Uno de los misterios persistentes de los mercados financieros en este momento es por qué se mostraron tan a prueba de balas. Las acciones, las monedas y los bonos corporativos resistieron una serie de shocks, desde una crisis energética en Medio Oriente propia del peor escenario posible hasta robots descontrolados y potencialmente letales.
Esta resiliencia es muy bienvenida, pero también muy extraña. A todos nos hicieron creer que fueron los bancos centrales los que adormecieron a los mercados después de la crisis financiera, que sus programas de compra de bonos destinados a reactivar las principales economías amortiguaban el efecto de cada shock y empujaban a inversores reacios hacia activos de riesgo. Pero ahora esos programas de compra de bonos están en reversa, y aun así seguimos viendo la misma dinámica.
Sin embargo, los movimientos violentos de esta semana en los mercados de bonos soberanos traen consigo el potencial de arruinar el clima.
Incluso por sí mismas, la escala y la velocidad de la sacudida originada en EE.UU. son dignas de ver. Los bonos soberanos a nivel global vienen sintiendo la presión desde hace meses, y todos podemos discutir cuáles son las verdaderas razones, pero se trata de alguna combinación de inflación impulsada por el petróleo, una economía estadounidense al rojo vivo que exige tasas de interés más altas para pisar el freno y un endeudamiento desbocado. Además, los gobiernos ahora enfrentan cierta competencia por el favor de los inversores: la de las tecnológicas hyperscalers que emiten su propia deuda.
Todo esto resulta muy familiar para los profesionales del mercado, pero esta semana algo se quebró. La presión suave pero persistente sobre los precios de los bonos, que eleva los rendimientos de los bonos y los costos de endeudamiento para todos nosotros, se convirtió en un golpe al estómago. El rendimiento del bono de referencia del gobierno de EE.UU. a 10 años —sin lugar a dudas el número más importante de las finanzas globales— saltó por encima del 5%, un territorio que no ocupaba desde 2007. En un momento de esta semana, trepó hasta el 5,22%, más de un punto porcentual completo por encima del nivel con el que empezó el año. Para el común de los mortales, esto puede no sonar a mucho. Para los inversores en bonos, es el fin de los tiempos.
Dos cosas son importantes acá: la velocidad y el nivel. El ritmo al que esos rendimientos estadounidenses se dispararon por encima del 5% fue antinatural y comparable, en los últimos años, solo con el breve pero brutal shock de mercado que provocaron los aranceles del “día de la liberación” de Donald Trump en abril del año pasado. No había pasado nada desastroso: apenas una publicación optimista de datos de encuestas empresariales. Pero, de golpe, los rendimientos se dispararon.
Los conocedores del mercado dicen que esto fue una señal de estrés. Los fondos especulativos cumplen ahora un rol crucial para mantener en funcionamiento el mercado de bonos, una vulnerabilidad sobre la que advirtió la Reserva Federal de Nueva York a principios de este mes. Muchos claramente no vieron venir el movimiento en los rendimientos y corrieron hacia las salidas.
Ya tuvimos un ensayo general de esto, en los mercados de deuda más chicos del Reino Unido y Europa, cuando los hedge funds fueron tomados por sorpresa por la guerra en Irán y tuvieron que abandonar las apuestas a recortes de tasas de interés y pasarse a apuestas a subas. En los bonos del Tesoro estadounidense, sin embargo, esto es excepcionalmente raro, y abre la perspectiva de feos efectos colaterales.
“Estamos en la zona de peligro”, dijo Derek Halpenny, analista de MUFG. Los administradores de hedge funds y otros tipos de especuladores golpeados por la turbulencia ahora podrían necesitar deshacerse de apuestas totalmente ajenas para mantener las luces encendidas y cumplir con los pedidos de rescate. Solo podemos adivinar cuáles podrían ser esas otras apuestas, pero existe el riesgo de un repliegue en los carry trades, definidos en términos amplios como cualquier posición financiada en una moneda barata como el yen y volcada a inversiones en otros lugares, que van desde acciones tecnológicas hasta monedas de mercados emergentes. Bien podríamos estar “al borde” de que la sacudida en los bonos finalmente alcance a las monedas y a otras clases de activos, dijo Halpenny.

Estos son los hilos ocultos de los mercados que les quitan el sueño a los gestores de riesgo. Nunca se sabe dónde se van a cortar hasta que algún fondo termina atropellado.
El segundo tema es el nivel que alcanzaron ahora los rendimientos de los bonos del Tesoro. Es un problema serio, pero mayormente no para EE.UU. en sí. La economía estadounidense avanza con soltura y tiene una inflación bastante alta, lo que suaviza los bordes de las cargas de deuda nacional. Los mayores costos de endeudamiento duelen, sin duda, pero EE.UU. probablemente pueda manejarlo.
No ocurre lo mismo con otras grandes economías muy endeudadas y con un crecimiento mucho más lento, como el Reino Unido y Francia, donde los costos de la deuda siguen determinados en gran medida por el mercado estadounidense, más grande y más temible. El Reino Unido se encamina ahora hacia la temporada de Presupuesto (sí, otra vez), con el endeudamiento de referencia en torno al 5,4%, un problema que no es enteramente de su propia creación y que actúa como una restricción sobre las decisiones políticas.
Mientras tanto, Francia se encamina a elecciones el año que viene con rendimientos de los bonos a 10 años del 4,67%, más de un punto porcentual completo por encima de los de Alemania: una señal alarmante de fragmentación que les provoca sudores fríos a los veteranos de la crisis de deuda de la eurozona de la década de 2010.
Los grandes índices bursátiles probablemente resistan el shock de los bonos del Tesoro de esta semana. Las ganancias corporativas explosivas y el deslumbrante trade de la IA tomaron la posta de los bancos centrales en el sostén de las acciones. Los inversores podrían sentir que algo anda mal, pero tampoco ven razones para que esto termine. Sin embargo, las rupturas en el mercado de bonos tienen la costumbre de desatar incendios en lugares difíciles de detectar. Es momento de mantener los ojos bien abiertos.
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