Gustavo Arengo Piragine, ministro de Hacienda y Finanzas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), repasó los principales frentes económicos de la Ciudad en una entrevista exclusiva con El Cronista en su oficina ubicada frente a Parque Lezama.
Describió una recuperación económica despareja entre sectores, detalló en qué consiste la estrategia para sostener el equilibrio fiscal, en un contexto de caída en la recaudación, y planteó la necesidad de rediscutir la Ley de Coparticipación Federal.
También adelantó que la administración de Jorge Macri saldrá en busca de financiamiento para la compra de los vagones de las líneas A y C, así como para financiar la primera etapa de la obra de la línea F. “La idea es que ese financiamiento sea en el mercado local”, sostuvo.
Acerca de la obra de la línea F, que demandará una inversión de u$s 1350 millones (contemplando únicamente la obra civil), Arengo remarcó que la apertura de sobres de la licitación será el 2 de octubre.
La compra de los vagones, en cambio, está prevista para 2030. En este caso, CABA requerirá una inversión extra de u$s 350-400 millones, totalizando un financiamiento por más de u$s 1700 millones.
Por otro lado, se refirió al avance de otras obras de infraestructura, entre ellas el Autódromo porteño, con foco en el regreso de la Fórmula 1. “La obra va a estar terminada a fines de este año. Nosotros vamos a hacer todas las gestiones necesarias con la FIA y con Liberty Media”, señaló.
Actividad, recaudación e impuestos
—A nivel nacional, se observa una economía dividida entre los sectores que traccionan el crecimiento y, por otro lado, los sectores más rezagados que son, a su vez, los más intensivos en términos de empleo. Esa heterogeneidad, ¿de qué manera se replica acá en la Ciudad?
—Dentro de los sectores ganadores hoy tenemos al financiero, que en términos de recaudación para la Ciudad venía sosteniendo al resto de los sectores, algunos de los cuales están muy golpeados. Entre ellos, la industria, que en 2026 sigue con caídas cercanas al 15% respecto del año pasado.
Después tenés a la construcción, que si la comparás contra 2022-2023 está bastante baja, pero había tenido un 2024 que cayó cerca del 30% y 35%, un 2025 que recuperó 10% y hoy está bastante estable respecto al año pasado, aunque todavía está entre 15 y 20 puntos por debajo de 2023.
Creemos que la construcción es uno de los sectores que tiene margen de recuperación futura.
Por otro lado, el comercio es otro de los que sigue en caída respecto al año pasado. Había caído mucho también en 2024, recuperó en 2025 y ahora volvió a caer un poco en este 2026. Y después tenemos a servicios, el otro sector relevante en la Ciudad de Buenos Aires, que viene bastante neutro.
Es decir que, en los sectores más pujantes de la Ciudad, hoy no se ve una recuperación importante: están bastante estables o estancados. Y el sector financiero, que era el que venía traccionando la recaudación —y que había tenido un crecimiento muy grande a fines de 2024 y principios de 2025—, hoy en créditos también viene estancado en estos últimos meses.
Lo que venía sosteniendo la actividad empezó a hacerlo un poco menos, y eso se ve también en la recaudación.
Desde marzo a junio, la recaudación de Ingresos Brutos en la Ciudad cayó 10% en términos reales, en parte porque el sector financiero dejó de traccionar a los sectores que venían más golpeados.
—Con la recaudación cayendo en términos reales, ¿cómo trabaja CABA para sostener el equilibrio fiscal?
Para nosotros es importante mantener el equilibrio fiscal. Eso el jefe de Gobierno, Jorge Macri, nos lo plantea hacia adentro continuamente: cuestionarnos sobre todo los gastos corrientes, que al reducirlos también permiten potenciar el gasto de capital.
Hacer obra pública es sumamente importante en la Ciudad, y además creemos que genera reactivación económica en un momento de caída de la actividad.
“Lo que venía sosteniendo la actividad empezó a hacerlo un poco menos, y eso se ve también en la recaudación”
En parte, lo que venimos haciendo es reducir 360 cargos gerenciales, lo que implicaba aproximadamente el 20% de la estructura que tenía la Ciudad. Bajamos más de 12.000 puestos de empleados, lo que representa, por ejemplo, el 15% de todo el escalafón administrativo.
En paralelo, aumentamos un 5% la cantidad de médicos y también la de policías, servicios que nos vienen pidiendo los vecinos de la Ciudad.
El gasto en personal es relevante para nosotros. Al inicio de la gestión, esto pesaba el 44% del presupuesto y hoy representa el 41%. Y eso, 10 años atrás, estaba cercano al 50%.
Es un trabajo que venimos haciendo de forma gradual, y es importante porque creemos en tener un Estado más chico y ágil.
—¿Cómo incide la caída en la recaudación en la estrategia para bajar impuestos?
—Genera un cambio, porque nosotros tenemos una mirada continua que nos define el jefe de Gobierno de ir reduciendo impuestos, y la caída de la recaudación hace que ese proceso sea un poco más lento. Pero nuestro objetivo es ir aliviando la carga al vecino, no solo en recursos, sino también en tiempo.
Implementamos la devolución de saldos a favor en Ingresos Brutos, algo que nos pedían todos los comercios en campaña, y hoy ya devolvimos más de 28.000 saldos a favor. Habilitamos la compensación de impuestos, que antes tampoco se podía hacer a través de la página web, y hoy tenemos más de 300.000 compensaciones.
También habilitamos el Monotributo Unificado en la Ciudad de Buenos Aires. Antes había que pagar el Monotributo nacional por un lado y después entrar a la página de AGIP para pagar el Monotributo local. Lo que hicimos fue unificarlo en el Monotributo nacional; entonces, hoy se hace una sola gestión y esto beneficia a más de 200.000 contribuyentes en la Ciudad.
Además, eliminamos las primeras tres categorías de los servicios no profesionales en la Ciudad y las próximas cinco categorías están al 75%. Eso beneficia a más de 140.000 contribuyentes.

Conscientes de la situación general de endeudamiento de las familias, eliminamos el impuesto de Sellos a la financiación con tarjeta de crédito.
Estamos viendo continuamente distintas oportunidades para generar alivio, como fue con los gastronómicos y hoteleros, a quienes por seis meses eximimos del pago de ABL.
Tenemos la idea de profundizar esa baja, pero la caída de la actividad económica hace que ese camino sea un poco más lento: hay menos recursos, hay que trabajar fuertemente en eficientizar el gasto corriente, y cualquier medida profunda de reforma impositiva —como sucede en el caso del Gobierno nacional— también se viene demorando por la caída de la actividad económica.
Nos pasó en el Consenso Fiscal de 2017, cuando el expresidente Mauricio Macri había planteado reducciones graduales de Ingresos Brutos y de Sellos. Es importante tener un crecimiento continuo de la actividad económica, porque si no, es muy difícil prever qué recursos vas a tener: si al año siguiente cae la actividad, te caen de nuevo los recursos, y muchas veces eso obliga a posponer estas bajas de alícuotas.
—¿Hay que rediscutir la coparticipación?
—Es una deuda pendiente que tenemos. La Ciudad de Buenos Aires hoy aporta entre el 17% y el 20% de los recursos a la masa coparticipable y recibe el 1,4%. La provincia de Buenos Aires es otra de las grandes perjudicadas: aporta cerca del 40% y recibe cerca del 20%.
Entonces, creo que hay que dar ese tipo de discusiones porque hay que ver los recursos en su conjunto. Entiendo el planteo del ministro de Economía, Luis Caputo, de que hay que revisar los recursos provinciales y cuáles son los impuestos distorsivos, que después atentan contra la competitividad de un montón de sectores.
Ingresos Brutos y Sellos son impuestos que se terminan exportando, perdiendo competitividad hacia afuera. Sabemos que son distorsivos, pero en ese cúmulo de recursos hay que poder discutir todos los temas sobre la mesa, entre ellos los recursos nacionales que se distribuyen a través de la coparticipación y después los recursos provinciales.
Es una discusión muy compleja. Por eso, con el tiempo valoro mucho más lo que fue el Consenso Fiscal de 2017. Desgraciadamente, cuando asumió el gobierno de Alberto Fernández en 2019, una de las primeras medidas fue suspender por un año y después directamente dejar de aplicar el consenso, que definía topes de alícuotas de Ingresos Brutos y de Sellos que iban bajando en el tiempo y que de alguna forma iban eliminando estos impuestos distorsivos.
Inversiones y financiamiento
—En mayo, la Legislatura aprobó la adhesión de la Ciudad al RIGI y creó el RIMICABA, el régimen local con incentivos fiscales en Ingresos Brutos, Sellos y más. ¿Qué sectores están mostrando mayor interés?
—El RIGI, la ley nacional a la cual se adhirió la Ciudad, establece claramente cuáles son esos sectores. Hay algunos que no tienen impacto en CABA (agro, energía y minería). Hay dos que sí tendrían impacto: uno relacionado con el turismo y otro con la economía del conocimiento y el software.
Ahora bien, muchos de esos sectores, sobre todo el de economía del conocimiento, la Ciudad de Buenos Aires los viene desarrollando hace tiempo dentro del distrito tecnológico, en el marco de la Ley de Economía del Conocimiento. Es parte de una agenda que la Ciudad ya viene trabajando desde hace tiempo.
Donde sí creo que puede haber una oportunidad —sé que vienen conversando con el Ministerio de Desarrollo Económico— es con la instalación de data centers. Esos requieren grandes inversiones y hoy se están viendo oportunidades en todo el país, entre ellas en CABA.
Sobre el RIMICABA, que involucra a distintos sectores vinculados a las pequeñas y medianas empresas, lo que plantea CABA —a diferencia de lo nacional— es que permite tomar el 25% de las inversiones que se realicen en un plazo de dos años a cuenta de Ingresos Brutos.

Es muy relevante porque creemos que es necesario en este contexto. Necesitamos reactivación económica, que las pymes y las industrias inviertan en la Ciudad. Por eso generamos ese incentivo adicional: que puedan tomar este 25% de las inversiones a cuenta de Ingresos Brutos. Somos optimistas y creemos que esto puede hacer que muchas empresas inviertan en la Ciudad.
—En mayo, CABA emitió un bono por USD 500 millones en el mercado internacional, a una tasa de alrededor del 7,3% y con un plazo de 10 años. ¿A qué se destinaron esos fondos?
—Emitimos en noviembre del año pasado u$s 600 millones y ahora, en mayo de este año, u$s 500 millones (ambos en el mercado internacional). Esos u$s 1100 millones corresponden a una autorización que nos dio la Legislatura —en abril de 2024— para el refinanciamiento de nuestra deuda.
El más relevante era el bono Tango Serie 12: eran u$s 890 millones, de los cuales casi u$s 300 millones nos vencían en 2025, u$s 300 millones en 2026 y u$s otros u$s 300 millones en 2027. En concreto, hay u$s 600 millones que ya pagamos.
Para nosotros era importante despejar ese horizonte de vencimientos, algo que también forma parte de la problemática que enfrenta el Gobierno nacional con ese muro de vencimientos. Lo positivo es que pudimos salir al mercado a emitir deuda en dólares a la menor tasa que emitió la Ciudad en toda su historia.
Fuimos, además, el emisor argentino con la tasa más baja de emisión primaria desde abril de 2018.
—Las mejoras en las calificaciones (perfil emisor local/extranjero y crediticio), ¿invitan a CABA a salir a captar financiamiento a una tasa más baja?
—Sin dudas, la mejora crediticia impacta en los niveles de tasa a los que uno puede emitir. Nosotros estamos trabajando en estos nuevos procesos de emisión de deuda.
Por un lado, tenemos u$s 300 millones que estamos gestionando con la CAF, organismo multilateral que financia a más largo plazo y a tasas bajas, para la recompra de todos los vagones de la línea B.
Por otro lado, hay u$s 150 millones que estamos cerca de emitir en el mercado local. Tenemos u$s 75 millones aprobados para la compra de vagones de la línea A y de la línea C y, por otro lado, tenemos otros u$s 75 millones para los pasos bajo nivel (Pampa y Álvarez Thomas, entre otros).
Respecto de esos u$s 150 millones, ya tenemos cerrados los contratos y los consorcios de bancos, además de la autorización del Gobierno nacional. Estamos próximos a emitir deuda en el mercado local.
Hoy el stock de deuda total de la Ciudad representa el 20% de nuestros ingresos corrientes. Sabemos que hasta el 40% o 45% es un nivel razonable.
Por eso entendíamos que pagando deuda, en algún momento, cuando se abra la ventana, íbamos a tener la oportunidad de financiar proyectos como el de la línea B, la compra de vagones de las líneas A y C, los pasos bajo nivel y, sobre todo, el más relevante: la línea F.
La apertura de sobres estaba prevista para el 10 de septiembre, pero se pasó para el 2 de octubre. Para nosotros es una de las obras más emblemáticas de la Ciudad. Son u$s 1350 millones.
—En ese monto no se contemplan los vagones, ¿verdad?
—Sin contemplar los vagones. Los u$s 1350 millones corresponden a la obra civil. Por otro lado, estamos contemplando entre u$s 350-400 millones adicionales para la compra de los vagones.
Eso recién iría en una segunda etapa. Es una obra de 6 años, que recién arrancaría en enero de 2027. ¿Por qué no están previstos los vagones dentro de los u$s 1350 millones? Porque la compra de los vagones está prevista pensando en 2030, más cercano a la finalización de la obra.
—Se trata de la primera línea de subte en 25 años. ¿Cómo se va a financiar? ¿Qué alternativas barajan?
—Tenemos la autorización de la Legislatura para ir al mercado —local o internacional— o a organismos multilaterales. Al ser una obra de 6 años, no todas las necesidades van al inicio: esto va a estar atado a la curva de inversión.
Sí es cierto que se plantea un anticipo cercano al 20%. Estamos trabajando y pensando en un esquema de financiamiento; en este caso, sería en el mercado local (la primera parte).
Ya tuvimos reuniones con la CAF, el BEI y el BID, entidades que han financiado obras de subte en Latinoamérica y hoy están muy interesadas en financiar la línea F.

Tenemos no solo distintas etapas en las cuales necesitamos que vayan ingresando los fondos, sino también distintos mecanismos. Va a ser una parte en el mercado local, seguramente otra parte con organismos multilaterales con los que ya estamos en conversaciones, y hay que ver si una tercera parte será el mercado internacional.
Eso va a depender de cuánto creemos que la curva de emisiones en pesos se va a ir estirando. Eso nos va a permitir poder ir trabajando con el mercado local.
—¿Cómo se va a financiar esa primera etapa?
—Sería un poco más del 20%, ya que también vamos a contemplar el anticipo más el primer año de la curva de inversión, que en esa etapa inicial todavía no es tan relevante porque la curva demora un poco más al principio. Estamos pensando en una cifra cercana a los u$s 350 millones para esta primera etapa, es decir, el primer año y medio. La idea es que ese financiamiento sea en el mercado local.
En ese sentido, algo importante para nosotros —que aprobó la Legislatura— es que ya estamos autorizados a hacer un rollover de la deuda en pesos, es decir, a sostener el outstanding. ¿Por qué es relevante? Porque la deuda en pesos hoy tiene un maturity (plazo de tiempo) de tres años, y si no contáramos con esa autorización, tendríamos que estar emitiendo en pesos y pidiendo nuevas autorizaciones cada vez que se acerque ese plazo.
Eso no tendría sentido, porque lo que necesitamos es que parte de este financiamiento se pueda estirar en el tiempo, como mínimo durante todo lo que dure la obra.
Creemos que este tipo de obra de infraestructura —que es justamente para lo que existe la deuda pública— debe poder financiarse a lo largo de varias generaciones, porque se trata de una obra que va a durar muchísimas generaciones.
—¿Qué otras obras de infraestructura está pensando CABA para 2027?
—Hoy estamos enfocados en que las obras en curso se terminen en tiempo y forma. Por ejemplo, la cárcel de Marcos Paz, que va a estar terminada entre fines de agosto y principios de septiembre. Eso va a permitir mudar a los presos que hoy están en Devoto, algo que además es un pedido histórico del barrio.
También estamos terminando las obras de las alcaidías de 27 de Febrero (Villa Soldati), lo que va a permitir descomprimir las alcaidías que teníamos en distintas comisarías y concentrarlas en un solo lugar.
Por otro lado, vamos a terminar la obra de la Autopista Dellepiane a mitad del año que viene. Es una obra muy grande de ensanchamiento, con un metrobús y parques. Esto va a permitir descomprimir mucho la salida en el sur de la Ciudad camino a Ezeiza.
Tenemos el puente Labruna, al lado de la cancha de River, y el paso bajo nivel Pampa, que también va a ser bastante emblemático. Y hay 500 obras de salud que se vienen avanzando con el ministro Fernán Quirós.
“Vamos a estar muy cerca de tener a la Fórmula 1 en Buenos Aires. Vamos a hacer todas las gestiones necesarias con la FIA y con Liberty Media. Después, obviamente, uno compite contra otros países”
La idea es terminar lo que ya se inició. Una de las obras más importantes, además de la compra de los vagones para el subte, es el Autódromo, que contempla una inversión de más de u$s 100 millones y que nos va a permitir tener al MotoGP en abril del año que viene.
Mientras tanto, estamos trabajando para que la Fórmula 1 también vuelva en el corto plazo.

—¿Vuelve la Fórmula 1 a Buenos Aires?
—Soy optimista. Cuando esté terminada la obra y se cumplan todos los requisitos y las reglamentaciones que nos exigen no solo la Federación Internacional de Motociclismo (FIM) sino también la Federación Internacional del Automóvil (FIA), vamos a estar muy cerca de tener la Fórmula 1 en la Ciudad de Buenos Aires.
La obra va a estar terminada a fines de este año. Vamos a hacer todas las gestiones necesarias con la FIA y con Liberty Media, que es la empresa que hoy administra el evento de Fórmula 1. Después, obviamente, uno compite contra otros países.
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