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La baja de la inflación fue el principal activo económico y político del Gobierno de Javier Milei, comenta el banco británico Barclays en su último informe sobre LATAM Strategy.

Sin embargo, a medida que la estabilización se convierte en parte del nuevo escenario, el mercado empieza a dirigir la atención hacia otra pregunta: si el programa puede traducirse en una recuperación sostenida de los salarios, el empleo y la actividad.

Ese es el dilema que plantea Barclays. El banco advirtió que la combinación de ajuste fiscal, apertura comercial y un tipo de cambio real fuerte puede dificultar la recuperación de los sectores que compiten con las importaciones y de aquellas actividades que no están vinculadas directamente con el comercio exterior.

“El umbral para un regreso a políticas macroeconómicas populistas en las elecciones de 2027 es alto”, disparó Barclays. Sin embargo, añadió que el mercado está incorporando cada vez más ese riesgo, en un contexto marcado por el deterioro de la aprobación presidencial y el cambio en las principales preocupaciones de los votantes.

El dilema del “dólar barato”

Barclays no pronostica una devaluación ni menciona que el programa económico esté destinado a fracasar. Lejos de eso, su advertencia apunta a la sostenibilidad de la actual combinación de políticas en un intento por no perder el rumbo conseguido hasta ahora.

Según el banco, los salarios reales deberían comenzar a recuperarse gradualmente con una inflación cercana al 2% mensual. No obstante, se mostró “escéptico” respecto de que esa mejora pueda sostenerse mientras el tipo de cambio real permanezca en sus actuales niveles.

El motivo es que una política fiscal restrictiva, combinada con la liberalización del comercio, probablemente necesite una moneda más débil para que puedan recuperarse los sectores no transables y aquellos que compiten con productos importados.

En otras palabras, el peso fuerte contribuye a moderar la inflación, pero al mismo tiempo aumenta la competencia externa y presiona sobre la rentabilidad, la producción y el empleo de distintas actividades locales. Ese equilibrio se vuelve más complejo cuando la sociedad deja de concentrar su atención en los precios y comienza a evaluar el programa por su impacto sobre el bolsillo.

Y para Barclays, esa transición ya comenzó.

La economía que no termina de despegar

El informe remarcó que la actividad agregada ofrece una imagen más favorable que la que surge al observar el desempeño sectorial. En junio, la economía creció 0,8% mensual y 2,7% interanual, mientras que el superávit comercial alcanzó los u$s 2.115 millones en julio.

Sin embargo, Barclays señaló que, al excluir agricultura y minería, el Producto Bruto Interno (PBI) “se mantiene prácticamente en los niveles de noviembre de 2023, inmediatamente antes de la asunción de Milei”.

La diferencia es relevante porque el crecimiento concentrado en actividades agrícolas y extractivas no necesariamente se traduce con la misma velocidad en una mejora generalizada del empleo urbano y los ingresos.

El banco agregó otras dos cifras para respaldar su advertencia.

  • Los salarios formales reales se encuentran 6% por debajo del promedio del primer semestre de 2023,
  • mientras que el empleo formal cayó 4% frente al cuarto trimestre de ese mismo año.

Así, el desafío del Gobierno no pasa solamente por conservar la estabilidad nominal. También necesita extender la recuperación “hacia los sectores que emplean a una mayor parte de la población y que enfrentan directamente los efectos de la apertura comercial y el actual nivel del dólar”.

De la inflación al empleo y los salarios

Barclays considera que la política económica de Milei está ingresando en una segunda etapa. Durante la primera, la baja de la inflación produjo un beneficio político evidente.

El banco recordó que el oficialismo llegó a las elecciones legislativas de 2025 después de reducir la inflación desde niveles cercanos a 300% hasta aproximadamente 30% anual. Ese resultado fue central para sostener el respaldo electoral del Gobierno.

Pero la estabilización comienza a ser percibida como parte del escenario habitual. A medida que la inflación pierde espacio entre las principales preocupaciones de la población, “los ingresos y el empleo adquieren mayor importancia para el votante promedio”.

El empleo y los salarios son ahora las principales preocupaciones de los votantes”, sostuvo Barclays.

Esa modificación vuelve más exigente la combinación de políticas. “El Gobierno necesita mantener la disciplina fiscal y evitar un salto inflacionario, pero también debe conseguir que la desaceleración de los precios se traduzca en una recuperación visible del poder adquisitivo y del mercado laboral”, disparó el banco.

El superávit fiscal también pierde margen

A ese escenario se suma una erosión gradual del resultado fiscal, aunque Barclays aclaró que todavía se mantiene en niveles saludables, en línea con JP Morgan.

El superávit primario acumulado hasta julio alcanzó 0,9% del PIB, frente al 1,1% registrado en el mismo período de 2025. El gasto primario real cayó 3% interanual acumulado, pero los ingresos retrocedieron más: 5%.

Para todo 2026, Barclays proyecta un superávit primario equivalente a 1% del PBI. La cifra quedaría por debajo de la meta de 1,4% incluida en el programa con el Fondo Monetario Internacional (FMI), aunque el banco considera que todavía sería compatible con una estabilización de la deuda pública en el mediano plazo.

La pérdida de margen fiscal refuerza la importancia de la actividad. Si la economía no logra ampliar su recuperación, la debilidad de la recaudación puede hacer más difícil sostener el superávit sin profundizar el ajuste sobre el gasto.