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Cuando vio que el dinero en efectivo empezaba a perder protagonismo, Nora Palacios entendió que debía reinventar su negocio. Tras haber construido durante cuatro décadas una de las empresas argentinas más reconocidas en tecnología para la gestión de efectivo, decidió abrir un nuevo capítulo.
Fue entonces que invirtió u$s 250.000 para traer robots de limpieza, servicio y logística al país y convirtió a Counter -la firma que fundó en 1986 junto a su esposo- en un jugador de una industria que recién comienza a desarrollarse en la Argentina.
Palacios llevaba más de 40 años dedicada a la gestión de efectivo, un mercado que -confiesa- “conoce como pocos en el país”. Pero en una feria internacional descubrió una tecnología que la cautivó de inmediato.
En menos de 45 días importó los primeros equipos y concretó una preventa de 20 robots.

El nacimiento de Counter
Nora Palacios estudió cuatro años de Medicina en la Universidad de Buenos Aires (UBA). A medida que avanzaba en la profesión, descubrió que no se sentía del todo cómoda trabajando con pacientes, por lo que tomó la decisión de abandonar la carrera. “Cuando llegué a mi casa me dijeron: perfecto, dejás de estudiar, entonces vas a trabajar”.
Por aquel entonces era 1978. Consiguió empleo en una importadora de maquinaria alemana donde conoció las primeras contadoras de billetes que llegaban al país. Aunque eran equipos rudimentarios y con múltiples fallas, despertaron en ella una fascinación que no había experimentado antes.
En esa misma empresa conoció a quien luego sería su marido y socio, Rodolfo Carlés. Mientras ella se encargaba de la parte comercial y administrativa, él desarrolló una profunda especialización técnica. La dupla terminaría siendo la base de un proyecto empresarial que sobreviviría a casi todas las crisis argentinas.
En medio de las crisis
En 1984, tras la quiebra de la importadora donde trabajaban, el matrimonio recibió la representación técnica de las máquinas que se comercializaban hasta ese momento y decidió emprender por cuenta propia.
Dos años después nació formalmente Counter.

La compañía tuvo que atravesar algunos de los períodos económicos más críticos de la historia argentina. Primero llegó el desagio durante el gobierno de Raúl Alfonsín. Después la hiperinflación. Más tarde, la Convertibilidad y finalmente el colapso de 2001.
“Era golpe tras golpe. Cuando no había plata para contar, tampoco había máquinas para vender. Pero sabíamos que en algún momento la íbamos a pegar en serio”, reconoce.

El renacimiento después del corralito
La gran oportunidad llegó después de una de las mayores crisis económicas. Tras el corralito y la pesificación, comenzaron a reaparecer los movimientos de efectivo. En diciembre de 2002, la pareja decidió relanzar el negocio y apostar nuevamente por la importación de equipos.
El momento coincidió con la apertura china al comercio internacional y la aparición de fabricantes que comenzaron a revolucionar el mercado.
Desde un pequeño espacio de apenas 45 metros cuadrados, Counter empezó a crecer otra vez. Durante los años siguientes incorporó contadoras, clasificadoras de billetes y sistemas de autenticación. La necesidad de detectar billetes falsos impulsó la demanda.
El punto de inflexión llegó alrededor de 2010 con las clasificadoras bancarias. “Representaban entre el 70% y el 80% del negocio”, recuerda la empresaria.
Así, la compañía pasó de ser un pequeño taller de servicio técnico a convertirse en uno de los principales referentes nacionales en gestión de efectivo.
Entre 2015 y la actualidad, Counter protagonizó su mayor expansión. La empresa adquirió su primer local propio sobre Avenida San Martín, sumó la representación de la marca surcoreana Kisan y consolidó un modelo basado en comercialización y soporte técnico especializado.
Hoy cuenta con tres edificios propios de hasta 800 m2 de instalaciones, y brinda soporte técnico en menos de 24 horas en cualquier punto del país.
La empresa comercializó cerca de 3000 equipos de clasificación y gestión de efectivo y continúa siendo una referencia en soluciones para bancos, comercios y estaciones de servicio.
El momento en que encontró los robots
A medida que el efectivo comenzaba a desaparecer, Palacios comenzó a buscar explorar oportunidades de negocios que le permitiera complementar la gestión de efectivo. Revisó soluciones de software, electrónica y automatización, pero ninguna la convencía.
Hasta que, casi por casualidad, terminó recorriendo un pabellón de una feria internacional en Alemania.

Allí se encontró con los robots de la empresa china Pudu Robotics. Vio humanoides, robots camareros, equipos de limpieza autónoma y cuadrúpedos para seguridad industrial.
Antes de invertir, analizó su funcionamiento en Europa y quedó convencida de que esa tecnología tenía potencial en la Argentina.
En menos de 45 días ya había importado los primeros equipos. La apuesta inicial fue de aproximadamente u$s 250.000 para traer una primera partida de 10 robots.
La nueva cara de Counter
La nueva unidad de negocios está enfocada en robótica colaborativa, una categoría que -según destaca la fundadora- “busca complementar el trabajo humano en lugar de reemplazarlo”.
La propuesta incluye robots para limpieza industrial, asistencia en hoteles y restaurantes, logística interna, orientación de clientes y seguridad.

Según Palacios, los equipos de limpieza representan actualmente alrededor del 75% de la demanda dentro de la nueva división.
Algunos modelos pueden barrer, aspirar y secar de manera completamente autónoma durante las 24 horas. Otros funcionan como asistentes en restaurantes, llevando pedidos o interactuando con clientes. También existen cuadrúpedos destinados a inspecciones y recorridas de seguridad en plantas industriales.

Aunque los primeros robots desembarcaron en el país en mayo de 2026, la respuesta inicial del mercado sorprendió a la compañía. Antes incluso del arribo de la primera camada oficial, Counter concretó una preventa de 20 unidades destinadas a distintos sectores productivos.
Para el cierre de 2026 proyectan vender entre 150 y 200 robots de limpieza y entre 50 y 75 unidades orientadas a servicios y colaboración.

Por Ayelén Trujillo
Redactora de El Cronista
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