Los países sudamericanos están en la búsqueda de acuerdos comerciales globales, desde Canadá hasta el Golfo y Asia, en momentos en que un bloque históricamente cerrado hacia adentro busca cubrirse frente a la creciente inestabilidad geopolítica.
El Mercosur, la unión aduanera integrada por Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay, mantiene conversaciones con capitales de todo el mundo con el objetivo de impulsar el comercio exterior de uno de los bloques regionales más cerrados.
“Estamos en una fase distinta a todas las que vivimos antes. Es quizás la más activa para el Mercosur en términos de búsqueda de acuerdos comerciales y otro tipo de pactos [fuera de América Latina]“, dijo Philip Fox-Drummond Gough, jefe de Asuntos Económicos y Financieros de la Cancillería de Brasil y negociador del Mercosur.
Funcionarios señalaron que esperan cerrar los términos de un acuerdo comercial con Canadá antes de fin de 2026, mientras que el Mercosur y Japón lanzaron oficialmente en junio las negociaciones para una asociación económica. También avanzan conversaciones comerciales con países como los Emiratos Árabes Unidos, India y Vietnam.
Las exportaciones del Mercosur representan actualmente menos del 20% del PBI combinado del bloque, según analistas, muy por debajo del promedio mundial.
Pero la turbulencia en los mercados internacionales de energía y alimentos derivada de las guerras en Ucrania y Medio Oriente abrió nuevas oportunidades para un bloque que se cuenta entre los mayores productores de hidrocarburos, minerales y commodities agrícolas.
La ofensiva negociadora llega tras un esperado acuerdo de libre comercio con la UE que entró en vigencia este año, y en momentos en que las políticas comerciales y los conflictos militares del presidente estadounidense Donald Trump alteran el comercio global.
En el continente sudamericano, el presidente libremercadista de Argentina, Javier Milei, también presionó para abrir el bloque comercial.
Diplomáticos y expertos en comercio señalaron que estos factores —sumados a la creciente rivalidad entre EE.UU. y China— alentaron a los países de “poder medio” a buscar o profundizar relaciones comerciales para protegerse de shocks en las cadenas de suministro.
“El sistema multilateral de comercio básicamente no está operativo en este momento”, dijo Roberto Azevêdo, ex diplomático brasileño y ex director general de la Organización Mundial del Comercio, al describir “un mundo más fragmentado y anárquico”.
“El modo de lograr previsibilidad en un mundo muy impredecible es tener alternativas [...] poder virar hacia nuevas oportunidades y nuevos mercados”, agregó Azevêdo, quien hoy dirige la consultora 9G Consulting and Advisory Services.
La búsqueda del Mercosur, sin embargo, quedó eclipsada en las últimas semanas por una disputa diplomática entre Argentina y Brasil. Después de que Milei insultara reiteradamente a su par y rival ideológico Luiz Inácio Lula da Silva, Brasil bajó el nivel de sus relaciones diplomáticas con su vecino.
Aun así, la búsqueda de acuerdos del bloque debería sobrevivir, dijo Welber Barral, ex funcionario de Comercio de Brasil y fundador de la consultora BMJ & Associates.
“Todos los países del Mercosur tienen interés en estos acuerdos. La Argentina de Milei fue una de las más entusiastas con el acuerdo con la UE”, agregó Barral. “Más allá de la mala relación entre Brasil y Argentina, o incluso de disputas con los socios más chicos, estos movimientos van a continuar”.

Las tensiones internas dentro del Mercosur alimentaron, en cierto sentido, la búsqueda de acuerdos comerciales, señalaron los analistas. El año pasado, Milei calificó al bloque de “cortina de hierro” y amenazó con retirarse si no avanzaba con “reformas a favor del libre comercio”.
Desde entonces, Argentina firmó un acuerdo comercial bilateral con Estados Unidos y, junto con Uruguay, declaró su intención de sumarse al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico, que reúne a 12 países. El movimiento desafía las restricciones del Mercosur a que sus miembros cierren acuerdos por su cuenta.
“Argentina claramente está corriendo los límites del Mercosur”, dijo Marcelo Elizondo, experto argentino en comercio exterior.
Los analistas señalaron que esto le sumó presión al brasileño Lula, cuyo Partido de los Trabajadores, de izquierda, históricamente se había mostrado cauteloso frente a la liberalización comercial.
Elizondo dijo que Lula entendió que el bloque sudamericano podría enfrentar una crisis si seguía cerrado y aislado.
“Él entiende este impulso comercial como una manera de fortalecer al Mercosur [...] mientras demuestra al mismo tiempo su compromiso con el multilateralismo, en contraposición al proteccionismo de Trump”, agregó.
EE.UU. anunció en julio un arancel adicional del 25% a numerosos productos brasileños, lo que reavivó las tensiones bilaterales.
Las renovadas negociaciones del Mercosur en otras partes del mundo le permitieron al bloque demostrar su capacidad de cerrar acuerdos “mejores y de mayor escala que los que cualquier miembro podría lograr en soledad”, dijo Patricia Frutos, viceministra de Relaciones Económicas e Integración de Paraguay.
Funcionarios y analistas advirtieron, sin embargo, que las negociaciones podrían enfrentar obstáculos, tal como lo ilustra el acuerdo con la UE, largamente demorado, que se firmó en enero tras más de un cuarto de siglo de intentos discontinuos.
Como gran proveedor de alimentos básicos, el Mercosur suele enfrentar resistencia de los lobbies agropecuarios frente a eventuales acuerdos comerciales. Esta fue una de las principales razones de la prolongada demora del acuerdo con la UE, junto con preocupaciones ambientales como la deforestación.
El Mercosur también cerró el año pasado negociaciones comerciales con la Asociación Europea de Libre Comercio —integrada por Suiza, Noruega, Islandia y Liechtenstein— y firmó un acuerdo con Singapur en 2023, el primero del bloque con un país asiático.













