Río Negro tiene el mayor anuncio de inversión del Régimen de Incentivo a las Grandes Industrias (RIGI) que espera exportar el año próximo. Mientras tanto, los otros sectores se adaptan a la reconfiguración que impulsó el Gobierno.

El ministro de Desarrollo Económico y Productivo de la Provincia de Río Negro, Carlos Banacloy, habló sobre una estrategia interprovincial de infraestructura, el impacto en otros sectores de la exportación de gas y la inversión para sectores. La polémica por las “carnes alternativas”.

Pregunta: La provincia tiene la mayor inversión en RIGI del país, ¿qué expectativas tienen sobre el proyecto?

Es una oportunidad histórica de la provincia de transformarse en el principal hub exportador de gas y de petróleo de Latinoamérica. Se cuestionaba políticamente que se lo habían quitado a Buenos Aires, pero nosotros, siendo productores, una parte de Vaca Muerta está en Río Negro y ahora se descubrió que uno de los de los pozos de Phoenix va a tener el récord de 500.000 barriles, nos merecíamos esta oportunidad. El gobernador (Alberto Weretilneck) pidió que se evalúen las condiciones de nuestro golfo, y hoy el desembarco de los dos proyectos está en marcha. Vaca Muerta sur el año que viene va a estar exportando y el primer barco de GNL a mediados de 2027 va a estar en el Golfo de San Antonio. Estos proyectos van a una velocidad a la que uno no está acostumbrado. Nosotros venimos de los esquemas productivos tradicionales, la provincia es agrícola-ganadera por naturaleza y los tiempos de los procesos productivos son mucho más lentos.

P: ¿Qué movimientos generó esta inversión?

El movimiento económico es dispar, porque las grandes obras son nómades. El mayor beneficiario va a ser la costa, donde los proyectos se van a instalar. Pero también hacia adelante esperamos que se muevan los esquemas productivos que tienen que ver con duplicar o triplicar la capacidad del gas y el petróleo, porque hay que llenar esos caños. Eso va a llevar 5 o 6 años más. Otro empuje lo estamos viendo en parques industriales, que se desarrollan para ser proveedores grandes de servicio para petróleo y gas.

P: ¿cómo se da esa demanda de proveedores locales?

Estos proyectos tienen una ley propia en la provincia que les da seguridad jurídica y los blindó. Pero sumamos leyes que hacen a las empresas a contratar un 80% de personal rionegrino, salvo que sean especificaciones que la provincia no pueda generar, como con los soldadores del gasoducto. También sumamos incentivos a la inversión local con bonos fiscales, quita de impuestos, incentivos a la radicación de prestadoras de servicio de gas y petróleo. Los barcos van a estar por 20 años, y no nos podemos quedar afuera. Buscamos que estos proyectos generen el mayor beneficio dentro de la localidad, la provincia y el país.

P: El gobierno habla de una migración a provincias energéticas y mineras, ¿que ven en Río Negro de este proceso?

Hay desafíos que demandan una visión más 360 que sólo mirar las exportaciones. Por ejemplo, la competencia de mano de obra que desequilibra otros esquemas. El corazón de Vaca Muerta pasó a ser 100% petrolero y erradicó otras producciones que no pueden competir con lo que paga el petróleo. Se corren las regiones, pero en esos lugares tenés que dar servicios, salud, seguridad, educación, y esas personas compiten con el sueldo petrolero por el mismo alquiler, los mismos servicios. A eso hay que poner el foco antes de que se genere el desorden territorial y pensar la inversión pública. Cuando la Nación se corre de inversiones como rutas o vivienda, pasa la responsabilidad a las provincias, que tienen menos recursos y se les pide que bajen ingresos brutos, con mayores obligaciones. Por ejemplo, solo en seguridad de los proyectos exportadores necesitamos fortalecer la prefectura. ¿Dónde van a vivir? ¿Con qué sistemas de salud, donde van a ir a la escuela sus hijos?

P: ¿Cómo enfrentan el déficit en inversión en infraestructura?

Hay que cambiar el sistema vial por uno más competitivo. Es inviable hacer obra pública y que nadie la mantenga. Nuestra provincia tiene 205.000 kilómetros cuadrados, es el 70% de España, y con 750.000 habitantes. Sostener estas infraestructuras públicas requiera una sinergia distinta. El gobernador trabaja el traspaso de rutas estratégicas y con Neuquén en un plan vial, porque para llegar a Vaca Muerta hay que pasar por Río Negro. Las rutas 22 y 151 son las dos fundamentales que llegan a Vaca Muerta. Lo mismo pasa con el ferrocarril. Tenemos que conectar las arenas con otra infraestructura. Hoy hay 500 camiones por día con arena en una única ruta que queda destruida. Si pensas que Vaca Muerta va a triplicar su demanda para aumentar la producción, el algún momento colapsa.

P: ¿Cómo imagina ese sistema vial y su financiamiento?

Va a ser atractiva para los privados y el financiamiento va a venir de las actividades vinculadas a esa carga. Son fletes que requieren una inversión multimillonaria en rutas. Y si no invertís en la infraestructura, no tiene ningún tipo de sentido que sigamos hablando de algo como es el desarrollo de nuestro país. Vamos a sumar u$s 50.000 millones en exportaciones y no le vamos a poner el 1% a una inversión pública-privada para la infraestructura, para que eso siga sucediendo. Cuando uno mira el mapa energético mundial, el hub pasa a ser estratégico. Es condición necesaria para algo tan demandado como la energía hoy, con el déficit que vive Europa por la guerra entre Rusia y Ucrania, a lo que se sumó el conflicto en el Estrecho de Ormuz.

P: ¿Cómo avanzaría este plan vial?

La provincia está negociando una primera puesta a punto de las rutas, porque tenés obras paralizadas hace 3, 4 años. Probablemente sea con fondos de un financiamiento externo, para desembarcar con lo urgente. Pero la inversión multimillonaria necesita infraestructuras nuevas. Hay que pensar rutas nuevas. La Secretaría de Energía trabaja en una ruta de las arenas específica, solo con tránsito pesado que quite presión y peligro a otras vías. Son camiones de 45.000 kilos.

P: ¿cómo ve el resto de las actividades de la provincia?

Nosotros vemos una oportunidad histórica de ensanchar la sábana. A diferencia del resto de las provincias patagónicas, nosotros somos agrícola-ganaderos por naturaleza. Y eso genera una matriz productiva diversificada. Geográficamente comparte un poco con la región centro, tenemos estepa hacia el sur, diferencias climáticas. Tenemos oportunidades en todas las canastas, desde el lúpulo de El Bolsón a las avellanadas en Viedma, las peras y manzanas del Alto Valle, la cereza, la ganadería, la horticultura de precisión. Hoy somos el principal exportador de cebolla, y por temas logísticos desarrollamos el cultivo bajo cubierta, proque traer un camión de tomate de Santiago del Estero triplica el valor del producto y lo vuelve inviable. En ganadería somos la única provincia que triplicó su stock en los últimos diez años, mientras que a nivel nacional eso está estancado. Con el aprovechamiento del río, estamos avanzando en un financiamiento del BID por u$s 85 millones para electrificación y mejoras de canales que van a poner a 100.000 hectáreas más bajo riego para extender la zona agrícola.

P: ¿A qué responde entonces el desempeño económico de la provincia?

Producir en Patagonia es mucho más caro. Nosotros pagamos zona desfavorable en un recibo de sueldo. Si tengo que competir con el pollo de Entre Ríos, parto de una mano de obra que es un 20% más cara. Así y todo tenemos una de las avícolas más grandes de la Argentina que es Pollolín, que hoy abastece toda la Patagonia y exporta a China. El chocolate también se convirtió en una industria y exporta. Pero todo es en el marco de un país. La provincia puede hacer esfuerzos pero aún falta y hay que entender que estamos inmersos en un país con una macroeconomía con inestabilidades que no tiene el planeta. Nuestras economías compiten con el mundo, no tienen tanto mercado interno. Nosotros producimos nueces y avellanas, gran parte de eso se exporta, y si no tenés una macroeconomía medianamente ordenada, ponerle valor agregado en el territorio es aún mucho más difícil. En Argentina por muchos años hubo cambios de reglas constantes: incorporabas tecnología pero no podías importar el repuesto, o se cerraba la exportación, ahora abrimos todo de golpe. Esas variaciones pegan en procesos productivos de mediano plazo (como el aceite de oliva que lleva 20 años consolidarse) hacen que termines exportando a granel por distintos obstáculos.

Los esfuerzos que hace la industria, los productores, las empresas, tienen que tener un todo, la mirada municipal, provincial y nacional. En muchos casos las provincias funcionan como un resorte ante las tormentas con políticas de remediación. Pero si dura mucho, se caen.

Y la macro por momentos está estable, por momentos tenés tres tipos de cambio, o no podés exportar, o no podés importar. Se prohíbe la exportación de carne, de golpe incrementamos la cuota en Estados Unidos. Mover el stock, cambiar la genética y demás requiere 4 o 5 años. No se hace de un día para el otro. Los indicadores requieren de una macro ordenada, que la celebramos, pero también de políticas de Estado claras.

P: En las últimas semanas se empezó a hablar de carnes alternativas en la Patagonia, ¿a qué responde?

Nosotros no hablamos de carnes alternativas porque ya se consumen. El jabalí es una especie exótica, invasora, introducida que no tiene depredador natural y su control es la caza, que está habilitada. El año pasado cambiamos la ley de fauna y tiene que venir una ley de carnes, porque, por ejemplo, hoy no podría una carnicería comercializar carne salvaje. Algo similar pasa con el guanaco. Su población ya supera la de ovejas y compiten por las pasturas, y su crecimiento no conoce fronteras. Por eso queremos reformar la ley de carnes, porque son proteínas de cercanía que hoy ya se consumen, pero no pasan por establecimientos como la carne bovina, porcina o de pollo, con los controles que necesita.