En esta noticia

La pobreza volvió a subir en la Argentina. El dato oficial difundido este jueves por el INDEC golpeó una de las principales credenciales económicas que el Gobierno exhibe desde el comienzo de su gestión.

La tasa alcanzó al 32,3% de las personas durante el primer semestre de 2026, frente al 28,2% registrado en la segunda mitad de 2025.

En términos absolutos, el INDEC estimó que 9,7 millones de personas quedaron por debajo de la línea de pobreza en los 31 aglomerados urbanos relevados por la Encuesta Permanente de Hogares.

La indigencia, en tanto, alcanzó al 7,5%, equivalente a unos 2,2 millones de personas.

El dato llegó además después de que Javier Milei volviera a reivindicar, frente a inversores en Nueva York, que su gestión es la que “más hizo por los sectores más vulnerables” y afirmara que desde su llegada al poder 14 millones de personas salieron de la pobreza.

En otras ocasiones, el Presidente y distintos funcionarios y dirigentes oficialistas hablaron de entre 10 y 12 millones de personas “sacadas de la pobreza”, una cifra que varía según el momento y el interlocutor.

Ahora, la Universidad Católica Argentina (UCA) puso el foco en un aspecto diferente del número difundido por el organismo estadístico: no solamente cuánto subió la pobreza, sino qué muestra la trayectoria reciente.

El Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA) sostuvo que el dato semestral debe leerse junto con la evolución trimestral.

Y allí aparece, según la Universidad, el dato central: la pobreza cambió de tendencia.

El 32,3% del primer semestre de 2026 resulta similar, aunque algo superior, al 31,6% registrado durante el primer semestre de 2025.

Pero esos dos números tienen detrás dinámicas diferentes.

El primer semestre de 2025 formaba parte de una etapa de descenso que continuó hasta el tercer trimestre del año pasado.

En cambio, el primer semestre de 2026 se construyó sobre una secuencia ascendente.

Según las estimaciones trimestrales del ODSA-UCA sobre los microdatos de la EPH, la pobreza pasó de 26,9% en el tercer trimestre de 2025 a 29,9% en el cuarto.

Luego se ubicó en 30% durante el primer trimestre de 2026 y saltó al 34,6% en el segundo trimestre.

“Por lo tanto, el dato central no es solo el nivel semestral, sino el cambio de tendencia”, señaló la UCA en su comunicado.

Para el Observatorio, la fase de fuerte reducción de la pobreza monetaria se agotó durante la segunda mitad de 2025 y fue reemplazada primero por un período de estancamiento y luego por un aumento.

Los cinco factores detrás del cambio

La UCA identificó cinco factores que ayudan a explicar ese giro.

1) El primero es el menor dinamismo de la actividad y el deterioro de la calidad del empleo.

Según el Observatorio, la caída desestacionalizada del PBI durante el segundo trimestre de 2026 se combinó con destrucción de empleo registrado y una mayor presencia de ocupaciones informales y precarias.

Para la institución, el problema no pasa solamente por la cantidad de puestos de trabajo creados, sino también por su productividad, estabilidad y remuneración.

2) El segundo factor es el menor impulso de los ingresos laborales.

La recuperación de los ingresos reales que había acompañado la reducción de la pobreza perdió fuerza hacia fines de 2025.

Durante el primer semestre de 2026, los salarios registrados volvieron a mostrar retrocesos reales respecto del semestre anterior, en un contexto de mayor fragilidad laboral.

Los datos del CEPA aportan una dimensión concreta de ese deterioro. El RIPTE registró una caída real del 2,7% durante el primer semestre de 2026 frente al semestre anterior y del 1,3% en la comparación interanual. A su vez, la tasa de desocupación promedió el 7,9% en los primeros seis meses del año, por encima del 7,1% del semestre anterior y del 7,8% registrado en la primera mitad de 2025.

3) El tercer elemento señalado por la UCA es la reversión de los precios relativos que habían favorecido la caída de la pobreza.

Durante 2024 y buena parte de 2025, los alimentos y otros componentes de las canastas básicas habían aumentado por debajo del nivel general de precios.

Ese comportamiento había favorecido la reducción de la pobreza aun cuando la recuperación de los ingresos había sido limitada.

Desde fines de 2025, ese efecto comenzó a revertirse, especialmente por el aumento de los alimentos y de los servicios básicos.

El informe del CEPA, publicado junto con el dato oficial, también identificó la aceleración de los alimentos como uno de los factores que incidieron en la evolución de la pobreza. Según sus cálculos, la inflación mensual promedio de ese rubro llegó al 2,8% durante el primer semestre de 2026, 0,6 puntos porcentuales por encima del semestre anterior y del mismo período de 2025.

4) El cuarto factor es la menor capacidad protectora de las transferencias sociales.

La AUH, las jubilaciones y otras prestaciones continúan teniendo un papel central para los hogares de menores ingresos, según el ODSA.

Pero su capacidad de compra se debilitó.

Las actualizaciones con rezago y la pérdida neta de cobertura de la Prestación Alimentar frente al costo de las canastas redujeron su capacidad para seguir conteniendo la indigencia.

La capacidad de compra de la AUH se debilitó
La capacidad de compra de la AUH se debilitó

5) El quinto factor es la mayor presión de tarifas, alquileres y servicios básicos.

La UCA señala que se trata de gastos difíciles de sustituir y que aumentaron con mayor intensidad que otros precios y que numerosos ingresos familiares.

Cuando estos gastos ganan peso dentro del presupuesto, queda menos dinero disponible para alimentos y otras necesidades.

Fuente: ShutterstockShutterstock

Según el Observatorio, este fenómeno es captado de manera incompleta por una medición monetaria cuando cambia la estructura de consumo de los hogares.

La UCA vuelve sobre la medición

La advertencia sobre el cambio de tendencia aparece además acompañada por una aclaración importante.

La UCA sostiene que la mejora inicial de la pobreza fue real, pero considera que su magnitud fue sobredimensionada por problemas de comparabilidad de la medición oficial.

Es un planteo que el ODSA ya había formulado durante 2025, cuando se abrió un fuerte debate sobre la manera de medir la pobreza en la Argentina.

Entre los cuestionamientos que había planteado el Observatorio aparecen los cambios en la captación de ingresos de la EPH, el uso de una Canasta Básica Total basada en ponderadores desactualizados y el desfase temporal entre los ingresos declarados por los hogares y las canastas utilizadas para evaluarlos.

En su ejercicio de descomposición, el ODSA estimó que entre 2022 y 2025 la pobreza había disminuido 10,9 puntos porcentuales según la metodología oficial.

Pero, al incorporar los ajustes metodológicos que propone la institución, la reducción se ubicaba en 3,1 puntos.

En el caso de la indigencia, la reducción pasaba de 2,3 a 0,5 puntos porcentuales.

La conclusión de la UCA no fue que la mejora no hubiera existido.

Por el contrario, sostuvo que hubo una mejora efectiva, pero considerablemente menor que la que surge de comparar directamente las tasas oficiales.

Y allí aparece el elemento que, para el Observatorio, vuelve especialmente relevante el dato conocido este jueves. La pobreza volvió a aumentar incluso bajo la medición oficial sin corregir.

Un núcleo de pobreza que no desaparece

La UCA también coloca el dato dentro de una perspectiva más amplia.

Según el Observatorio, los últimos registros vuelven a mostrar la persistencia de un núcleo estructural de pobreza del orden del 30% de la población y de pobreza extrema cercana al 7%.

La institución aclara que no se trata de un “piso natural”.

Detrás de ese núcleo identifica déficits acumulados de integración laboral, productividad, educación, hábitat, acceso a servicios y protección social.

La desaceleración de la inflación puede reducir rápidamente la pobreza monetaria cuando mejora los precios relativos, pero, según la UCA, no modifica por sí sola esas condiciones estructurales.

La asistencia todavía evita un deterioro mayor

El comunicado de la UCA también introduce un dato que funciona como contracara de sus críticas a la capacidad protectora de las políticas sociales.

Las simulaciones realizadas por el ODSA muestran que, si se descuentan del ingreso de los hogares la AUH, otros programas de transferencias y las pensiones no contributivas, la indigencia prácticamente se duplica.

En el escenario actual, la institución estima que, sin esas transferencias, la indigencia se ubicaría aproximadamente entre 14% y 15%.

Es decir que, aun cuando la capacidad de protección de esas políticas perdió intensidad durante 2025 y 2026, siguen teniendo un efecto considerable sobre los hogares más vulnerables.

Por eso, la UCA plantea un desafío doble.

Por un lado, preservar y mejorar la eficacia de las transferencias dirigidas a los sectores más vulnerables.

Por otro, avanzar sobre las causas que reproducen la pobreza: informalidad laboral, bajos salarios, productividad insuficiente, déficits educativos y de formación, precariedad habitacional y desigual acceso a servicios básicos.

La advertencia final del Observatorio apunta justamente allí.

Sin una transformación de esas condiciones, la economía puede alternar fases de mejora y deterioro, pero tendrá dificultades para perforar de manera sostenible el núcleo de pobreza crónica que afecta a cerca de un tercio de la población.