El viceministro de Economía, José Luis Daza, anticipó que de aquí a la elección, el Banco Central comprará u$s 10.000 millones adicionales de reservas.
Con ello, le restó valor a la posibilidad de que se repita un escenario de volatilidad como el visto durante las elecciones del año pasado.
“Este año habíamos acordado comprar u$s 10.000 millones de reservas. Ya vamos por más de u$s 13.000 millones. De acá a la elección vamos a comprar u$s 10.000 millones más. Vamos a llegar a las elecciones con u$s 20.000 millones de reservas nuestras”, dijo el segundo de Luis Caputo en Experiencia IDEA Rosario.
El funcionario buscó con esto explicar por qué el año próximo se evitará una dolarización equivalente a la mitad de la base monetaria, como se experimentó el año pasado: “Vamos a llegar con superávit fiscal, superávit de cuenta corriente más alto, creemos que con la inflación bajando y la economía creciendo”.
“La macro está donde queremos. Sabemos dónde está lo que tenemos que mejorar”, agregó el viceministro, quien reforzó que las crisis no las generan las elecciones, sino los desequilibrios macroeconómicos que, confía, no se verán en el próximo comicio.
Con esto buscó marcar la diferencia respecto de la elección pasada, y explicó cómo se gestaron las asistencias del año pasado, primero con el crédito del FMI por u$s 20.000 millones y luego con el swap con Estados Unidos.
“Cuando llego, me dice que la elección va a ser compleja, con mucha turbulencia. Le dijimos al presidente que era mejor avanzar en un esquema de mayor flexibilidad (cambiaria) y con u$s 20.000 millones del Fondo, y que creíamos que podíamos trabajar con Estados Unidos”, relató Daza, quien agregó que el orden fiscal fue fundamental para que se concretaran esos apoyos.
“Si no hubiéramos hecho el ajuste, ni hubiéramos tenido la validación del FMI ni del Tesoro estadounidense para el momento duro, esto no hubiera funcionado”, describió Daza.
Fue en este sentido que también diferencia el programa económico ejecutado por Milei respecto del de la presidencia de Mauricio Macri. Así, contó que la ex vicedirectora gerente del FMI, Gita Gopinath, lo llamó cuando se supo que asumiría el cargo de viceministro para conocer el programa económico.
“Ella me dice ‘esta película ya la vimos’, y yo le dije que esto no lo ha visto. En los hechos concretos, de política económica y financiera, esto es lo opuesto a Macri. Él no hizo un ajuste fiscal y emitió muchísima deuda. Acá se hizo el ajuste desde el día uno y no se emitió deuda. Es lo opuesto”, relató Daza sobre su conversación con la exfuncionaria del Fondo.
Respecto de cómo se encara el año próximo, anticipó que el programa económico de estabilización dejó de ser uno enfocado en evitar la explosión y se convirtió en uno enfocado en el crecimiento sostenido.
El Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) juega un rol central en las expectativas a futuro del funcionario, que explicó que ve un potencial mayor hacia adelante.
“En el RIGI se presentaron u$s 150.000 millones de solicitudes de inversión. Hemos aprobado u$s 50.000 millones. ¿Cuánto de eso se materializó? u$s 4500 millones, el 3%. Es decir que el 97% está por delante", ilustró.
Su expectativa de crecimiento para el año próximo ronda el 4%, aunque confía en que puede ser superior. Esa expectativa se sustenta en que Argentina ha quedado muy atrasada en términos salariales y de inversión respecto de la evolución que tuvo la región en los últimos 30 años.
“Si solo dejamos de hacer las locuras de los últimos 30 años, vamos a crecer al 4,5%, pero tenemos más”, dijo en referencia a las potencialidades del país, sobre todo en materia de recursos naturales y de capital humano.
Las reformas estructurales hacia adelante estuvieron sobre la mesa y el viceministro buscó ilustrar cómo los problemas de la economía se venían reflejando en la informalidad que esta misma tiene, para la cual marcó virtudes y problemas.
“El 45% de la población trabaja en la informalidad. Hay una economía paralela. Por una parte, ha sido una salvación. Enfrentar un ajuste sin un sector informal dinámico que ha podido absorber el empleo” en otros lados derivó en saltos de la tasa de desempleo, planteó al graficar la informalidad como una válvula de escape que captó la pérdida de empleo formal en un ámbito que sí demandaba empleo, en parte por la presión impositiva del trabajo formal.
Sin embargo, agregó que hace algunos aspectos más difíciles, porque refuerza la presión impositiva sobre el sistema formal. “Tenemos el desafío de atacar los costos que llevan a la informalidad”, planteó.
Uno de los aspectos en ese sentido es la reconstrucción de la confianza en la legitimidad del Estado, aseguró: “La gente está más dispuesta a arriesgarse a que le robe un motochorro antes que poner la plata en banco. Le tiene más miedo al Estado argentina a que se lo roben”.
En ese proceso de reconstrucción de confianza, destacó el hecho de que no se haya reestructurado la deuda no bien asumió el Gobierno de Milei: “Había deuda por u$s 80.000 millones, de la cual gran parte vencía en un día. Fue una hazaña no haber reestructurado”.












