mundo, la mayoría en la formación de Vaca Muerta, en la cuenca Neuquina, en el sur del país.
La inversión se acelera con fuerza, en parte como resultado de un nuevo marco legal introducido en 2024 que otorga beneficios impositivos y otros incentivos. Wood Mackenzie, la consultora energética, estima que la cartera de nuevos proyectos ya supera los u$s 100.000 millones. “Argentina está al borde de una revolución del shale”, sostiene, comparando el clima con el del oeste de Texas a comienzos de la década de 2010, al inicio del boom del shale en Estados Unidos.
Las exportaciones de minería, energía y agricultura ya alcanzaron niveles récord bajo Milei, lo que empieza a aliviar la escasez de dólares que sostuvo la inestabilidad económica crónica de Argentina.
Sturzenegger dice que el impacto acumulado de las inversiones recientes permitirá a Argentina triplicar sus exportaciones en los próximos cinco a seis años. “Por primera vez en mi vida profesional veo a Argentina iniciar un proceso de crecimiento liderado por las exportaciones”, dice.
De vuelta a las provincias
El entusiasmo entre las empresas de recursos naturales, sin embargo, tiene su contracara en el creciente pesimismo de las industrias orientadas al mercado interno, que emplean a millones de argentinos.
La industria manufacturera, la construcción y el comercio minorista se contrajeron o se estancaron bajo Milei, aunque los economistas relevados por el Banco Central prevén que la economía crecerá 2,1% en 2026.
Según cifras oficiales, unas 3.400 empresas manufactureras cerraron desde fines de 2023, más del 10% del total. En el mercado laboral formal se perdieron más de 240.000 puestos de trabajo, una caída de casi el 4%, aunque esta baja fue compensada en parte por el crecimiento del mercado laboral informal, donde los empleados tienen protecciones mínimas.
El textil ha sido una de las industrias más golpeadas, ya que los recortes arancelarios de Milei abren a Argentina a una avalancha de ropa extranjera más barata, incluso a través de sitios de comercio electrónico chinos como Shein y Temu.
Will Der, que solía fabricar ropa para marcas como Adidas y Puma, cerró sus dos fábricas en agosto. La empresa estaba tan desesperada por conseguir nuevos clientes que llegó a ofrecerse para fabricar overoles para las nuevas empresas mineras.
“Los pedidos directamente desaparecieron”, dijo a medios locales Santiago Phelan, ex capitán del seleccionado argentino de rugby y presidente de la empresa.
El dueño de una gran empresa textil de Buenos Aires dice que el gobierno condenó al fracaso a compañías como la suya al abrirlas a la competencia de las importaciones sin desmantelar los altos impuestos y estructuras de costos instaurados bajo el modelo proteccionista peronista.
“Mis fábricas son competitivas, son los impuestos los que nos están matando”, dice el ejecutivo, que prefirió no ser identificado por temor a atraer la ira de Milei, quien se ha enfrentado con varios empresarios. Agrega que redujo su personal a la mitad en el último año. “Solo esperamos que el gobierno de Milei termine antes de que desaparezcamos por completo.”
Martín Rappallini, titular de la Unión Industrial Argentina, dice que las empresas argentinas enfrentan una carga tributaria anual equivalente al 56% de la economía formal, la más alta de América Latina. Un aumento del contrabando y el dumping de otros países, sumado al acceso limitado al financiamiento, agrava sus problemas.
Insta al gobierno a construir un “puente” que permita a los fabricantes sobrevivir la transición hacia el nuevo modelo de libre comercio. “Queremos que Argentina tenga una economía más normal y abierta, y no estamos pidiendo protección, pero nos quedamos cargando con todas las piedras del pasado”, dice.
Muchos industriales sostienen que el gobierno sigue en el juego de elegir ganadores, pero esta vez favoreciendo a sectores como la energía y la minería. “No es liberalismo económico que un funcionario del gobierno decida: ‘no, este sector no va a funcionar, pero este otro sí’”, dice Rappallini. “Dennos las condiciones para competir en igualdad de condiciones y que después el mercado decida quién sobrevive y quién no.”
El gobierno considera que muchas de estas quejas son un intento de defensa interesada. Milei es particularmente desdeñoso: “Hay que ser muy estúpido para decir que la inversión se está dando en sectores que no generan empleo”, dice, porque el dinero que ganan los trabajadores de Vaca Muerta se gasta en el resto de la economía.
Sturzenegger dice que el acceso a energía barata proveniente del petróleo y el gas de esquisto llevará a un nuevo “boom industrial”, que podría incluir sectores como los fertilizantes y la petroquímica. “Así como EE.UU. se reindustrializó gracias a la cuenca Pérmica en Texas, no hay motivo para pensar que algo similar no pueda pasar acá”, dice.
A largo plazo, estima que unos 4 millones de personas dejarán el área de Buenos Aires en los próximos 30 años, con 2 millones que se trasladarán a la región petrolera y gasífera de la Patagonia y otros 2 millones que se dirigirán a la región minera del norte.
“En la segunda mitad del siglo XX hubo una gran migración desde el interior hacia el Gran Buenos Aires, en un momento en que Argentina era una de las economías más cerradas del mundo”, dice.
“Este proceso es exactamente el opuesto: abre la economía, genera competitividad a partir de las exportaciones y la población gradualmente vuelve hacia el interior.”

‘Lo peor todavía no llegó’
Para asegurar una agenda de tan largo plazo, Milei necesita ganar la reelección en octubre de 2027. Su gran ventaja es que la oposición peronista sigue desordenada y no hay un rival obvio que le pueda hacer frente.
Pero los analistas políticos detectan señales alarmantes de pesimismo entre muchos votantes. Según una encuesta reciente de Trespuntozero, el 77% de los votantes cree que el país todavía está en una “crisis económica”. Peor aún para el gobierno, el 84% cree que “lo peor todavía no llegó”.
“El humor de los votantes hoy está a favor de un cambio de gobierno”, dice Shila Vilker, directora de Trespuntozero. “El gobierno puede revertir ese sentimiento, pero necesita hacer algo y necesita apurarse.”
Los salarios reales no lograron recuperarse del todo tras la fuerte caída de 2023, cuando la inflación llegó a los tres dígitos. Los ingresos disponibles evolucionaron todavía peor, ya que Milei eliminó subsidios a la energía, el agua y el transporte, con una caída del 17% en términos reales desde comienzos de 2023, según el centro de estudios Equilibra.
Milei, decidido a proteger su principal logro en materia de inflación, descartó cualquier medida fiscal para reactivar la economía de cara a las elecciones del año próximo, y dijo en agosto que “el populismo no se combate con populismo”.
Algunos analistas creen que el estilo confrontativo de Milei, que tan bien le funcionó como candidato outsider, podría convertirse en un lastre a medida que la gente empiece a culpar al gobierno por las dificultades. En un evento en agosto se burló de sus críticos, imitando con voz burlona la frase tan repetida “no llego a fin de mes”, a la que calificó de “estupidez”.
El punto muerto entre la visión de Milei para Argentina y la terca realidad de la economía actual queda claramente expuesto en la fábrica de neumáticos de Fate, donde algunos de los 920 trabajadores que perdieron su empleo mantienen una vigilia constante desde que cerró en febrero.
Su objetivo es mantener viva la posibilidad de una reapertura, ya que el sindicato cree que la fábrica era rentable y que solo cerró como parte de una disputa más amplia entre el gobierno y el dueño de Fate.
Crespo, el líder del sindicato, duda de que el plan de Milei pueda reemplazar los empleos que se están perdiendo. “La industrialización debería generar muchos empleos manuales calificados con salarios dignos... lo que plantea Milei no es sostenible”, dice.
Incluso el propio Milei reconoce el costo de la disyuntiva. Hablando sobre la fábrica, dijo: “Si lo mirás en términos utilitarios, tengo 47 millones de argentinos que se benefician y tengo 920 que salen perjudicados.” Pero también reconoció que esto no era necesariamente “justo” para esos trabajadores.
Uno de ellos es Carlos Romero, de 59 años, que trabajó 30 años en la fábrica y hoy ayuda a mantener la vigilia. Dice que él y los demás no tienen adónde ir.
“¿De verdad esperan que migremos con toda la familia, que nos mudemos 800 kilómetros o más”, pregunta, “para buscar trabajo en un lugar donde tal vez ni siquiera haya empleo?”
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