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Los ejecutivos de finanzas respaldan el cambio de rumbo que encaró el gobierno de Javier Milei, valoran la decisión de sostener el equilibrio fiscal y coinciden en que la Argentina no puede volver a financiar el gasto público mediante la emisión. Pero el acompañamiento no está exento de reparos.

Ese fue el sentimiento que marcó el clima de la 47° Convención Anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF), que reunió en Puerto Iguazú a empresarios, banqueros, economistas y funcionarios en dos jornadas cargadas de disertaciones y gozo del entorno natural de la selva y las cataratas.

“El clima viene bastante bien”, afirmó Pablo Miedziak, presidente del IAEF, en una charla exclusiva con El Cronista hacia la mitad de la segunda jornada del evento. Según explicó, existe una economía que “anda muy bien y explota”, impulsada por grandes proyectos vinculados con la minería, la energía y el agro, pero eso no sucede en todos los sectores.

Como ejemplo, mencionó el contraste entre los proyectos mineros de gran escala y las dificultades de economías regionales, como la yerbatera, especialmente fuerte en la provincia anfitriona de la convención este año, que todavía no reciben el mismo impulso. A esto se suma la apertura comercial, que obliga a las empresas argentinas a competir con productores internacionales, en especial con China.

Bastante optimismo

“Hay bastante optimismo. Hay tres sectores que van muy bien y hay otros a los que les está costando”, sintetizó Miedziak. El diagnóstico coincidió con una de las mayores inquietudes que apareció durante la convención: cómo evitar que el crecimiento quede limitado a las actividades extractivas y exportadoras y consiga alcanzar al comercio, la industria, las pymes y el consumo.

El presidente del IAEF consideró que el cambio cultural en torno a las cuentas públicas ya fue incorporado por gran parte de la sociedad y del empresariado. “Argentina se acomodó a algo que creo que no ocurría desde hace décadas: tenemos que ir con presupuesto cero. Y eso lo entendió todo el mundo. No puede gastar más de lo que recauda”, aseguró.

A su entender, el esfuerzo fue mayor durante los primeros años, pero hoy existe un consenso más amplio acerca de la necesidad de administrar los recursos disponibles sin recurrir a la emisión para cubrir desequilibrios.

“El Gobierno y todos nos acostumbramos a decir: ‘Este es el dinero que hay disponible, ¿qué hacemos con esto?’”, señaló. Sin embargo, Miedziak reconoció que el desafío está en atravesar el corto plazo. En especial, mencionó a los sectores cuyos ingresos perdieron terreno frente a la inflación y todavía no perciben los beneficios de la estabilización. Desde el punto de vista de lo que van a ser los próximos años, aseguró: “En cinco, diez o veinte años, la Argentina va a flotar. Hay que ver cómo llegás al otro lado del río”.

Entre los asistentes predominó una mirada favorable sobre la dirección general del programa económico, aunque también una fuerte expectativa por lo que viene. La sensación podría resumirse así: el sector privado no quiere volver atrás, pero todavía espera señales que permitan transformar la propuesta macroeconómica del Gobierno en crecimiento, inversión, crédito y una mejora concreta de la economía real.

La desaceleración de la inflación, el equilibrio de las cuentas públicas, la necesidad de bajar impuestos y la presión tributaria de algunas provincias, la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central y la posibilidad de una reelección de Milei estuvieron entre los principales temas del encuentro.

Los temas más candentes

En tanto, la causa Malvinas, que el Gobierno quiso instalar no prendió fuerte entre los asistentes y tampoco se hablaba de los casos de corrupción que recientemente enfrentó el oficialismo. En los pasillos, aparecieron otras preocupaciones: la caída del consumo, la mora crediticia, el costo financiero, la competitividad y una recuperación que continúa concentrada en el campo, la energía y la minería.

Uno de los dirigentes más entusiastas fue Mario Grinman, presidente de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios. Aunque reconoció que el sector atraviesa una situación delicada y que muchas empresas están cerrando, defendió la orientación económica del Gobierno. Admitió que Milei “es áspero y agresivo” en su oratoria, pero aseguró que “está haciendo lo que hay que hacer”. Incluso expresó su deseo de que el Presidente consiga la reelección.

También el presidente confió en que “les vamos a ganar” a la oposición en 2027 durante su discurso de cierre en el evento. Y dijo estar convencido que que los argentinos “no quieren volver atrás”. Dejó en claro que no piensa torcer el rumbo de su plan económico por un “capricho electoral”. “Entré acá por el bronce, no voy a borrar con el codo lo que escribí con la mano” sancionó.

Se llevó muchos aplausos. El vínculo con Estados Unidos, la inserción internacional y una política económica más favorable al mercado atraen a los ejecutivos. Pero, al mismo tiempo, por lo bajo, existe preocupación porque la agresividad del discurso oficial complique la construcción de acuerdos políticos y sectoriales necesarios para sostener las reformas.

Contrapunto por la industria

Martín Rapallini, presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), aportó la mirada más crítica. Si bien reconoció que el país debía abandonar una economía sostenida por el gasto público y la emisión monetaria, advirtió que la industria está entre los sectores más afectados por la transición. El dirigente pidió que el Gobierno construya “un puente” para que más empresas puedan atravesar el cambio de modelo y reclamó un pacto tributario que alivie la “mochila de piedra” que carga el sector productivo.

Federico Sturzenegger recogió el planteo y defendió la estrategia oficial. El ministro de Desregulación y Transformación del Estado reconoció que el crecimiento no es parejo, pero rechazó la posibilidad de recurrir a medidas intervencionistas para estimular la actividad. “Si hay algo que podemos hacer para que el consumo crezca, es bajar el gasto público”, afirmó. También vinculó la expansión del crédito con una mayor capacidad de ahorro y con la continuidad de la estabilidad macroeconómica.

La respuesta dejó expuesta una de las discusiones centrales que atravesó la convención. Mientras los empresarios más golpeados piden alivio tributario y medidas para atravesar la transición, el Gobierno sostiene que la recuperación del consumo y el financiamiento debe surgir de la consolidación fiscal y de una mayor disponibilidad de recursos en el sector privado.

BCRA, inflación y mora, en foco

El presidente de Banco Macro, Jorge Brito, también destacó la audacia de Milei para terminar con el déficit fiscal, pero puso el foco en dos problemas que todavía no encuentran respuesta: el empleo y la caída de la actividad. Brito valoró además el cambio en el rol del sistema financiero y consideró clave avanzar hacia un Banco Central independiente, un debate que cobró fuerza ante el proyecto de reforma de su Carta Orgánica.

A la vez, advirtió por el crecimiento de la mora. Según su mirada, detrás de las dificultades para pagar los créditos aparecen la pérdida de poder adquisitivo, el desempleo, el mayor peso de las tarifas dentro del presupuesto familiar y la carga impositiva.

Su postura reflejó otra constante del encuentro: una parte importante del empresariado respalda el contenido de las reformas, pero cuestiona las formas, las confrontaciones y el tono que utiliza el Gobierno para comunicar sus decisiones. El clima entre los ejecutivos financieros fue favorable, pero no eufórico. Hay respaldo al orden fiscal y la baja de la inflación.

Pero ese optimismo convive con interrogantes. Los empresarios quieren saber cuándo bajarán las tasas, cuándo se recuperará el crédito, cuánto tiempo más podrá resistir el consumo y cómo harán las empresas ligadas al mercado interno para atravesar la transición. Crece la demanda para que la estabilidad deje de ser sólo una promesa de futuro y empiece a traducirse en resultados visibles.