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Algo se quebró en el Senado antes de que terminara de amanecer el viernes con el desenlace de Propiedad Privada. No fue solamente una ley. Tampoco un capítulo, ni dos. En la Casa Rosada y en los grupos de WhatsApp donde funcionarios de distinto rango ensayan diagnósticos sin demasiados filtros apareció una definición más incómoda: el gobierno de Javier Milei había perdido la única pelea que no estaba dispuesto a entregar, la batalla cultural.

La Ley de Propiedad Privada llegó a la madrugada desguazada, con los capítulos de Tierras y Manejo del Fuego fuera del texto y una colección de concesiones que terminaron por borrar buena parte del espíritu original. La primera reacción fue mirar los votos. La segunda, bastante más áspera, fue preguntarse por qué se había llegado a ese punto.

“Hasta el Mundial teníamos los votos”, deslizó un interlocutor con acceso al núcleo duro del oficialismo. La lectura coincidía, en parte, con la que Patricia Bullrich hizo pública después del traspié. Pero la fuente agregó una queja que circuló con insistencia puertas adentro: “De haberla votado en su momento la hubiéramos aprobado. Pero entonces se priorizó defender a Adorni”.

La afirmación tiene toda la fragilidad de los contrafácticos. Nadie puede probar qué hubiera ocurrido semanas atrás. Y, en verdad, los problemas ya estaban ahí desde el inicio. Los gobernadores exigían cambios desde mucho antes del Mundial y Federico Sturzenegger se resistía a concederlos en el capítulo más sensible, el de la extranjerización de tierras. Tampoco era el único punto conflictivo.

La ley llegó al Senado con resistencias sobre Manejo del Fuego y en puntos como el registro de barrios populares que ninguna provincia quería asumir sin recursos. Una tras otra se acumularon tachaduras hasta llegar a las 17 modificaciones sobre la versión original.

Bullrich la definió como una “ley endiablada”. El viernes, después del golpe, subió uno de sus videos habituales a X con Canaro en París de fondo, el título “La Rosca” y una frase que no parecía pensada solamente para la tribuna: “El tango no se baila solo”. Fue un mensaje interno, explican. ¿A quién?

Algunos en el oficialismo apuntaron directamente contra ella por haber “alambrado” el Senado y prometido votos que, llegado el momento, no estaban. En el entorno de la exministra lo niegan. Aseguran que en las horas previas no había dado nada por seguro, ni hacia afuera ni en las conversaciones privadas. La discusión sobre responsabilidades ya había empezado antes de que terminara la sesión.

Tampoco ayudó demasiado el fuego amigo. Joaquín Benegas Lynch, más preocupado por defenderse de las acusaciones que recibía por sus emprendimientos inmobiliarios de intermediación con inversores extranjeros interesados en tierras argentinas, terminó acusando de “tibios” a varios aliados. Bullrich lo escuchó desde su banca y se acercó a exigirle que se disculpara en privado. Los votos no sobraban y el final de la noche lo probó.

La escena que mejor anticipó el desenlace, sin embargo, había sucedido lejos de los micrófonos. Dos senadores peronistas compartieron un ascensor mientras sonaba la chicharra que llamaba al recinto. Uno de ellos ya había acompañado al Gobierno en votaciones anteriores.

“¿Qué pronóstico tienen para hoy?”, preguntó el otro, sin mostrar sus cartas. El poroteo interno del interbloque opositor, trabajado por Wado de Pedro y Juliana Di Tullio, indicaba que el capítulo de Manejo del Fuego pendía de un solo voto. “Se cae”, auguraban dentro del peronismo.

El dialoguista amagó: “No sé qué voy a hacer”. Había demasiados oídos alrededor. Pero cuando dejaron atrás el ascensor y pudieron hablar con algo más de discreción terminó admitiendo que tampoco acompañaría ese capítulo. La reunión que Bullrich había mantenido con los aliados, en la que se resolvió retirar el apartado de Tierras, había dejado la puerta abierta a más exigencias. Ahí empezó a desarmarse todo.

El voto de aquel senador fue uno de los que desaparecieron de las cuentas libertarias entre el Mundial y la madrugada de la sesión. Horas después, Manejo del Fuego siguió el mismo camino que Tierras. La ley endiablada terminó cediendo precisamente en los puntos que más había defendido su autor intelectual.

Sesi—n ordinaria del Senado de la Naci—n, el 6 de Agosto del 2026, en Buenos Aires; Argentina.-
Foto:  Mario Mosca / Comunicaci—n Institucional Senado.-
Sesi—n ordinaria del Senado de la Naci—n, el 6 de Agosto del 2026, en Buenos Aires; Argentina.- Foto: Mario Mosca / Comunicaci—n Institucional Senado.-Mario Mosca / Comunicaci—n Institucional Senado.-

El futuro de la Mesa Política luego de Propiedad Privada: qué piensan en el Gobierno

En el núcleo más político de la Casa Rosada la autocrítica empezó a enfocarse entonces en una cuestión previa: Propiedad Privada nunca había tenido un aval pleno de la Mesa Política. Esa, sostienen varios de sus integrantes, fue la primera causa del naufragio. La pregunta lógica fue por qué avanzó igual. Y ahí la respuesta converge en Sturzenegger y en su relación directa con Milei.

Nadie discute el lugar que el ministro ocupa en la arquitectura ideológica del Gobierno. Pero, a partir de esta derrota, algunos empezaron a discutir el método. “Hacia adelante habrá que revisar el funcionamiento de la Mesa y que cada quien cumpla su rol. Seleccionar los proyectos, ordenarlos y dar una batalla a la vez”, resume una de las voces que participa de esas conversaciones.

La crítica es menos ideológica que operativa. El Gobierno llegó a una votación sensible con una ley que acumulaba resistencias provinciales, capítulos difíciles de defender y una estrategia política que nunca terminó de alinearse del todo con la comunicacional. Y ahí apareció el segundo problema.

Mientras La Libertad Avanza discutía votos, el peronismo discutía símbolos. La oposición entendió que el capítulo de Tierras podía convertirse en algo más que una discusión regulatoria. Lo transformó en soberanía. “La patria no se vende ni se quema” fue la consigna. Simple, eficaz, difícil de contestar en el clima fértil para el nacionalismo que había dejado el Mundial.

El cruce con Inglaterra y la bandera de Malvinas hicieron el resto. Cada senador de Unión por la Patria -por iniciativa del santafesino Marcelo Lewandowski- llevó en la solapa una miniatura de aquella bandera de la semifinal en su solapa durante la sesión. El gesto se complementó con la calle, las redes y los influencers. El peronismo consiguió algo que el mileísmo suele considerar propio: tomar una discusión técnica, cargarla de sentido y convertirla en relato.

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Del otro lado hubo silencio. “En el Gobierno faltan voceros. De ocho ministros hay dos que no hablan y el resto no quiere salir a hablar de todo”, se quejaron por lo bajo en LLA. ¿Y Milei? “El Presidente estaba en Ecuador...”, responden desde lo más alto del oficialismo.

La ausencia de la milicia digital vinculada a Santiago Caputo también llamó la atención y nadie dentro del núcleo político parece creer que haya sido casual. En un gobierno que convirtió la disputa cultural en parte central de su identidad, perder una pelea semejante sin darla del todo fue mucho más que un problema parlamentario.

La narrativa cambió de dueño y eso tuvo efectos sobre los gobernadores. Más de uno reculó ante la idea de quedar expuesto en su provincia como un dirigente dispuesto a entregar tierras a extranjeros o habilitar cambios que pudieran ser presentados como una concesión sobre recursos estratégicos. El costo político de acompañar al Gobierno se volvió más alto a medida que la consigna opositora ganaba fuerza.

También empezó a circular la versión de una intervención de Sergio Massa, con llegada a algunos de esos mandatarios. El tuit de Di Tullio terminó de alimentar la imaginación política: “El pueblo argentino logró lo impoSible: que este gobierno enTreguista tenga que bajar dos capítulos claves del proyecto de inviolabilidad”. Las mayúsculas dejaban armadas su inicial, STM.

En el entorno de la senadora se ríen de la teoría. Dicen que estaba tuiteando con sueño. En el Senado, nadie parece demasiado dispuesto a creer en casualidades.

El nuevo mapa de la economía, la “bomba” del Conurbano y la tesis de la relocalización industrial

El jefe de gabinete, Diego Santilli, empezó a reparar daños al día siguiente del Senado. Levantó el teléfono y habló con los gobernadores. La lectura oficial es que los votos perdidos fueron circunstanciales y que los acuerdos podrán recomponerse. “Tenemos revancha”, repiten en el Gobierno.

La lista que viene es larga: Súper RIGI, reforma del Banco Central, cambios a Inocencia Fiscal, Presupuesto 2027 y, al final del año, la reforma electoral. Bullrich ya dejó una condición sobre la mesa: basta de leyes ómnibus. No es la primera vez que lo dice. Esta vez encontró más oídos.

La Casa Rosada necesita, además, que esa recomposición política ocurra rápido porque el frente económico empieza a mostrar grietas que ya no se explican solo por indicadores nacionales. Algunos gobernadores y sectores industriales describen que la Argentina de dos velocidades -energía, minería, agro y servicios financieros frente al resto de las, actividades que no terminan de despegar- ya están dibujando dos geografías muy nítidas. La Cordillera aparece asociada al crecimiento. Buenos Aires, al freno.

En el Conurbano cayó una bomba”, describe un empresario con conocimiento transversal de distintos sectores bonaerenses. Habla de canteras paradas en Olavarría, del impacto de los autos chinos sobre el Cordón Norte y de un malestar industrial que se agravó después de que Luis Caputo calificara de “tarados” a ciertos empresarios. “En este país creer e invertir parece ser cosa de tarados”, responde la misma fuente, todavía molesta.

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El diagnóstico que circula en esos sectores es preliminar, pero inquietante: una o dos empresas medianas, de alrededor de cien trabajadores, caen por mes desde junio. La preocupación no está solo en el goteo. Quieren saber si detrás empieza a tomar forma algo más profundo: una pérdida de capacidades industriales en la provincia de Buenos Aires y una relocalización parcial hacia nuevos polos, con Neuquén como ejemplo recurrente.

La construcción es la imagen más clara que utilizan para explicar el fenómeno: apagada en parte de Buenos Aires, en pleno movimiento sobre la Cordillera. A falta que los sectores pujantes logren traccionar a la distancia, ya hay quienes piensan en cerrar y reabrir en esas coordenadas.

Nadie entre esos interlocutores se anima a decir que exista una estrategia deliberada del Gobierno para debilitar la base económica de la Provincia que concentra buena parte del poder histórico del peronismo. “Demasiado sofisticado”, admiten. Pero también reconocen que, buscado o no, el resultado puede terminar siendo funcional al oficialismo.

Las economías que hoy crecen son, además, aquellas donde Milei y La Libertad Avanza encuentran niveles de rechazo menos intensos que en el AMBA. Y ahí la economía vuelve a cruzarse con la campaña.

En la Casa Rosada tienen previsto seguir explotando el vínculo directo del Presidente con las provincias que consideran claves para la reelección. Preparan entrevistas, columnas de opinión y apariciones en medios locales de peso, con especial atención a distritos como Córdoba. Al mismo tiempo, equipos libertarios ya trabajan en algunos territorios para potenciar figuras nuevas de cara a 2027.

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Pero nadie se engaña: el desafío central sigue siendo Buenos Aires. Por eso, además de una nueva ronda de reuniones con referentes provinciales en la Casa Rosada, La Libertad Avanza prepara la inauguración de su sede bonaerense. El detalle es casi una ironía. No estará en La Plata. Ni en Mar del Plata. Ni en ningún otro punto de la Provincia. Estará en la Ciudad de Buenos Aires con el titular de LLA PBA, Sebastián Pareja, al frente del espacio.

Hay dos razones, argumentan. Una es logística: por la Capital circulan todos los días seis millones de personas y cuatro cruzan desde el Conurbano. Desde allí, sostienen, se puede acceder a dirigentes y electores bonaerenses sin instalar el centro operativo en un territorio controlado por el principal rival, Axel Kicillof.

La otra explicación es menos técnica y bastante más sincera. “Viste cómo reza el dicho: Dios está en todas partes, pero atiende en la Ciudad de Buenos Aires”.