El Fondo de Garantía de Sustentabilidad nació en 2008, cuando el kirchnerismo estatizó las AFJP, confiscó los activos que estaban en cuentas individuales y trasladó unos u$s 30.000 millones de entonces a la órbita de ANSES. Desde su creación, el FGS fue el comprador cautivo de deuda de diferentes gobiernos.
La cartera se fue cargando de papeles soberanos hasta representar más de dos tercios de sus activos en varios tramos. Más que reserva de los futuros jubilados actuó como caja chica de los gobiernos en déficit.

Mantiene tenencia en acciones de empresas, las mismas recibidas tras la confiscación, y una liquidez alta (incluyendo Letras de corto plazo) en torno a los u$s 5000 millones. Mucho sentido no tiene la participación empresaria pero en sus inicios, el FGS servía como intromisión estatal en las principales compañías del país.
Las AFJP eran los únicos inversores de largo plazo en Argentina. Al igual que en el resto del planeta. Ahora la intención es que el FGS adopte esa misma postura para promover el crédito hipotecario. En las últimas reuniones en el BCRA, el proyecto estaba listo.
El objetivo era que el FGS haga colocaciones en bancos a 3 o 5 años de plazo fijo UVA más una sobretasa y que los bancos coloquen esos fondos en créditos hipotecarios a UVA más 5 o 6%. Eso es lo que se está tarareando. En forma inminente, se viene la música.
Pero hoy hablar de crédito es hablar de mora. Hoy todos los datos se politizan. Lo único que vale son los números. Los datos de la Central de Deudores, fuente de toda razón, muestran que en entidades financieras la cartera irregular representa el 7,6% del total, pero la incidencia alcanza al 19% de los clientes. El problema es la extensión, no el monto. Entre los proveedores no financieros la mora es de 31,1% y 32,6% de los clientes. Hay normas del BCRA que agrandan la mora y alimentan la política morosa.
Por ahí pasan también medidas por venir.
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