En año y medio, elecciones

Inflación y devaluación: cuáles son los escenarios para Alberto Fernández en 2023

El Presidente enfrenta una feroz interna y un panorama nada fácil con el alza virulenta del costo de vida y una obligada flotación del tipo de cambio. El movimiento de estas variables condicionó a otros jefes de Estado a esta altura de sus mandatos y sus perspectivas electorales.

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Tic tac, tic tac. El calendario, además del reloj, avanza de forma inexorable para el gobierno de Alberto Fernández. De los 48 meses de mandato, ya se consumieron 28. Falta un año y medio para que se realicen nuevas elecciones y el futuro es incierto, producto de una combinación entre alta inflación y aumento de la actividad económica pero con una creciente conflictividad dentro de la coalición gobernante, a partir de una baja nota en materia de redistribución del ingreso.

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"Que te pongan la banda y te den el bastón no significa que tengas el poder", lanzó el miércoles Cristina Kirchner, y sumó así un nuevo capítulo a la interna del Frente de Todos. La estrategia ideada por la vicepresidenta en mayo de 2019 atraviesa su peor momento: la falta de rumbo político económico es denunciada dentro del propio oficialismo.

A esto se suman rumores sobre cambios en el gabinete, que van desde una eventual salida de Martín Guzmán -negada enfáticamente por Santiago Cafiero, canciller y mano derecha de Fernández- hasta un regreso de Agustín Rossi, quien parece haber tratado de revitalizar el albertismo.

El Presidente, mientras tanto, se dedicó la semana pasada a su reciente paternidad. Y vuelve a mostrar una faceta que ya había exhibido varias veces: Alberto posterga decisiones. En su búsqueda de componer y consensuar, trata de llegar a soluciones que satisfagan a todos, aunque muchas veces no sea posible. La  procrastinación de Estado ya es una marca de gestión, y tiene consecuencias sobre varios de los temas que requieren una solución más compleja, como la política energética o la inflación.

En este contexto, esta semana se conoció el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de marzo, que tuvo una suba mensual del 6,7%. En el primer trimestre del año, la inflación alcanzó el 16,1%, y acumula un 55,1% en los últimos doce meses. Guzmán prometió que sería la más alta del año, ya que tuvo el impacto de cuestiones coyunturales como la invasión rusa a Ucrania

Está claro que, si no cediera la inflación, y si se repitiera ese 6,7% mensual durante doce meses, se llegaría al 117,7% interanual, algo que no está en las previsiones de ningún economista. Pero la aceleración de los precios aprieta como nunca al Ejecutivo. 

Más aún, el Banco Central mantiene el ritmo de la devaluación del peso versus el dólar, y culminó la semana pasada consolidando la velocidad en que se mueve el tipo de cambio, superando los registros de semanas anteriores y desanclando el inmovilismo mostrado en 2021. El acuerdo con el FMI fijó el compromiso de no atrasar el tipo de cambio, y ello también pondrá en aprietos a la política electoralista.

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ALARMANTES Antecedentes

Esta aceleración de los precios conspira contra el futuro del Frente de Todos. Vale la comparación histórica para ver en qué situación se encontraban los anteriores presidentes en este momento de sus mandatos.

  • En abril de 2018, durante la gestión de Mauricio Macri, la inflación había sido del 2,3% mensual y 25,4% anual. Pero se vivía un escenario de devaluación: el dólar pasó de $ 20,20 el 12 de marzo a $ 28,35 el 15 de junio, según datos del Banco Central. La devaluación tuvo su impacto en la aceleración de los precios y debilitó a Cambiemos, que perdió las elecciones al año siguiente.
  • En abril de 2014, durante el segundo mandato de Cristina Kirchner, la inflación había sido del 2,6% mensual y 19,2% anual, aunque eran épocas de intervención del Indec. Unos meses antes también se había vivido una devaluación: durante el verano, en tres semanas el dólar oficial pasó de $ 6,50 a $ 8.
  • Cuatro años antes, en abril de 2010, la inflación del Indec marcaba el 9,7% anual, aunque no tenía demasiado valor ese registro y las mediciones privadas indicaban que era más del doble. A pesar de la inflación, el dólar se mantuvo estable alrededor de $ 3,90. Luego de haber perdido las legislativas en 2009, el Frente para la Victoria logró el triunfo en 2011.
  • En abril de 2006, durante la presidencia de Néstor Kirchner, la inflación era del 1,2% mensual y del 11,1% anual, números que parecen muy lejanos para nuestros días. El dólar se ubicaba planchado en $ 3,05. Sin turbulencias cambiarias ni altos saltos inflacionarios, al año siguiente, el kirchnerismo se impuso con claridad en las elecciones.
  • Veinte años atrás, la inflación golpeaba fuerte en la suerte del gobierno interino surgido de la crisis social de 2001. En mayo de 2022, se informó un crecimiento del costo de vida del 10,4% mensual, luego de la salida de la convertibilidad. A fin de año, la inflación superaría el 40%, mientras en el frente cambiario el dólar tocaría el techo de $ 3,90 en junio, para luego bajar. A mitad de ese año, Eduardo Duhalde anunció que adelantaría las elecciones a marzo de 2003 y que entregaría antes el poder.

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LOS Escenarios ALBERTISTAS

El de Duhalde fue el último caso de una presidencia interrumpida en la Argentina y el cuarto desde el retorno de la democracia -los otros fueron Raúl Alfonsín, Fernando De la Rúa y Adolfo Rodríguez Saá

Ante el actual contexto, con un fuego amigo que continúa en escalada, hay sectores que buscan sembrar dudas sobre la capacidad de Fernández de llegar al 10 de diciembre de 2023 con la banda presidencial puesta.

La posibilidad de que se dé ese escenario -no deseado- se explica en la base de sustentación de poder presidencial: si continúa su enfrentamiento con el ala dura del kirchnerismo, no tendrá demasiados lugares a los que acudir

Fernández intentó acercarse a los gobernadores con la llegada de Juan Manzur al gabinete, pero no ganó demasiado aire la gestión. ¿La oposición? De algún modo colaboró en marzo cuando favoreció el acuerdo con el FMI, pero no se inmolará con tal de preservar la estadía de Fernández en Olivos.

El abanico de escenarios posibles trae más opciones. Para apaciguar el frente interno -y externo- Fernández podría enfocar sus balas en mejorar la situación económica y prometer, a nivel político, que no buscará la reelección el año que viene. Aunque, al no haber demasiados nombres propios del Frente de Todos con intenciones declaradas de ir por la presidencia, esto no necesariamente calme las aguas.

Otra alternativa, si la actividad continúa en alza y la inflación da respiro, es que Fernández se presente nuevamente a elecciones, ya sea en el limbo actual de su relación con la vicepresidenta o con algún tipo de decantación del conflicto.

En ese caso, tendrá la posibilidad de ganar las elecciones y tener otros 48 meses de mandato. Si fracasa su proyecto electoral, podría igualar el triste récord de Mauricio Macri. Desde el retorno de las democracias en la región en la década de 1980, Macri fue el único mandatario en funciones de Sudamérica que se presentó a la reelección y perdió.

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