En Washington, el ministro de Economía Luis Caputo fue a dar certezas. Y, en parte, lo logró. Frente a inversores globales reunidos por JP Morgan en el Park Hyatt, el ministro ordenó el relato: equilibrio fiscal, financiamiento en camino y un programa económico que —según prometió— no se va a desviar. Todo con el aval del FMI. Pero la duda más relevante para quienes participaron del buffet seguido de charla no gira sobre lo que se dijo, sino en lo que quedó flotando.
El frente financiero la incógnita era cómo cerraría el Gobierno el gap con los vencimientos de deuda, y ese frente empezó a despejarse con el anuncio del apoyo del Banco Mundial y el BID, basado en garantías para atraer capital privado.
Ese capítulo, al menos por ahora, parece encaminado. El problema es otro, uno al que el Gobierno responde planteando que la economía argentina será heterogénea.
La economía real empieza a mostrar una fractura cada vez más visible. De un lado, el bloque dinámico: agro, energía, minería. Sectores que crecen, invierten y prometen dólares. Del otro, la industria y el comercio, golpeados por la apertura de importaciones en el primer caso y de la caída del consumo para ambos, con niveles de utilización de capacidad instalada que en algunos casos no superan el 40% o 45%, como metalúrgicos o textiles.

El desempleo aumentó un punto el año pasado, hasta el 7,5%. ¿Quién absorbe esa mano de obra?
En el Atlantic Council, Caputo insistió: “nuestro objetivo es bajar el costo argentino” y vinculó el crecimiento a un combo de estabilidad macro, formalización e inversión. La infraestructura aparece como una de las grandes apuestas: “en dos años más la logística en la Argentina va a ser totalmente diferente”, aseguró, al prometer 12.000 kilómetros adicionales de rutas y conectividad.
El diagnóstico se completa con una convicción política: “no nos vamos a mover un centímetro de este camino”. La estrategia es clara: competitividad vía baja de impuestos, desregulación y mejoras logísticas, no mediante devaluaciones.
Desde el Banco Central, Santiago Bausili reforzó la idea de consistencia. La prioridad es sostener una política fiscal y monetaria estricta -con cierto aire para la producción- hasta converger con estándares internacionales. “Credibilidad es la herramienta esencial”, resumió.
El esquema descansa sobre la premisa de que el orden macro, por sí solo, va a terminar ordenando el resto. Y ahí es donde quienes escucharon a Caputo y vieron la presentación de José Luis Daza plantean dudas.

Hay sectores ganadores y perdedores. Y no está claro que el rebalanceo ocurra en tiempos ni con las necesidades compatibles con la dinámica social. “¿Cómo va a ser el plan de reconversión?”, inquirió el representante de un banco internacional tras la presentación sobre los cambios productivos y laborales.
La transición se apoya en servicios que absorben empleo de manera parcial y, muchas veces, precaria. La llamada “uberización” de la economía funciona como amortiguador, pero difícilmente reemplace el rol que históricamente tuvo la industria en la generación de trabajo masivo. Y hay momentos donde hay tanta oferta en Uber, que los precios bajan hasta acercarse a competir con el transporte público que cada vez recompone más tarifas, lo que plantea inquietudes sobre la rentabilidad de esa opción.
Los inversores apoyan el modelo desde lo conceptual: superávit fiscal, la apertura y la desregulación. Pero la pregunta que empieza a filtrarse en las conversaciones es otra: no si el programa es consistente, sino si es políticamente sostenible. En otras palabras, si hay Milei para rato.
El Presidente todavía conserva un capital político relevante. Pero el mercado empieza a mirar el siguiente riesgo: el social, de la mano de baja de consumo, ingresos y empleo.
El año que viene habrá elecciones y los hombres y mujeres de negocios conocen el calendario y la volatilidad argentina. También leen que hay denuncias que siembran dudas, como el caso de los viajes y propiedades del jefe de gabinete Manuel Adorni.
El financiamiento suma, pero resta ver si impacta en actividad, empleo y respaldo político.
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