Cuando se le rompió el auto a principios de 2025, Jonatan Verón, un conductor de Uber de 41 años de La Plata, Argentina, sacó un préstamo bancario de unos u$s 1.300 para arreglar el motor.
En pocos meses, Verón empezó a atrasarse con los pagos porque sus ingresos no lograban seguirle el ritmo al costo de vida. Después de que se le pinchara una rueda, se vio obligado a pedir otros u$s 330 a un prestamista informal a una tasa de interés del 300%. Desde entonces, sus deudas se dispararon a más de u$s 11.000.
“Es muchísimo”, dijo Verón, y agregó que también le debía dinero a su hermana, a su ex mujer y a la compañía de telefonía celular. “Pero no tuve otra opción”.
Un número récord de hogares argentinos tiene dificultades para pagar sus deudas a tiempo: el 16,3% del crédito otorgado a personas físicas tiene al menos tres meses de atraso, según el centro de estudios Equilibra.
Los préstamos incobrables son consecuencia de los profundos cambios en la economía argentina bajo el presidente libertario Javier Milei, quien recortó el gasto público y bajó la inflación anual desde un pico del 289% a principios de 2024 hasta el 34%.
La estabilización económica de Milei le dio a los bancos mayores incentivos para prestar, justo cuando sus medidas de austeridad hicieron que muchas familias necesitaran endeudarse más. Los argentinos se habían acostumbrado a que la suba de precios licuara el valor de las deudas, pero las tasas de interés reales pasaron a ser marcadamente positivas, muchas veces bien entradas en los tres dígitos.
Este combo hizo que unas 5,8 millones de personas se atrasaran con sus pagos, casi un tercio del total de los deudores.
Las deudas personales se convirtieron en un foco de bronca por el impacto desparejo de las reformas de libre mercado de Milei. Los argentinos vieron cómo sus salarios se achicaron o se estancaron desde la crisis inflacionaria de 2023, mientras sectores como la construcción, la industria y el comercio minorista atraviesan una desaceleración, aun cuando rubros exportadores como el agro y la energía están en pleno boom.
“Hay crecimiento [económico], pero la gente no lo siente”, dijo Nery Persichini, jefe de research de la sociedad de bolsa GMA Capital. “Mucha gente la está pasando mal en esta transición”.
La fragmentada oposición peronista de izquierda se unificó en torno al tema de la deuda y sus líderes acusan una y otra vez a Milei de forzar a la gente “a endeudarse para sobrevivir”. Los sindicatos marcharon en Buenos Aires la semana pasada para reclamar alivio.
La Presidencia respondió el lunes que las cifras “no muestran una situación de crisis” y que la mora “tiende a la baja”, después de que los datos de junio mostraran que la proporción de préstamos en mora se había estabilizado desde mayo.
Sus funcionarios sostienen que el salto en la morosidad es una consecuencia transitoria de una expansión largamente demorada del mercado de crédito privado argentino, que en apenas el 12% del PBI sigue siendo minúsculo en comparación con los países vecinos. Y agregan que la situación se agravó por una fuerte suba de las tasas de interés el año pasado, cuando los bancos se resguardaron de la volatilidad del mercado de cara a las elecciones de medio término.
El propio Milei mostró poca compasión por los deudores. “¿Alguien les puso una pistola en la cabeza para que lo hicieran?”, dijo este mes en una entrevista televisiva, al describir la mora como “un problema entre privados”.
Pero los economistas advierten que la magnitud del fenómeno es un problema para Milei, a 14 meses de su búsqueda de la reelección.
“Con tanta gente involucrada, esto deja de ser una cuestión microeconómica y amenaza con volverse macroeconómica”, dijo Amílcar Collante, fundador de la consultora Profit.

El Gobierno de Milei ve al crédito privado como una de sus principales palancas para impulsar el consumo y la actividad económica, que están creciendo más lento de lo que había previsto el propio Gobierno.
“No está claro que el crédito pueda ayudar a la actividad cuando hay tanta gente que no puede pedir préstamos porque tiene deudas impagas”, dijo Collante.
El ministro de Economía, Luis Caputo, busca vías alternativas para expandir el mercado de crédito, entre ellas permitir que los bancos presten a empresas hasta el 15% de sus depósitos en dólares, algo que estuvo prácticamente prohibido desde el colapso económico de 2001.
La históricamente volátil economía argentina desalentó durante mucho tiempo a los bancos a la hora de prestarle al sector privado. En cambio, hacían plata fácil con los sucesivos gobiernos nacionales, que en los últimos años emitieron enormes volúmenes de deuda con intereses para financiar el gasto.
La austeridad de Milei cambió ese panorama y llevó a los bancos a buscar empresas y particulares como clientes.
Pero a las personas les costó anticipar su capacidad de pago, ya que la baja de la inflación desaceleró el ritmo de los aumentos salariales, mientras Milei eliminaba los subsidios al gas, la electricidad y el transporte.
“Sacás un préstamo pensando que lo vas a poder pagar”, dijo Oriana Fernández, analista de 24 años que trabaja en una empresa de indumentaria. Debe unos u$s 3.300 en una tarjeta de crédito con una tasa de interés del 132%, después de haber gastado u$s 1.600 el año pasado para conseguir un departamento para ella y su hijo cuando se separó de su pareja.
Su empleador, que tiene dificultades para competir a medida que Milei flexibiliza las restricciones a las importaciones, le aumentó el sueldo apenas un 20% en los últimos 18 meses, contó Fernández, integrante de Deudores en Movimiento, un colectivo que acompaña a personas en situación de mora.
El salto en los préstamos incobrables alimentó el enojo contra las billeteras virtuales, sumamente populares en la Argentina. Más del 32% del crédito otorgado a personas físicas por fintechs y otros prestamistas no bancarios está en mora, según Equilibra.
Los manifestantes de la semana pasada acusaron a Milei de ser “cómplice” de la “usura” de las fintechs. “Están cobrando un interés del 200%, lo cual es usura si se tiene en cuenta la poca capacidad de repago que tiene la gente”, dijo Luci Cavallero, fundadora de Movida Ciudad, una agrupación de acción comunitaria de Buenos Aires.
Mariano Biocca, titular de la cámara de fintechs de la Argentina, dijo que las billeteras virtuales deben fijar tasas de interés más altas que los bancos porque operan con tomadores de mayor riesgo y que los préstamos de las fintechs representan apenas una pequeña fracción del total de la deuda en mora.
“Es un proceso de aprendizaje”, dijo Biocca, y agregó que “todos los proveedores de crédito vienen desacelerando este año a medida que recalibran su toma de decisiones”. Los datos del Banco Central muestran que la oferta de crédito a personas físicas apenas se expandió desde fines de 2025.
Milei descartó un alivio de deudas con respaldo estatal, aunque Caputo dijo el mes pasado que los prestamistas tienen sus propios planes “para refinanciar deudas a plazos más largos y tasas más bajas”.
Los economistas siguen de cerca estos esfuerzos a medida que la Argentina se acerca a las elecciones presidenciales de 2027. El estancamiento de la economía pesó sobre el apoyo a Milei este año: un 38% de los encuestados aprueba a su Gobierno, según la encuestadora Casa Tres.
“Cuando la gente no tiene poder adquisitivo genuino en el bolsillo porque tiene un ingreso disponible más chico, hace falta el motor del crédito para impulsar el consumo”, dijo Persichini, de GMA Capital. “Ahora mismo, ese motor está apagado”.
















